¿Se podría imaginar un mundo donde el país más pobre pueda alcanzar la prosperidad y la calidad de vida de Suiza? Esta visión optimista la plantea un equipo de expertos de McKinsey Global Institute en el libro “Un siglo de abundancia” (A Century of Plenty), que establece que para el 2100 cada persona podría vivir en niveles de prosperidad iguales o superiores a los que hoy disfrutan solo unos pocos.
De acuerdo con Marc Canal, coautor del libro, Associate Partner en McKinsey España e investigador sénior del McKinsey Global Institute (MGI), llegar a los niveles suizos representaría un crecimiento del producto interno bruto (PIB) per cápita de hasta seis veces respecto al actual. “Seis veces es exactamente lo que hemos crecido en los últimos años”.
Aunque el panorama podría parecer “imposible”, Canal y el equipo de autores destacan que sí es posible, ya que, al comparar los últimos 100 años, se evidencia la resiliencia y el crecimiento de países que habían sido “descartados” por los organismos internacionales.
“Mirando la historia, no es nada que se aparte tanto de lo que hemos vivido en el pasado”, aseguró Canal, en una entrevista con elDinero, al agregar que “tenemos economías que han crecido muchísimo. De hecho, hay un informe del Banco Mundial del año 1960 que prácticamente da a Corea del Sur por perdida, y resulta que Corea del Sur es uno de los países más ricos del mundo”.
Además, puso por ejemplo el crecimiento que han tenido China, Vietnam, Polonia, Turquía y República Dominicana, específicamente, en el último cuarto de siglo. “Cuando lo ponemos en perspectiva, aunque nos cueste imaginarlo, no es tan raro, no son unos niveles de crecimiento tan elevados como pudiera parecer”.
“Cuando todos los países sean, por lo menos, tan ricos como Suiza, tendríamos una economía mundial 8.5 veces más grande que la actual”, explicó, al señalar que, para lograrlo, se requiere un sistema energético entre dos y tres veces más grande.
Canal dijo que “el mundo actual solo utiliza un 20% de energía eléctrica. Nosotros creemos que, en el mundo más próspero, en este mundo de abundancia de 2100, más bien el 70% u 80% de la energía. Y, además, se requiere que sea limpia. Por tanto, el sistema eléctrico mundial tiene que multiplicarse por 30”.
“Este mundo (donde todos vivan en prosperidad) es físicamente posible”, aseguró el Associate Partner en McKinsey España, al puntualizar que para ello se requiere cumplir con cinco puntos esenciales: suficiente energía para energizar el mundo, suficientes materiales y minerales para construir ese mundo, suficiente comida para poder alimentar a una población creciente, suficiente innovación e ideas para seguir aumentando la productividad, y respetar el planeta en lo relativo a sus recursos naturales.
Cambio climático
A pesar de este panorama optimista, Canal destacó que se requiere trabajar en aspectos vitales para garantizar que este “mundo” pueda construirse, y uno de esos grandes retos es el cambio climático.
“La solución al clima va a ser, de nuevo, tecnológica en buena parte”, aseguró, al destacar el impacto de la implementación de sistemas de energía renovable. “Tenemos que hacer dos cosas para el clima. Una, mitigar las emisiones, es decir, emitir menos. Y dos, adaptarnos al clima, es decir, igualmente va a haber azares climáticos (ya los hay), desde inundaciones hasta sequías, etcétera”.
Por la parte de la mitigación, indicó que la limitación principal está en los recursos, es decir, “es de falta de crecimiento económico para poder financiar más construcción de energía solar, más construcción de renovables. La limitación principal es de riqueza en buena parte. Entonces, para financiar esa transición necesitamos más crecimiento”.
Otro aspecto clave es la adaptación. “Las economías que más sufren de los azares climáticos son las que están menos preparadas”. Canal puntualizó que, en los últimos años, se ha reducido el número de personas que mueren por azares climáticos. Esto no se debe a que haya menos azares climáticos, sino a que los países se han enriquecido, lo que ha permitido mejorar las infraestructuras.
Educación
La formación del capital humano es clave para que se logren las innovaciones y se ejecuten los proyectos que estaría demandando la sociedad para alcanzar un nivel de prosperidad. Para ello, además de la educación formal, se requiere el desarrollo de habilidades blandas y tecnológicas que estén acordes con los nuevos tiempos.
“Tenemos un informe que demuestra que el 50% de la formación viene de la educación formal y el 50% viene de la empresa. Las habilidades que uno aprende en el trabajo son igual o más importantes que las de la escuela”, manifestó.
“Los skills son complementarios a la inversión y a la tecnología, es decir, nosotros podemos adoptar toda la tecnología que queramos, pero si no tenemos las habilidades complementarias a esta tecnología, primero, ya no la vamos a adoptar; y aunque la adoptemos, los rendimientos serían mucho menores”, dijo Canal.
Con el avance de la inteligencia artificial es cada vez más importante que, a nivel empresarial, se incentive, según el especialista, el desarrollo de habilidades, ya que, cada vez más, los trabajos se harán de forma compartida entre humanos y bots. “La mayoría, alrededor del 70% de los skills, serán una combinación entre agentes, robots y humanos”.
¿Qué podría fallar?
Al cuestionarle sobre cuáles factores podrían alterar esa posibilidad de prosperidad colectiva, Canal afirmó que “hay algunos escenarios catastróficos”, que “son claramente impredecibles, es decir, obviamente siempre es difícil predecir cuál podría ser un evento, por ponerlo muy extremo, que acabara con la civilización”.
Al citar el libro “The Precipice Revisited”, de Toby Ord, indicó que existen cuatro situaciones que podrían ser potencialmente las más catastróficas: “inteligencia artificial yéndose de las manos y tomando decisiones muy negativas para la humanidad; guerras nucleares, cambio climático descontrolado y pandemias”.
Sin embargo, agregó que, “si nos vamos a esos ‘cisnes negros’ que ocurren una vez con una probabilidad muy baja y acaban con todo, lo que sí hemos visto es que los últimos 100 años de progreso no han sido para nada suaves; ha habido muchos momentos convulsos, en los que creíamos que el mundo acababa y que estábamos tan nerviosos como ahora”.
Siendo optimista, aseguró que, en todas las ocasiones en que la humanidad se ha visto al borde de la catástrofe, ha buscado la forma de reinventarse. “Más allá de eventos absolutamente extremos, que siempre son muy difíciles de predecir, creo que lo que nos enseña la historia es que el ingenio se acaba imponiendo y que acabamos superando esos problemas que de verdad existen”.







