Al cerrar el año 2024, es útil realizar una reflexión sobre los acontecimientos de este período, para estar en una mejor posición para abordar al año que sigue. En lo personal, me parece que este 2024 que cierra será considerado como un año de transición, tanto a nivel nacional como internacionalmente, dando lugar a un 2025 que promete traer grandes cambios.
En la República Dominicana, la cómoda reelección del presidente Luis Abinader, así como el dominio del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en el Congreso Nacional y las alcaldías, pareció reflejar una determinación de conceder un fuerte mandato a la actual gestión. Sin embargo, varios tropiezos políticos al inicio del segundo mandato han reducido el impacto de esta reelección. Será importante para el Gobierno “relanzarse” al iniciar el año 2025, pues todavía quedan más de tres años a este período presidencial.
Asimismo, y aludido en el párrafo anterior, el fallido proyecto de reforma fiscal colocó a nuestro país en una difícil encrucijada, pues, si bien es necesario aumentar los ingresos fiscales, la draconiana propuesta aglutinó el rechazo de amplios sectores de la población. Aunque se logró impulsar una reforma constitucional, siguen tendidos en controversia otros importantes proyectos, como la reforma laboral, el código penal, y demás. Lograr consensos sobre estas y otras importantes reformas es clave para el próximo año.
En cuanto a la economía, a pesar de los desafíos a nivel internacional, República Dominicana continuó siendo un referente en la región, demostrando un crecimiento sostenido y una envidiable estabilidad. Pero vale la pena preguntar hasta qué punto podremos continuar creciendo a este ritmo sin una fuerte inversión de capital y reformas estructurales que permitan evolucionar hacia un país de mayores ingresos, algo que postergamos siempre, pero eventualmente nos pasará factura.
En el ámbito internacional, quizás el acontecimiento de mayor trascendencia e impacto del año, y que traerá importantes consecuencias para el 2025 y más allá, es la reelección (no consecutiva) del presidente Donald Trump en los Estados Unidos. Con la promesa de enfocar la economía y la política de esa nación en temas internos, podremos ver cambios importantes en las relaciones internacionales y también en el desarrollo económico que tendrán un impacto directo sobre nuestro país.
En otras latitudes, el Oriente Medio se mantuvo como una caldera de inestabilidad, con una sangrienta y difícil guerra de Israel contra Hamas y Hezbolá desembocando en acciones en toda la región. Una consecuencia indirecta pero cercanamente relacionada fue la caída del régimen de Al Assad en Siria. En el año venidero se sentirán los efectos de la recomposición del poder en esta región.
En Europa, vemos a un continente que todavía está en llamas, luchando una guerra de atrición que no parece tener fin. A la vez, las grandes potencias Francia, Inglaterra y Alemania, atraviesan crisis políticas que tendrán efectos duraderos. El tiempo dirá si logran superarlas para este próximo año.
Será interesante pasar revista del año 2025, pues hoy vislumbramos un país y un mundo en transición, con muchos cambios que se avistan.











