Un buen sistema de pensiones se caracteriza por ser eficaz y eficiente, incluyendo a la mayor cantidad de personas, y a su vez, siendo suficiente y sostenible.
Este planteamiento es del secretario general de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS), Pedro Kumamoto, quien participó en el conversatorio “Nuevas tendencias en pensiones”, el cual fue organizado por la Superintendencia de Pensiones (Sipen) y se desarrolló en el hotel JW Marriot, en Santo Domingo.
Durante su intervención, Kumamoto afirmó que involucrar a mayor cantidad de personas al sistema de pensiones debe incluir a las personas que han aportado y que están en la formalidad, pero que no alcanzan a las cotizaciones necesarias para su jubilación. En ese sentido, resaltó la necesidad de crear las condiciones y las reformas.
Asimismo, destacó la importancia de construir un espacio fiscal que permita generar cobertura para las personas que no están cotizando en la seguridad social. “Esto cuesta más trabajo y requiere mucho tiempo de compromiso por parte de la visión de Estado”, admitió.
La eficiencia de un sistema de pensiones queda evidenciada en contar con la mayor cantidad de recursos generados a partir del ahorro de los trabajadores, pero, además, consideró que un sistema eficiente es aquel que es sostenible.
“Una buena pensión no es aquella que pagan un monto alto y alcanza para dos años, sino la que tiene sostenibilidad en un horizonte de tiempo, que es de 50 a 100 años”, expresó el especialista.
Kumamoto reconoció que la sostenibilidad de los sistemas en la región latinoamericana es frágil, ya que dependen de elementos como una crisis o al aumento o la disminución de natalidad y de esperanza de vida.
Tasa de reemplazo para pensión
Al referirse a la tasa de reemplazo, que consiste en los ingresos previos a la jubilación que una persona recibirá como pensión una vez que se retire del mercado laboral, Kumamoto aseguró que no es una medida eficiente, sino que hay que pensarlo en el umbral mínimos de vida, el cual es distinto en los países. Desde la CISS, así como desde el Banco Mundial se busca que el salario mínimo refleje “una suerte de canasta básica para la vida”.
Esto, de acuerdo con el secretario general de la CISS, debe depender de los costos de vida y requiere revisar cuáles son las subvenciones estatales que ya existen y los servicios públicos. De hecho, ejemplificó que si la salud está privatizada, ese será un costo que se tenga que agregar a la canasta, en cambio, si la salud es un servicio universal que incluye medicamentos, entonces, es un costo que se tiene que retirar de lo que se conoce como umbral mínimo de vida.













