Los números cuentan una historia de expansión; las vulnerabilidades, otra mucho menos cómoda. Durante el primer semestre de 2026, la economía dominicana aceleró su crecimiento mientras enfrentaba petróleo y fletes más caros, inflación por encima de la meta, una elevada carga de intereses y un empleo que avanzó principalmente por la vía de la informalidad.
Las remesas, inversión extranjera, reservas y apreciación del peso amortiguaron el impacto, pero también pudieron ocultar la pregunta decisiva: ¿está el país fortaleciendo realmente su capacidad económica o simplemente pagando con mayor solvencia la factura de su vulnerabilidad?
El producto interno bruto (PIB) real creció 4.1% interanual en el primer trimestre; luego, el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) avanzó 5.0% en abril-junio, acumuló 4.5% entre enero y junio, frente a 2.4% en igual período de 2025, y alcanzó 6.4% en junio. Fue una aceleración efectiva, apoyada por la construcción, la minería, las zonas francas y los servicios.
La composición del crecimiento obliga, sin embargo, a moderar el entusiasmo. Sin índices comparables de precios de exportación e importación no puede afirmarse un deterioro neto de los términos de intercambio, especialmente cuando también aumentó el oro. Sí puede sostenerse que una parte mayor de las divisas generadas tuvo que destinarse a pagar energía y transporte, de modo que el crecimiento no se tradujo íntegramente en mayor poder adquisitivo.
La inflación refleja esa tensión. El índice de precios al consumidor (IPC) acumuló 2.02% en seis meses y llegó a 5.67% interanual en junio, por encima del límite superior de la meta de 4.0% ± 1.0%. La inflación subyacente se situó en 4.96%, cerca del umbral de 5%. En junio, las variaciones mensuales fueron 0.51% y 0.37%, respectivamente. Los datos son consistentes con una transmisión más amplia del choque, aunque no demuestran por sí solos efectos de segunda vuelta. Para confirmarlos habría que observar servicios, salarios, expectativas y difusión de aumentos.
El referente petrolero utilizado es el West Texas Intermediate (WTI), no el precio unitario de importación dominicano. El WTI promedió US$83.7 por barril hasta el 25 de junio, 44.6% por encima del cierre de diciembre de 2025, tras aproximarse a US$113 en abril. El costo promedio de un contenedor de 40 pies llegó a US$4,165.60 en junio, 119.4% más que en febrero, antes de la escalada bélica en Oriente Medio. El Banco Central proyecta para todo 2026 un aumento de 32.4% en la factura petrolera y un déficit de cuenta corriente de 1.3% del PIB; son proyecciones anuales, no resultados del semestre.
Para dimensionar el choque utilizo un contrafactual propio, ilustrativo y no econométrico: comparo la trayectoria observada con un escenario en que el WTI hubiera permanecido en su nivel de cierre de 2025 y los fletes en el de febrero de 2026, manteniendo constantes los volúmenes importados, el tipo de cambio, los impuestos y los subsidios. El ejercicio aproxima el costo directo de primera ronda, pero no incorpora cambios de consumo, inventarios, márgenes ni respuestas de política. Por eso no atribuyo mecánicamente décimas exactas de inflación o crecimiento al conflicto. La evidencia indica que agravó materialmente los costos importados y probablemente restó impulso a la actividad.
La política monetaria respondió con cautela. Con una tasa de política de 5.25%, la tasa real ex post fue de -0.42 puntos frente a la inflación general y de 0.29 puntos frente a la subyacente. Estos cálculos ilustran el margen estrecho, pero no bastan para clasificar la postura como expansiva o neutral: se necesitan la inflación esperada y una estimación de la tasa real neutral. Evitar un alza agresiva fue razonable ante un choque de oferta, aunque la persistencia subyacente o el desanclaje de expectativas exigirían otra respuesta.
El tipo de cambio funcionó como amortiguador. Medida desde el cierre de diciembre de 2025 hasta finales de mayo de 2026, la apreciación acumulada del peso fue de 7.8%; es una variación entre dos fechas, no el promedio del semestre. Ayudó a contener el traspaso de los precios internacionales, aunque redujo ingresos en pesos de exportadores y receptores de dólares. Entre enero y junio ingresaron US$6,219.3 millones en remesas y US$3,276.5 millones en inversión extranjera directa; al cierre de junio, las reservas brutas ascendieron a US$15,821.6 millones. Ese escudo compró estabilidad, no inmunidad.
En el Gobierno central, los ingresos alcanzaron RD$668,366.6 millones y los gastos RD$764,310.4 millones, con un déficit financiero de RD$95,943.8 millones, equivalente a 1.1% del PIB. Coexistió, sin embargo, con un superávit primario de RD$63,117.3 millones, o 0.7% del producto, mientras los intereses absorbieron RD$159,061.1 millones, equivalentes a 1.8%. En un perímetro institucional distinto, la deuda del sector público no financiero llegó al 30 de junio a US$67,370.7 millones, 47.9% del PIB, con un indicador de riesgo cambiario de 64.4%. La apreciación alivia temporalmente esa exposición; una reversión la encarecería en pesos.
La advertencia social procede de la última medición laboral disponible, correspondiente al primer trimestre. La economía sumó 118,631 ocupados netos respecto de un año antes, pero 82.7% del aumento fue informal y la tasa de informalidad alcanzó 54.1%. Esto no agota la calidad laboral, pero sí revela una debilidad estructural: el empleo avanzó y la formalización quedó rezagada.
República Dominicana demostró capacidad para absorber un choque geopolítico severo, pero absorber no equivale a superar. Las divisas, las reservas y la apreciación cambiaria compraron tiempo. Ese tiempo debe destinarse a focalizar subsidios, reducir la dependencia petrolera, acelerar renovables y almacenamiento, formalizar empresas y trabajadores, elevar la productividad exportadora y disminuir la exposición de la deuda a moneda extranjera. La verdadera fortaleza no consiste en pagar silenciosamente cada crisis, sino en convertirla en disciplina, diversificación y credibilidad. El país ya probó que puede resistir; ahora debe demostrar que sabe anticiparse.









