La puesta en marcha de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo este 24 de febrero genera un sentimiento agridulce. Representa un alivio para miles de ciudadanos que padecen a diario el caótico tránsito de la autopista Duarte.
Es una obra esperada con anhelo para mitigar un calvario de movilidad que parece no tener fin. Sin embargo, el entusiasmo se ve empañado por la realidad de su ejecución. El proyecto llega con dos años de retraso, una demora que ha alimentado cuestionamientos sobre la eficiencia en la gestión de infraestructuras críticas.
Esta falta de puntualidad proyecta una preocupante ausencia de confiabilidad, ante la posibilidad de que se habilite el servicio con detalles de terminación aún pendientes. Si bien se entiende que la seguridad operativa no está comprometida, inaugurar una obra incompleta tras cuatro años de espera deja un sabor amargo sobre la planificación estatal.











