Las remesas constituyen una de las patas principales de la economía dominicana. Igual pasa con otros países latinoamericanos. Junto al turismo y zonas francas, es una de las fuentes de ingresos que ayudan a bajar del déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos.
Año tras año los dominicanos de la diáspora demuestran que están unidos al país más allá de los lazos familiares. Sus remesas contribuyen con amainar las carencias de una parte importante de la población que no tiene otra alternativa. En 2016 enviaron US$5,261.5 millones y durante los primeros nueve meses de 2017 la cifra había alcanzado los US$4,485.3 millones, una muestra del impacto que tienen en la dinamización económica. Representaron cerca del 7% del producto interno bruto (PIB) de 2016.
Entre enero y septiembre de este año el total de las remesas enviadas por los dominicanos creció un 14.8%, lo que da una diferencia absoluta de US$576.8 millones respecto a los US$3,908.5 millones recibidos en igual período de 2016. Quiere decir que este año habrá dólares ingresando a la economía producto del esfuerzo, trabajo y sacrificio de aquellos que se vieron obligados a emigrar.
El hecho de que lleguen más remesas al país es positivo. Siempre será mejor que ingresen más recursos en dólares, pues es una moneda dura que nos ayuda en contrarrestar el déficit en nuestras cuentas del sector externo. Ojalá se triplique la cantidad.
¿Cuál es riesgo de depender de las remesas y cómo interpretarlo desde el punto de vista competitivo? Cuando un país no sustenta su desarrollo en la producción nacional tiene un fallo de origen, de lógica económica. Lo obvio, y por supuesto fundamental, es que un Estado financie sus importaciones con exportaciones. Esto es justamente lo que no hace República Dominicana.
La industria nacional (no las zonas francas) debería ser el soporte primario de la economía dominicana. Cuando se aplaude el ingreso de más remesas al país se deja implícito que hay debilidades internas que obligaron a esos dominicanos a buscar oportunidades fuera. Hubiera sido mejor que ellos hubiesen hallado un espacio para desarrollar sus talentos en territorio dominicano.
Ahora que está de moda el término emprendimiento, lo cual es relativo si se toma en cuenta que el ser humano siempre ha sido un emprendedor, sería bueno saber cómo ayudar a los cientos de miles que tienen ideas de negocios aplicables, pero que la falta de recursos se lo impide. El turismo, por ejemplo, representa oportunidades para todos los que quieran convertirse en suplidores de este sector, especialmente si se logra la meta de traer diez millones de turistas a partir de 2022.
Las remesas, que sí son buenas, positivas y aportan a la economía, tiene de “no tan positivo” que dependen de las condiciones del mercado internacional, cuyos vaivenes se reflejan en este sector. Las autoridades, estamos conscientes, saben que apostar a que los dominicanos aumenten el monto de remesas no ofrece certidumbre. Lo que sí da garantías de ser fuertes económicamente es ofrecer reglas claras y un entorno de negocios estable a quienes invierten en la generación de bienes y servicios de factura local. Las remesas son buenas, sí, pero no se pueden poner todos los huevos en una sola canasta.










