Puede que solo sea una percepción de quien escribe estos párrafos; pero parece ser la misma que tienen muchos ciudadanos en relación con lo que se observa del accionar administrativo del Estado.
El presidente Luis Abinader y su gabinete parecen estar haciendo lo posible por terminar este segundo período de gestión sin mayores complicaciones, pero también sin realizaciones de alto impacto.
Abinader dio muestras de desapego a las ambiciones de poder estatal cuando endureció aún más la regulación constitucional en cuanto a la repostulación presidenical.
Sin embargo, ese desprendimiento parece estarse expresando en un deseo de concluir una labor que, con apariencia de ser atractiva para todos los políticos, no deja de ser agotadora, desgastante y hasta con alto contenido de impotencia (aunque el término luzca contradictorio), como es la labor de gobernar. Aun así, el mandatario debe reaviviarse, porque faltan 28 meses para terminar.
