La pandemia del nuevo coronavirus ha generado un cambio en la dinámica política, económica y social de los países, que requerirá el desarrollo de planes orientados al incremento de la productividad y la inclusión social.
Como la crisis sanitaria generada por la enfermedad se ha traducido a una crisis de empleo y a un aumento progresivo de las desigualdades, tanto la productividad como la inclusión social deben ser pilares estratégicos en cualquier plan de recuperación en el corto y mediano plazo.
Así lo manifiestó el Centro Latinoamericano para la Competencia y el Desarrollo Sostenible (CLACDS), del instituto INCAE Business School, entendiendo que la productividad “es la generadora de la riqueza, el crecimiento económico y consecuentemente del empleo”.
Explicó que las medidas de aislamiento social han afectado a casi 2,700 millones de trabajadores en el mundo, el 81% de las personas laboralmente activas, según la Organización Mundial del Trabajo (OIT), mientras que el 38% de las personas empleadas laboran en los sectores más afectados por la pandemia, como el sector manufacturero, el alimentario y el turístico.
En ese sentido, la entidad ponderó que la productividad laboral jugará un papel fundamental para retomar las riendas económicas, en especial en América Latina, donde este planteamiento representa un “doble reto”.
“Aunque Panamá y Costa Rica aumentaron su productividad laboral en 100% y 50% para inicios de este siglo, en términos absolutos sigue siendo un 18% y un 40% menos que los últimos diez países que entraron a la Organización Para la Cooperación y el Desarrollo Económico”, agregó el CLACDS en un comunicado.
Por otro lado, estimó que la inclusión social facilitará que todas las personas y regiones de un país prosperen y generen un mayor potencial de forma sostenible.
El Centro resaltó que este pilar se necesita más que nunca, porque la covid-19 ha acentuado las brechas existentes en el acceso al agua, educación básica y superior, servicios de salud y los servicios financieros.
“Esta crisis rebasa el aspecto de la salud e incide en otras áreas de la sociedad. Desacelera el crecimiento económico, altera el orden internacional, disminuye la provisión de bienes públicos, genera las condiciones para la violencia social y doméstica”, puntualizó.
Además, consideró que el cierre de la brecha tecnológica debe ser visto como una prioridad, porque el dinamismo y el crecimiento del mercado interno dependerán de la conectividad de las personas, en un mundo que cada vez requiere la digitalización como requisito para el progreso.
“El mundo post-covid se vislumbra con un alto contenido digital y ahí tenemos una tarea pendiente”, reflexionó la institución.











