La ponderación del sector privado en el crecimiento económico dominicano es irrefutable. No existen dudas, ni siquiera mínimas, de que sin empresas que aporten valor al producto interno bruto (PIB), empleos formales y generen divisas a través de las exportaciones, pueda haber un país que logre las metas de desarrollo.
La economía ha experimentado los más altos niveles de desarrollo en América Latina durante los últimos 20 años, lo cual ha sido tomado como referente en foros nacionales e internacionales. República Dominicana ha logrado, incluso, controlar la inflación hasta el punto que ha sido motivo de preocupación por las autoridades monetarias, ya que para motivar el consumo, por un lado, han tomado decisiones de política que impulsen la demanda interna y, por consiguiente, los precios hacia niveles más cercanos al rango meta.
El ministro de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD), Juan Ariel Jiménez, se inscribe entre aquellos dominicanos que reconocen el protagonismo del sector privado en crecimiento económico del país. A su entender, cuando se analiza la incidencia que tienen los distintos sectores en el crecimiento sostenido, éste sale por delante. Y tiene razón: es el principal generador de empleos e inversión.
Tomando como referencia los datos y las afirmaciones del ministro, y al analizar el enfoque del gasto, más del 70% del crecimiento en los últimos seis años se explica por el consumo privado y la inversión.
Si bien hay razones suficientes para reconocer el papel que juega el sector privado en la economía dominicana, hay variables que merecen especial atención. La expansión del PIB ha tenido que ver mucho con el sector privado, sí, pero también hay mucho de contradicción cuando se ve que sólo el crédito, para citar un ejemplo, debería tener una relación más cercana respecto a la economía total, ya que debería ser la banca el canal idóneo para financiar las actividades productivas.
En estos momentos, la relación del crédito privado con el PIB ronda el 27%, que es el rango más bajo de la región cuando se compara con los países de Centroamérica y el Caribe. A toda luz, hay un efecto indirecto de la inversión pública en el consumo privado o en la inversión.
Lo importante en este caso, independientemente del enfoque, es que se reconozca que más allá de la ponderación que tiene hoy día el sector privado en el PIB, lo que debería hacer el Estado y quienes lo administran, es fortalecer el papel que tienen las empresas formales en la economía. El sector privado, principalmente las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipyme) y las industrias con vocación exportadora, deberían tener las mejores condiciones para hacer negocios, pues esto sí tiene un efecto multiplicador.











