Conocido históricamente como “el granero del Sur”, San Juan ha sido durante décadas una de las principales zonas agrícolas de República Dominicana. Su valle fértil permite el cultivo de habichuelas, arroz, maíz, maní y otros productos básicos del consumo nacional. Sin embargo, pese a esta capacidad productiva, la provincia enfrenta múltiples desafíos que amenazan su estabilidad agrícola.
Los agricultores de la región, organizados en diversas asociaciones, expresan su preocupación por la situación actual. El campo sanjuanero, según denuncian, atraviesa por un período de abandono en aspectos fundamentales como el mantenimiento de caminos vecinales, canales de riego, drenajes y acceso a financiamiento oportuno.
Agustín Báez, presidente de la Asociación de Productores Agrícolas de San Juan de la Maguana, no escatima palabras al describir la situación. “El campo sanjuanero tiene muchos problemas”, afirma con el semblante de quien ha vivido de cerca las dificultades. Uno de los golpes para la zona ocurrió recientemente, cuando una plaga conocida como “trips”, un diminuto insecto fitófago, arrasó con más del 70% de la siembra de habichuelas, el principal rubro del valle.
La infestación tomó por sorpresa a los agricultores, que no estaban preparados para enfrentar una amenaza fitosanitaria de esa magnitud. Juan Bonilla, director general del Plan San Juan, recuerda que la situación fue crítica. “Causó mucho daño porque hubo que tratarlo con productos diferentes. No fue fácil”, admite. Tras el azote, el Ministerio de Agricultura realizó un levantamiento de daños y cubrió parte de las pérdidas económicas sufridas por los productores. “El ministerio hizo lo correcto en ese sentido”, reconoce Bonilla.

A raíz de la emergencia, se implementó un protocolo de manejo basado en educación y extensión agrícola. Bonilla explica que, gracias a esto, en el último año el efecto del “trips” fue mínimo.
“Muchos productores aplicaron el protocolo y ganaron dinero, otros no lo hicieron y perdieron. Pero ya se sabe cómo manejarlo”. Asegura que este año se mantiene el programa de capacitación. “Desde antes de sembrar hay que cumplir con la veda, para reducir la población de la plaga, y luego aplicar tratamientos puntuales. Si se sigue el protocolo, la cosecha debería ser normal”.
Sin embargo, los retos del campo van más allá del control de plagas. Muchos productores arrastran compromisos financieros desde hace dos o tres años, especialmente aquellos que participan en programas de semillas certificadas del Estado.
Según productores de la zona consultados, la deuda acumulada por parte del Estado a las asociaciones agrícolas supera los RD$102 millones desde hace tres años, incluyendo operativos de preparación de tierra. A esto se suma un monto pendiente de RD$138 millones correspondiente a la siembra de habichuelas del ciclo 2023-2024.
El programa, según explica Báez, consiste en que el Ministerio de Agricultura contrata a productores para sembrar semillas certificadas que luego se distribuyen para la siembra nacional. No obstante, los pagos por esa producción se han retrasado por más de un año.
Esto ha afectado la capacidad de los agricultores para saldar préstamos bancarios y reinvertir en nuevas siembras. “Este año vendimos alrededor de 7,000 quintales de habichuela, una cantidad muy por debajo de lo habitual, que suele superar los 40,000 quintales. Y todavía no sabemos cuándo nos van a pagar. Cuando tú tienes una deuda de más de un año, y el banco te sigue cobrando intereses y mora, ya no vale la pena. Muchos agricultores están desmotivados”, lamenta.
De acuerdo con el director regional suroeste del Ministerio de Agricultura, Juan Mateo, las cifras que se han manejado públicamente sobre una supuesta deuda a productores de habichuelas no se corresponden con la realidad.
“En lo que va de año apenas se han recibido entre 9,000 y 10,000 quintales en el programa de multiplicación de semillas, lo cual, a precios anteriores de alrededor de RD$7,300 por quintal, no alcanza ni siquiera al 40% de la cifra señalada como deuda”, afirmó el funcionario, descartando que existe ese nivel de compromiso financiero por parte del ministerio con los productores.
En cuanto a otras obligaciones, como las de servicios de preparación de tierra o pagos a operadores de tractores, Mateo explicó que esas gestiones se realizan directamente desde Santo Domingo, a través del Departamento de Maquinaria Agrícola del Viceministerio de Producción, y escapan a la administración de la dirección regional. “Esas negociaciones las maneja el ministerio central mediante licitaciones, y se pagan por vía del Banco Agrícola”, precisa.
Asimismo, indica que desde diciembre pasado el ministerio resolvió dejar de contratar servicios de maquinaria agrícola privada y, en su lugar, se implementó un sistema propio con 150 tractores adquiridos por el Estado. De ese total, 16 fueron asignados a la región suroeste, donde actualmente brindan servicios a los productores mediante contratos formales, con un costo de RD$150 por tarea, incluyendo combustible y una proporción para el operador.
Los precios de la habichuela aumentaron, impulsados en parte por la disminución de la oferta local. Báez atribuye esa baja directamente al efecto del “trips”, que afectó a entre 5,000 y 6,000 productores durante el ciclo anterior.
“El trips sorprendió a todo el mundo: productores, técnicos, a todos. Se perdió más del 70% de la siembra del valle. Eso hizo que muchos agricultores se abstuvieran de sembrar nuevamente por miedo a perderlo todo. Yo mismo decidí sembrar confiando en Dios, y me fue bien. Pero se sembró muy poco, alrededor de 40,000 a 50,000 tareas, cuando normalmente se superan las 100,000 tareas”, señalo el dirigente. A pesar del golpe, Báez reconoce el esfuerzo del Departamento de Sanidad Vegetal, que ayudó a los agricultores a identificar formas de controlar la enfermedad.
Gracias a este acompañamiento técnico, se espera que en la próxima cosecha haya una recuperación en la superficie sembrada, ya que algunos productores han comenzado a recuperar la confianza.
No obstante, a los factores sanitarios y financieros se suma otro elemento que complica el panorama: la competencia de las importaciones. “Aquí hay personas que se dedican a importar de todo: gandules, arroz, habichuelas. Eso afecta los precios y desmotiva al productor local. Hay sobreoferta en el mercado, muchas veces con productos importados a menor costo”, alerta Báez.
Las estadísticas respaldan la percepción de los agricultores. De acuerdo con los datos del Ministerio de Agricultura, la región suroeste, que abarca las provincias de San Juan, Azua y Elías Piña, ha perdido protagonismo en términos de superficie sembrada en cultivos esenciales.
En conjunto, la superficie sembrada en siete rubros clave (arroz, maíz, maní, frijoles rojos, negros y blancos, y gandules) pasó de 946,434 tareas en 2019 a 853,949 en 2022, lo que representa una reducción del 9.8%. Entre los cultivos más afectados destaca el gandul, cuya siembra se redujo en más de 18,000 tareas, pasando de 165,231 a 146,758 (-11.2%). Le sigue el frijol negro, con una baja de 33,357 tareas (-26.1%) y el maní, con un descenso del 19.1%.
En el caso del frijol rojo, aunque ha tenido altibajos, la superficie sembrada se mantuvo relativamente estable, con una baja de apenas un 4% entre 2019 y 2022. Sin embargo, comparado con 2021, se observa una leve recuperación.
La siembra de arroz cayó de 144,678 tareas en 2019 a 129,859 en 2022, a pesar de un leve repunte en la producción, lo que sugiere mejoras en rendimiento o cambios tecnológicos en el cultivo. Otro factor que incide negativamente en la producción es la escasez de mano de obra, agravada por las restricciones migratorias.
“Los trabajadores haitianos tienen miedo porque Migración los está recogiendo. Nosotros dependemos mucho de esa mano de obra, y sería útil establecer algún tipo de permiso temporal que les permita trabajar legalmente durante la cosecha”, propone Báez. En el plano financiero, los datos del Banco Agrícola reflejan una disminución en el financiamiento agrícola en San Juan de la Maguana.
En 2023, los préstamos de la demarcación representaron aproximadamente el 4.7% del total nacional, pero en 2024 esa participación cayó a 2.9%, lo que implica una pérdida de peso relativo de casi 1.8 puntos porcentuales.
Entre 2023 y 2024, la cantidad de préstamos formalizados se redujo en un 36%, pasando de 1,694 beneficiados a 1,083. El monto desembolsado también cayó de RD$1,599.8 millones en 2023 a RD$809 millones en 2024, mientras que las tareas financiadas descendieron ligeramente de 42,451 a 41,876.
Acceso al agua
El acceso al agua para riego es otro de los factores que limita la productividad. San Juan, al igual que gran parte del sur del país, enfrenta un clima predominantemente seco y una alta dependencia de la presa de Sabaneta como única fuente de abastecimiento hídrico para la agricultura.
El gerente de la Junta de Regantes del Valle de San Juan, Roberto Villegas, explica que actualmente se está recuperando el volumen de agua gracias a las recientes lluvias, pero que la sequía de principios de año obligó a tomar medidas drásticas. “Implementamos una resolución desde enero que prohibía las nuevas siembras por la seca que había. Ahora la situación ha ido mejorando, pero seguimos almacenando agua para garantizar el consumo humano y las futuras siembras”, indica.
La sequía no solo retrasó la planificación de nuevas siembras, también generó pérdidas importantes. “Se perdieron entre 10,000 y 12,000 tareas de maíz. Fue significativo, aunque muchos productores hicieron conciencia y se abstuvieron de sembrar”, explica. Por esa razón, a principios de año se prohibieron cultivos de ciclo corto y largo, especialmente los que requieren mucha agua como el arroz y el maíz.
Villegas informó que la presa actualmente almacena unos 633 metros cúbicos de agua. Sin embargo, esto aún no es suficiente para reactivar por completo la actividad agrícola. “No podemos abrir nuevas siembras hasta dentro de dos o tres semanas, si las lluvias continúan”, señala.
El representante de los regantes también consideró que la solución a largo plazo para el valle de San Juan pasa por la tecnificación del riego. “Si el agua se distribuyera a través de sistemas tecnificados, habría un mayor aprovechamiento, ahorro y eficiencia. El clima es cambiante y ya no depende de nosotros; por eso es fundamental adaptarnos”, subraya Villegas.
Aunque han hecho observaciones a las autoridades y planteado la necesidad de construir reservorios u otras alternativas, Villegas reconoce que se trata de un tema de inversión pública. “Solo el Gobierno puede evaluar esta situación y ejecutar soluciones, aunque sea paulatinamente. Eso garantizaría el agua para el consumo humano y la producción agrícola”, agregó.
Los problemas de drenaje también afectan a la producción. En el Valle de San Juan hay aproximadamente 70 kilómetros de drenajes, algunos de los cuales tienen más de seis años sin mantenimiento. “Si no hay drenajes, el terreno se satura, se daña, y con el tiempo se deterioran los suelos. El Instituto Nacional de Recursos Hídricos (Indhri) no tiene equipos para resolver eso”, indica Báez.
Pese a que la provincia cuenta con la presa de Sabaneta y un sistema de 21 canales o “laterales”, la demanda agrícola supera con creces la disponibilidad del recurso, sobre todo en épocas secas. Bonilla explica que “entre el arroz y las habichuelas, se consume toda el agua disponible, y no queda para otros cultivos”.
Para mitigar el problema, el Plan San Juan ha perforado más de 100 pozos tubulares que abastecen a pequeños agricultores y comunidades sin acueducto. Además, se trabaja en la construcción de reservorios en cada uno de los laterales, con capacidad para almacenar 50,000 metros cúbicos de agua, que serán llenados durante la noche y usados de día.
A largo plazo, el proyecto contempla la construcción de una nueva presa sobre el río Joca, en la divisoria entre San Juan y Elías Piña. “Los estudios y el presupuesto ya están listos para someterse. Mientras tanto, seguimos con soluciones parciales”, dice Bonilla.
Cambio en la tradición productiva
San Juan tiene condiciones climatológicas favorables para diversificar su producción. El Plan San Juan ha promovido una estrategia de diversificación agrícola. El primer paso fue un levantamiento técnico para identificar los cultivos con mejor potencial según suelo, clima, pendiente, y disponibilidad hídrica.
“El valle de San Juan tiene condiciones iguales o mejores que las zonas más productivas del mundo”, afirma Bonilla, citando el caso del tabaco. También destaca el aguacate, cuya producción alcanza las 60,000 tareas sembradas, y que ya está siendo trabajado con fines de exportación.
“En una plantación bien manejada, el 70% de la cosecha es exportable y el 30% queda para el mercado local”, indicó. Otros cultivos estratégicos son la papa (con contratos con Frito Lay) y la uva de mesa. Sobre este último rubro, Bonilla revela que ya se inició un programa para financiar una hectárea por productor, con un rendimiento estimado en RD$2.5 millones anuales, suficiente para sostener una familia con apenas 15 tareas cultivadas.













