República Dominicana alberga una amplia diversidad de ecosistemas y especies, pero enfrenta desafíos para preservar su capital natural. De acuerdo con datos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, explicados en una infografía publicada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), hasta 2023 se habían identificado 718 ecosistemas costeros y marinos en el país.
Estas áreas no solo son fundamentales para la resiliencia ecológica, sino que también aportan al desarrollo económico mediante servicios como la protección costera, la pesca y el turismo.
Entre los activos más destacados se encuentran los seis humedales de importancia internacional reconocidos bajo el Convenio Ramsar. Estos abarcan una superficie de 2,251.74 kilómetros cuadrados (km²), de los cuales un 61% corresponde a tierra firme y un 39% a superficie marina. Entre ellos están los humedales de Monte Cristi, del Lago Enriquillo, los manglares del Bajo Yuna y la Laguna Redonda y Limón. Estas zonas están distribuidas en varias regiones del país y desempeñan un papel en la conectividad ecológica, además de ofrecer beneficios para actividades económicas sostenibles.
Sin embargo, la biodiversidad nacional enfrenta presiones. En 2024 se contabilizaron 560 especies exóticas de flora y fauna en territorio dominicano. Estas especies no autóctonas representan un riesgo tanto para la biodiversidad nativa como para la estabilidad de sectores productivos. Su presencia puede alterar ecosistemas, incrementar costos de producción y afectar la seguridad alimentaria.
La Lista Roja de Especies Amenazadas, basada en criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), registró en 2018 un total de 1,760 especies de flora y fauna en riesgo en el país, de las cuales el 50% se encontraba en peligro crítico. Aunque los datos han podido variar en los últimos años, reflejan el nivel de vulnerabilidad del patrimonio natural dominicano.
Asimismo, el informe detalla que, en 2022, se identificaron 6,528 especies dentro de áreas protegidas. De ellas, más del 90% corresponde a plantas, mientras que el resto está compuesto por mamíferos, reptiles, aves, peces y moluscos. Estas especies son esenciales para sectores estratégicos como la agricultura, el turismo ecológico y la biotecnología.
Para dar respuesta a estos retos, República Dominicana ha asumido compromisos internacionales, como la meta 30×30, que plantea proteger al menos el 30% del territorio terrestre y marino para el año 2030. Uno de los objetivos de esta estrategia es alcanzar una pérdida neta igual a cero de manglares en áreas protegidas. Actualmente, estos ecosistemas cubren aproximadamente 270 km², equivalente al 0.6% del territorio nacional, pero cumplen funciones en la captura de carbono y la protección de las zonas costeras.
Preservar la biodiversidad se perfila, así, como un plan frente a los impactos del cambio climático, las tensiones sobre los sistemas alimentarios y la transformación de los mercados turísticos. En este contexto, conservar el equilibrio ecológico podría ser determinante para garantizar un crecimiento sostenible.










