[dropcap]L[/dropcap]a presunción generalizada de la población dominicana, y más específicamente de la oposición política partidaria, era de que los gobiernos, sin distinción de color, expandían el gasto público en los años en donde se celebraban elecciones (congresuales, municipales y/o presidenciales) en República Dominicana.
Esta preocupación, válida en su esencia, llegó a ser tan fuerte que se convirtió casi en un mito, y cada elección que ganaba un partido político tenía el sello indeleble del “uso de los recursos del Estado” como elemento explicativo del triunfo.
Más aún, se entendía que los procesos de reformas fiscales, con posterioridad a la celebración de las elecciones presidenciales, eran casi obligatorios por el déficit público que la expansión indiscriminada del gasto generaba.
Pero para sorpresa de muchos, sin embargo, esto no pasó de ser un mito y una preconcepción nacida de la desconfianza que comúnmente se le tiene a los políticos, frente a las distintas maniobras que están acostumbrados a realizar para inducir el voto a favor de un candidato, sobre todo si es del partido de Gobierno, o para procurar una reelección presidencial.
Este mito fue develado esta semana por el economista Pavel Isa, profesor de Intec, quien, en una brillante exposición realizada en el marco del primer Foro de Negocios organizado por el Decanato del Área de Negocios de esa universidad, demostró que de los últimos seis años en donde se habían celebrado elecciones (1991-2015), solo en dos de ellos, 2008 y 2012, el gasto público se había expandido de manera preocupante, tanto previo a los procesos electorales como posterior a estos.
Basado en la Teoría del Desguañangue, Pavel estableció la hipótesis de que bajo un contexto de debilidad institucional, existen fuertes incentivos a expandir el gasto –corriente y de capital- para procurar ganancias electorales. Cuando se analizaron los datos, sin embargo, se observó que el cambio interanual en el gasto público total, como porcentaje del producto interno bruto, fue de apenas 0.4% en el período analizado, aunque se desborda durante el 2008 (2.4%) y en el 2012 (3.5%).
Se evidencia, pues, que la presunción de la población no coincide con la realidad de las estadísticas presentadas, y que la formación del mito alrededor del incremento indiscriminado del gasto público total en períodos electorales, se produce más bien como resultado de la debilidad institucional, falta de transparencia, pobre rendición de cuentas, y de la permanencia de la mayoría de los problemas que aquejan a los dominicanos.











