A pesar de los desafíos que implicó recibir el gobierno en medio de una pandemia (aunque en algunos aspectos eso también se convirtió en una oportunidad), el presidente Luis Abinader desarrolló su primera gestión con una percepción de relativo éxito.
Tanto así, que su popularidad se mantuvo elevada, aun cuando ha sido notable la lentitud en ejecución de obras y reformas estructurales.
La reelección pasó sin dificultad. Pero el inicio del segundo período ha estado caracterizado por escándalos tras escándalos en la administración pública. Aunque el mandatario ha tratado de marcar distancia separando a los funcionarios bajo cuestionamientos, no hay duda de que su popularidad ha sido afectada y con ello la de su partido.
Eso no es tan malo para Abinader, quien se irá en 2028; lo es para los aspirantes en el PRM, que con el declive y deterioro de la imagen gobierno, también ponen en riesgo su favor electoral hacia los comicios venideros.











