[dropcap]A[/dropcap]l presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), Rafael Blanco Canto, le han “entrado como a la conga” por expresar una preocupación legítima, como cualquier otro dominicano, sobre los riesgos que implica para la economía un incremento desmedido en el endeudamiento público. El empresario tiene todas las razones del mundo y hasta “un chin más”.
Tomar prestado no siempre es malo. Hay que saber para qué se toma un financiamiento y deben analizarse, como lo haría cualquiera de las calificadoras de riesgo, la capacidad de pago de quien toma el préstamo.
En tiempos de bonanza y tranquilidad macroeconómica, como el que disfruta República Dominicana, es cuando deben tomarse las previsiones. No es inteligente tomar medidas a la carrera cuando tenemos el problema encima.
No es un secreto que el Gobierno se ha visto en la obligación de cubrir con deudas externa e interna el déficit que cada año registra en su ejecución presupuestaria, un compromiso que se acrecienta en la medida en que se precisa el saldo de intereses y capital por los vencimientos de préstamos. Así lo dice un artículo publicado aquí por el periodista Esteban Delgado.
Pasando balance a lo que ha sucedido con la deuda es muy fácil saber que algunas cosas marchan por un camino que merece un mínimo de seso. ¿Cómo ha cambiado la deuda en los últimos años? En 2012 la deuda en bonos representaba el 19.2%, mientras que ahora es el 55%. La deuda bilateral era el 44.8% y ahora es el 26%. La multilateral era el 33.8% y ahora representa el 14.5%. El resto era 2.2% y ahora es el 4.5%.
¿Qué implicaciones tiene este cambio? Que endeudarse en bonos y en pesos (como lo sugieren algunos organismos internacionales) es mejor y de más fácil acceso, pero el precio (costo del endeudamiento) es más caro.
El presidente del Conep es un hombre de mucha experiencia, representa al sector privado y es el vocero más idóneo para echar un grito en caso de que algunas cosas, como es la estabilidad del país, se ponga en dificultades. Es de lugar reconocer el esfuerzo que hacen las autoridades económicas por mantener todo bajo control. Resta esperar que todo siga así.








