Ganarse 100 dólares siempre nos hará sentir de maravilla, es cierto, pero en cambio, perder 100 dólares nos provoca una emoción ajena a lo portento, por tanto, se entiende que las neurofinanzas son el compendio entre la economía con la neurociencia, que tratan de darle una explicación a nuestros comportamientos, ya sea como consumidor o inversionista, tomando en cuenta no sólo el cerebro sino el sistema nervioso e incluso las hormonas.
Por más que lo intentemos, nuestra naturaleza nos impide alejarnos del hecho de que cada elección que hacemos tiene un elemento emocional. Pese a que, durante más de 30 años, los expertos en finanzas conductuales han empleado con éxito los conocimientos de psicología, sociología e incluso de física para intentar dilucidar la forma en que decidimos, “los avances en la tecnología han permitido a los neurocientíficos mapear los procesos químicos y eléctricos que ocurren en nuestro cerebro cuando tomamos decisiones”.
Ahora bien, ¿Cómo podemos tomar las mejores decisiones financieras?
El doctor Adrien Eshraghi cree que “las mejores decisiones financieras se toman a menudo utilizando un ‘pensamiento’ lento, cuidadoso y analítico en lugar de un ‘sentimiento’ rápido e inductivo”, y evidentemente, las emociones no se pueden eliminar de la ecuación, pero parte de la clave está en ser conscientes de ellas.
El artículo Daniel Kahneman: Four Keys to Better Decision Making (Cuatro claves para una mejor toma de decisiones), publicado en el sitio del CFA Institute, plantea que, “tendemos a sobreestimar nuestras posibilidades de éxito, especialmente en la fase de planificación”.
Tendemos a buscar explicación cuando algo no nos sale bien, contemplamos esa sensación de que has aprendido algo y de que no volveremos a cometer ese error, pero quizás determinar que es una relación causa-efecto no sea la mejor conclusión de lo ocurrido, sin embargo, lo que se debería de aprender es que fuimos sorprendidos otra vez y que debemos aprender que el mundo es más incierto de lo que creemos.
A menudo nos encontramos con el miedo o la suspicacia de perder dinero cuando emprendemos algo, lo que nos limita a seguir progresando o bien, nos hace fracasar cuando nos decidimos, por eso, ser flexibles y adaptarse a nuevas circunstancias también es clave cuando se toman decisiones relacionadas con el dinero, pero no quiere decir que a la primera idea que nos llegue a la cabeza debamos de realizarla sin planificación previa.
El enfoque complementario de las neurofinanzas va ligado a que en vez de decirle a una persona qué debe hacer, comenzar a entender qué está haciendo y, de esa manera, crear un plan de acción que se parezca más a ese individuo, que incluya sus aspiraciones, deseos y no que lo encuadre en una fórmula preestablecida como lo han estado las finanzas tradicionales.






