Por más de tres décadas, la Asociación Esperanza Internacional ha sido una de las organizaciones más influyentes en la lucha contra la pobreza y la inclusión financiera en República Dominicana.
Fundada en 1995 por el ahora ex beisbolista estadounidense Dave Valle, la organización no gubernamental (ONG) ha logrado transformar las vidas de miles de personas, particularmente mujeres, a través de su enfoque cristocéntrico que va más allá del aspecto material y toca el alma y el espíritu de quienes más lo necesitan.
La actual directora ejecutiva de la organización en el país, Merari Muñoz, ha sido parte del crecimiento de Esperanza durante los últimos 12 años. Ingresó en 2013 como gerente de Gestión Humana y, tras varios años de dedicación, asumió el liderazgo de la organización en 2022. En una entrevista con elDinero Mujer, Muñoz compartió cómo la misión de Esperanza sigue siendo tan relevante hoy como cuando comenzó: “Liberar a las familias de la pobreza y compartir la esperanza de Cristo”.
De acuerdo con Muñoz, la filosofía de la organización se articula a través de tres “M”: Misión, Método y Motivación. “La misión es clara: erradicar la pobreza, pero no solo a través de recursos materiales, sino también brindando educación, oportunidades y apoyo espiritual. Para lograrlo, Esperanza ha implementado un método integral que abarca no solo la inclusión financiera, sino también la formación en áreas como la salud, la educación y el fortalecimiento del espíritu”, señaló, al agregar que “creemos que la pobreza no es solo falta de dinero, sino también la falta de oportunidades, educación y apoyo”.
Explicó que, desde su origen, la organización ha puesto un énfasis en la mujer, convencida de que empoderarla es la clave para romper el ciclo de pobreza. Esto se debe, en parte, a estudios que muestran que las mujeres suelen destinar un mayor porcentaje de sus ingresos al bienestar de sus hogares y comunidades.
En sus primeros años, Esperanza Internacional operaba con un modelo de banca comunal, inspirado en las metodologías de inclusión financiera de la India y África. Esta estrategia, similar a programas como Dope en República Dominicana, se enfocaba en los grupos comunitarios, proporcionando créditos para que las familias pudieran invertir en proyectos productivos como pequeñas empresas o mejoras en sus hogares.

A lo largo de los años, la organización no solo se ha consolidado como un referente en microfinanzas, sino que ha diversificado su oferta de servicios. Así lo destaca Muñoz, “hoy en día, Esperanza ofrece no solo préstamos productivos, sino también capacitaciones en áreas clave como la educación financiera, salud preventiva y cursos vocacionales”. Un ejemplo de esta innovación es la oferta de estudios gratuitos de prueba de Papanicolaou o citología cervical para mujeres con créditos activos, buscando prevenir el cáncer de cuello uterino, una enfermedad que aún es muy estigmatizada en muchas partes del país.
Resaltó que en la actualidad la organización cuenta con ocho sucursales a lo largo del país, y ha logrado penetrar en comunidades vulnerables, llegando a zonas como Samaná, Puerto Plata, San Pedro de Macorís y La Romana. Cada oficina desarrolla productos financieros adaptados a las necesidades locales, siempre con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas a través de proyectos productivos y la generación de empleo.
La directora da un ejemplo del impacto positivo de la organización es la historia de Bienvenida, una madre soltera que, con el apoyo de Esperanza, pasó de vender dos pollos picados a ser la propietaria de una cafetería, un colmado y una casa de dos pisos en San Pedro de Macorís.
Asimismo, recalcó que, a lo largo de los años, Esperanza ha ido más allá de los límites de la inclusión financiera tradicional. Este enfoque inclusivo ha permitido a miles de personas que antes no tenían acceso a servicios bancarios, tener la oportunidad de crear y sostener negocios, mejorar su hogar o financiar la educación de sus hijos.
Aunque subrayó que la misión de Esperanza sigue evolucionando, su compromiso con las familias más vulnerables no ha cambiado. La organización continúa brindando apoyo a aquellos que más lo necesitan, particularmente a las mujeres y familias en situación de vulnerabilidad.
Futuro de Esperanza
El trabajo de Esperanza Internacional no termina en los números o en la cantidad de préstamos otorgados, sino en el impacto transformador que tiene en las comunidades. “Ver que algo puede cambiar la vida de generaciones es donde el trabajo cobra sentido”, afirmó Muñoz. Hoy, a tres décadas de su fundación, la organización continúa enfocada en crear un legado duradero en el país, llevando la esperanza a las familias y comunidades más necesitadas.
Para la directora, la misión sigue siendo más que una labor profesional. “Es algo que va más allá de lo terrenal, es lo eterno”, dijo. A la vez, enfatizó que su visión y la de todo el equipo de Esperanza es clara, seguir brindando oportunidades a los más vulnerables, cambiando vidas y, sobre todo, compartiendo la esperanza que ha guiado su camino durante 30 años.









