[dropcap]P[/dropcap]arecía la interminable fila del Consulado Americano. Pero no. Se trataba del llamado de un hotel de la capital con la necesidad de fuerza de trabajo para su reapertura. No fue necesaria una amplia campaña publicitaria para que la convocatoria fuera exitosa, pues los pocos anuncios se esparcieron como pólvora entre una masa de jóvenes ávidos por un empleo formal.
La hilera de personas apostadas tras la pared trasera del importante hotel se levantaron temprano, con su currículum bajo el brazo, con el único propósito de abandonar la exclusión, tener ingresos fijos cada quincena (aunque sean pocos) y formar parte de la seguridad social, con todo y sus deficiencias.
Esta larga e inquietante fila confirma las estadísticas de desempleo juvenil, cuya tasa dobla el promedio general. Así, la desocupación ampliada entre los jóvenes (incluyendo los que no buscaron trabajo durante los últimos tres meses anteriores al estudio de empleo que hace el Banco Central) alcanza el 31%, mientras que el desempleo general llega al 14%.
Una de las que acudió a buscar un empleo fue Isabel Valdez, quien reside en San Cristóbal. Viajó a Santo Domingo con su currículum, luego de ver el anuncio en el periódico. Tiene cuatro años desempleada. Está casada, aunque no tiene hijos.
Dejó su último trabajo porque le dificultaba realizar sus estudios universitarios de arquitectura, pero ahora que es licenciada no le importa emplearse como asistente administrativa, un puesto que ya conoce.
Otro de los que engrosa la lista de desempleo juvenil es Francisco Pierret, de 34 años, quien se enteró de la convocatoria de empleo por medio de una tía que a su vez fue informada por una amiga. Es casado y tiene dos hijos de ocho y dos años. Lleva ocho meses desempleado. Antes era supervisor de producción en una empresa de zona franca de San Isidro. “Apareció una nueva posición en otra compañía y lamentablemente las cosas no salieron como se suponían”, comentó.
Actualmente busca un trabajo en una posición administrativa, contabilidad, supervisión o almacén, pues tiene la experiencia y la capacitación suficiente para desempeñar funciones relacionadas, luego de haber completado 10 semestres en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Alega que no pudo concluir su carrera por dificultades impuestas por el mismo centro de estudios. “La UASD me hizo una de las suyas y no pude graduarme”, acotó.
La principal queja de los jóvenes que ofrecen fuerza de su trabajo en el mercado es que las empresas siempre buscan personas con experiencia, lo cual los condena a un círculo del desempleo: falta de experiencia y empleadores que la requieren. ¿Cómo voy a tener experiencia si no me dan trabajo? Es la pregunta de muchos.
Existe una falta de correlación entre la oferta formativa de las universidades, lo cual, unido a las deficiencias históricas de los diferentes niveles de la educación formal, crean una fuerza de trabajo que implica costos y esfuerzos formativos para las empresas y no satisfacen de forma eficiente sus necesidades productivas.
Esto tiene consecuencias en los niveles de productividad de las empresas, la posibilidad de brindar mejores salarios y de ser competitivas. Pero, además, las empresas han permitido el descalabro de los salarios reales, lo cual desincentiva la formación.
Dinámica
« Remuneración. La encuesta “Demanda de técnicos/profesionales: Atributos que deben tener para las empresas” de la Asociación de Jóvenes Empresarios (ANJE) pone de relieve la fricción entre quienes demandan y ofrecen trabajo. Los empleadores toman en cuenta los salarios que dicta el mercado, mientras que los trabajadores buscan adquirir los bienes y servicios que consideran necesarios.
Esta dinámica se da en un mercado en el que la remuneración real del trabajo va en picada. Una de las razones, según la postura empresarial, es que no existen los niveles de cualificación suficientes para impulsar la productividad de las empresas.
« Inclusión. El empleo es fundamental para la integración social, especialmente si es formal. A través de éste se puede combatir la delincuencia y la pobreza. Pero los datos de la ONE revelan que la falta de esperanzas de conseguir trabajo es mayor en los grupos de jóvenes de menores edades.
Esto influye en el nivel de vulnerabilidad de los adolescentes a repetir el círculo de la pobreza o incurrir en actos delictivos.
En 2013, el sector privado generó 159,917 nuevos puestos de trabajo formales, de los cuales 56% fueron ocupados por empleados menores de 30 años, equivalentes a casi 90,000, indica el estudio.












