El periodismo económico y financiero no se fundamenta en percepciones ni en conjeturas; su columna vertebral es el dato. Esta primera afirmación podría ser suficiente para esta columna. Sin embargo, en una era de sobreinformación, la credibilidad de un medio de comunicación y de sus profesionales descansa estrictamente en la capacidad de procesar, analizar y presentar estadísticas provenientes de fuentes oficiales y contrastadas. Sin este rigor, la función social de informar se desvirtúa, convirtiéndose en un ejercicio de especulación.
Un reportaje publicado en la edición 521 del periódico elDinero ha generado debate al exponer una realidad estadística que muchos prefieren ignorar. Utilizando datos de la Dirección General de Migración (DGM) y contrastándolos con los del Ministerio de Turismo (Mitur) y el Banco Central, se reveló que el porcentaje de cruceristas que efectivamente realizan el proceso migratorio de entrada al país es significativamente bajo, situándose cerca de un 3%. ¿Son más los que bajan del barco? No tenemos forma de saberlo si la institución oficial encargada para reportarlo no lo hace.
Aunque voces del sector han cuestionado esta cifra por considerarla “ajena a la realidad”, lo cierto es que el periodismo de datos se debe a la fuente institucional. Ningún periodista que respete su carrera y a su público puede inventar cifras; su responsabilidad es la transparencia. Si los datos reportados por las autoridades competentes. en este caso, Migración, reflejan una realidad que incomoda, la crítica no debe dirigirse hacia el mensajero, sino hacia la calidad del registro.
El medio de comunicación cumple con su deber ético al confiar en la institucionalidad. Si existe una brecha entre la percepción del flujo turístico y lo que los libros oficiales registran, la responsabilidad no recae sobre el periodista, sino sobre la entidad que genera la estadística. Es imperativo, por tanto, que las autoridades competentes revisen y auditen sus protocolos de registro de entrada y salida de cruceristas. Cualquier experiencia siempre enseña.
Es necesario asegurar que los mecanismos de control reflejen la verdad de los hechos para que la data sea un espejo fiel de la economía nacional. El cuestionamiento sin suministro de información alterna y válida no es más que ruido. En el periodismo serio, la cifra oficial es la ley.
Si los datos son erróneos, es la institución la que queda en deuda con el país, mientras que el medio reafirma su compromiso con la verdad al exponer las inconsistencias de un sistema que urge ser actualizado. La credibilidad no se negocia, y la data no se inventa.
El fortalecimiento de la confianza en las estadísticas públicas, por lo visto, es una tarea pendiente que no admite más dilaciones. El desarrollo de la industria turística y la precisión de nuestras proyecciones económicas dependen de que cada crucerista que pisa suelo dominicano sea contabilizado con exactitud y transparencia.
Mientras los protocolos de registro no sean optimizados, el periodismo seguirá cumpliendo su papel de fiscalizador del dato, recordándole a las instituciones que su mayor activo es la veracidad. Al final del día, el rigor periodístico no busca otra cosa que la excelencia en la gestión pública, pues solo a través de números claros se pueden diseñar políticas que beneficien realmente al país.











