[dropcap]L[/dropcap]as cooperativas, por lo menos aquellas que podrían considerarse formales, aunque no estén reguladas o supervisadas por una entidad con suficiente capacidad fiscalizadora (y no me hablen de Idecoop), han demostrado una capacidad asombrosa de superación e impacto en sus comunidades. Es más, son ellas mismas las que han cuidado su buen nombre porque, prácticamente, se autorregulan.
Pero hay un tema que llama la atención y muy especialmente a quienes manejan las cifras. Sólo las cooperativas agrupadas en la Asociación de Instituciones Rurales de Ahorro y Crédito (AIRAC), que viene a ser como la “Superintendencia de las Cooperativas”, manejan activos por RD$47,000 millones y su tamaño global ha crecido un 83% desde 2012 cuando llegaban a RD$21,292.2 millones. Esta es una cifra respetable.
Estas entidades mutualistas, en términos prácticos, son como “empresas por acciones”. Cada socio es un accionista o aportante al capital y los activos. ¿Qué sucede cuando un socio renuncia o se va de la cooperativa? La fórmula aplicada indica que se le devuelven sus ahorros e intereses devengados a la fecha de su salida. ¿En qué plazo? Por lo general son diez días laborables para emitir el cheque.
¿Por qué no se calcula la proporción de los activos que le correspondería al socio una vez deja la entidad? Este es un tema que requiere de un análisis más amplio. Se supone que el tamaño de la institución crece con los días, ya sea con la capitalización de los intereses o por inversiones financieras. Si al momento de ingresar a una cooperativa los activos tienen un valor X y luego, al momento de salir, su valor sube a X1 o Y, entonces es de suponer que ese socio contribuyó con ese crecimiento. ¿Por qué no se le devuelve una proporción de su contribución? Sin duda, esto plantea un reto para el sector financiero y las autoridades.
Lo justo es que se busque alguna salida o fórmula para capitalizar la contribución que ha hecho ese socio a la cooperativa. ¿A quiénes pertenece la cooperativa? A los socios. Entonces, es de suponer que alguien habrá de dar cuentas por el crecimiento de los activos tangibles e intangibles con que cuenta una cooperativa.
Cada peso que ahorra un socio forma parte de los activos (pasivo + patrimonio) por lo que es entendible que si hay un crecimiento natural del tamaño de la institución, quien aporta debe ser, al mismo tiempo, beneficiario.
Aunque para muchos las cooperativas operan bajo la sombra, porque se autorregulan (y a veces lo hacen muy bien), lo cierto es que hay muy buenos ejemplos de gestión, crecimiento y aportes a sus comunidades. Estas bondades, por supuesto, deben ser acompañadas de una correcta aplicación de su filosofía, la cual está amarrada al mutualismo.










