A menudo escuchamos hablar de que un destino “x” está de moda. La gente se alegra e incluso su gobierno local entiende haber acertado en una acción determinada por la cual se incrementaron las corrientes turísticas hacia ese lugar. Sin embargo, no se detienen a pensar en la dimensión de ese estado, que lejos de aportar a la sostenibilidad económica, social y medioambiental, puede ser el detonante de grandes problemas para ese territorio.
Cuando se habla de destinos turísticos hay que pensar en la sustentabilidad, y de esa manera iniciar su desarrollo con una planeación territorial que tenga en cuenta la capacidad de carga, la contaminación visual, auditiva y del ecosistema.
Cuando una zona turística inicia desde un adecuado ejercicio de planificación estratégica, se toma en cuenta su gente, no sólo en términos de trabajo sino en la interacción con el visitante, su demanda de suministros a presente y futuro, así como la preservación de su acervo cultural, en especial esos que son intangibles pero que constituyen su valor diferenciador y debe ser protegido de generación en generación.
Estar de moda, responde a un hecho puntual, ya sea por una intensa acción promocional que se haya dado a conocer, o que incluso sea el resultado de visitas de personalidades o gentes “famosas”, pero ojo “que esté de moda”, no nos garantiza un turismo robusto, a largo plazo, en donde los comunitarios se beneficien de la derrama económica que deja esa actividad.
Estar de moda, es fortuito, temporal, fácilmente sustituible por otra atracción o lugar que se torne interesante por criterios similares. Es por esto, que el crecimiento del turismo no debe ser cuestión de azar, amerita de planificación y organización participativa, en donde se involucren los representantes de su cadena de valor para hacer de cada destino, enclaves estratégicamente desarrollados, pensando siempre en tres ejes fundamentales: Social, económico y medioambiental.
Trabajemos el fomento integral de los enclaves turísticos, empezando por la parte urbanística, la caracterización de de sus recursos y atractivos, la determinación de sus mercados potenciales a corto, medio y largo plazo. Estructurando una política de desarrollo social, pensada desde la formación de sus habitantes, creando programas educativos que generen las competencias necesarias para que al crecer el turismo la mano de obra principal sea la local; resolviendo sus principales necesidades sociales como la salud, acceso a la alimentación y fortalecimiento de sus valores.
Mucho cuidado con relajarnos al ver grandes oleadas de turistas hacia uno o dos atractivos, recordemos siempre que debe haber un equilibrio, que más que estar de moda de manera temporal, los destinos con vocación turística necesitan planificarse desde cero, pues el futuro no se escribe con la palabra “suerte”, ni tampoco el objetivo debe ser la “explotación de un lugar” sino la puesta en valor de múltiples recursos para que a corto, medio y largo plazo podamos tener “turismo para todos” con diversas opciones “rincón por rincón”.











