El Presupuesto del Estado se ha vuelto más insostenible con los años. No parece que habrá mejoría en el corto plazo. El panorama fiscal dominicano presenta una realidad preocupante: el creciente gasto destinado al pago de intereses de la deuda pública y las obligaciones del tesoro.
Con el tiempo, esta carga financiera se torna más pesada, comprometiendo la sostenibilidad de las finanzas públicas y dejando menos recursos disponibles para sectores esenciales como la educación.
Hoy, los intereses de la deuda superan el 4% del producto interno bruto (PIB) destinado a la educación. Este dato, lejos de ser anecdótico, debería encender las alarmas de todos los sectores, tanto públicos como privados.
¿Cómo es posible que la inversión en la formación de futuras generaciones quede relegada frente a compromisos financieros que, de no atenderse con urgencia, se vuelven insostenibles? Definir prioridades también debe ser una decisión de Estado.
Uno de los aspectos más preocupantes de esta situación es la ausencia de una reforma fiscal. ¿Qué ha pasado que los sectores no se ponen de acuerdo?
En los últimos 30 años, todos los gobiernos han impulsado cambios estructurales en materia tributaria, excepto el actual, a pesar de la evidente necesidad expresada por diversos sectores.
La falta de una reforma que fortalezca los ingresos gubernamentales provoca una dependencia excesiva del financiamiento (interno y externo), perpetuando el problema y limitando la capacidad del Estado para atender las necesidades de la población.
La solución no pasa únicamente por recortes o ajustes presupuestarios, sino por una estrategia clara de generación de ingresos, que permita al Gobierno disminuir su dependencia del endeudamiento.
Se requiere un diálogo profundo entre todos los sectores para diseñar una reforma fiscal que garantice estabilidad y equidad, evitando que las futuras generaciones hereden una estructura financiera debilitada.
Es momento de reflexionar seriamente sobre el rumbo de las finanzas públicas. La educación, clave para el desarrollo nacional, no debe ser sacrificada en aras del pago de intereses de la deuda.
Se hace urgente que el Gobierno y la sociedad trabajen juntos para redefinir prioridades y garantizar que los recursos se gestionen con eficiencia y responsabilidad.






