En Santo Domingo, el negocio del agua purificada sigue expandiéndose como respuesta a la desconfianza de la población en el sistema de acueductos y a la necesidad de contar con una fuente segura de hidratación. En barrios y sectores urbanos, cada vez es más común ver plantas purificadoras que operan con distintos niveles de tecnología y legalidad. “Este mercado ha crecido muchísimo en los últimos años, sobre todo en zonas donde el agua potable no llega con calidad ni presión”, comenta Juan Carlos Polanco, ingeniero químico y consultor en tratamiento de agua.
Uno de los casos más destacados es el de Kilo Mesa, propietario de la planta “Agua Mesa”, en Santo Domingo Norte. Desde hace tres años, Mesa abastece a cientos de hogares con agua tratada bajo procesos rigurosos como ósmosis inversa, ozono y luz ultravioleta. “Vendemos exclusivamente en botellones. El agua de camiones no pasa por todos los filtros necesarios y puede ser riesgosa”, asegura. Con una inversión inicial de 2.5 millones de pesos, su empresa genera más de RD$300,000 mensuales y da empleo a seis personas.
Pero no todos corren con la misma suerte. Rosalba González, quien dirige una pequeña planta en el sector de Villa Mella, llamada “agua viva”denuncia que muchos negocios operan sin cumplir normativas. “Nos exigen permisos de Salud Pública, del Ayuntamiento, de Medio Ambiente, pero al final ves empresas grandes sin licencia vendiendo más que tú. Hay poca supervisión real”, se queja. González afirma que el costo de mantenerse legal supera los RD$100,000 anuales en papeleo y mantenimiento.
La falta de formación técnica es otra barrera. A diferencia de México, República Dominicana no cuenta con programas oficiales de capacitación para operadores de plantas purificadoras. “Todo lo que he aprendido lo busqué por YouTube y cursos de fuera. Aquí no existe una carrera ni diplomado en purificación de agua, y eso nos deja solos ante el riesgo de fallar”, explica Mesa. Esta carencia técnica puede traducirse en fallas de calidad que afectan directamente la salud de los consumidores.
A pesar de los retos, el negocio se mantiene rentable y en constante crecimiento. “Lo ideal sería crear una red nacional de plantas certificadas, que trabajen con transparencia, y se fomente un mercado competitivo pero seguro”, sugiere Mesa. Mientras tanto, los emprendedores del agua purificada siguen llenando el vacío que deja el sistema local, botellón por botellón.












