Para el investigador del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLADS) de INCAE Business School, Jaime García, el desempleo que deja la crisis sanitaria del covid-19 se ha convertido en una pandemia que América Latina debe combatir con una agenda competitiva, “encaminada al progreso social que permita una rápida recuperación”.
“Para que nuestros países puedan disminuir los costos económicos y sociales de la crisis pandémica, tendrán que implementarse proyectos y estrategias que construyan un entramado institucional más sólido, transparente y eficiente”, explicó García.
Hizo énfasis en la crisis económica que embarga a millones de familias que han visto reducidos sus ingresos por la disminución de sus actividades económicas, por la falta de empleo o por la imposibilidad de conseguir una nueva oportunidad laboral, además del impacto sanitario que representa el coronavirus en sí, que “ha venido a deteriorar el nivel de vida de millones de personas en el mundo”.
El especialista instó al aprovechamiento de la digitalización que se ha impulsado tras el confinamiento, así como la reducción de tiempos de apertura de negocios, el trámite de servicios públicos y la creación de ventanillas para facilitar la interacción entre los ciudadanos y los gobiernos locales.
“Se tienen que impulsar intervenciones con base en alianzas público-privadas, pues es claro que son las empresas las que crean la prosperidad y los empleos, pero que es el gobierno el que facilita el ambiente de negocios”, indicó.
Agregó que la competitividad de los países debe ser fomentada tanto a corto como mediano plazos, enfocándose en llevar prosperidad a las zonas rurales y en las mujeres y jóvenes como poblaciones principalmente susceptibles al desempleo, disminuyendo las brechas digitales y aumentando el acceso a los mercados financieros en el proceso.
“De no implementar este tipo de cambios y estrategias, los modestos avances que la región ha logrado durante los últimos años corren el riesgo no sólo de detenerse, sino de revertirse”, advirtió García.
América Latina, la región más afectada por el impacto económico de la pandemia

Los cálculos de organizaciones internacionales apuntan a que América Latina será la región en el mundo más afectada por la crisis económica. Según cifras del Banco Mundial, el producto interno bruto (PIB) de la región registrará una caída del -7.2%, con una disminución del -8.1% per cápita.
Estas previsiones resultan desalentadoras para García, quien recordó que la Gran Recesión del 2009 solo disminuyó el PIB de la región en un -1.8%. Por su parte, la crisis de los años 80 solo descendió un -0.5% en 1982 y un -2.52% el año siguiente.
“En palabras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), estamos ante la peor crisis económica de la historia moderna de América Latina, una caída que no se veía desde el periodo de 1914 a 1930”, acotó el investigador, advirtiendo de cómo este deterioro en la actividad económica incide directamente en las condiciones de empleo de las personas.
Explicó que la crisis económica se traduce a una disminución de la jornada laboral, alteración de las condiciones del trabajo y a un incremento en los empleos informales y el desempleo.
Añadió que, para la CEPAL, la tasa de desempleo tendrá un alza de 11.5%, es decir, unos 37.7 millones de personas sin trabajo y un aumento de 11.6 millones respecto al año anterior.
“Aunque por supuesto, el impacto es diferente entre actividades económicas, pues algunas han sido más afectadas por la pandemia que otras. Por ejemplo, el turismo prácticamente está detenido a nivel mundial, no así la producción de alimentos”, aclaró.
García también aportó la perspectiva global de la Organización Mundial de Trabajo (OIT), entidad que estima que las actividades de alojamiento, preparación de alimentos, manufactura, comercio al por mayor y menor y bienes raíces, están teniendo altas afectaciones en su producción.
Según la OIT, estas actividades aumentan el desempleo “considerablemente”, pues son sectores intensivos en mano de obra que emplean a millones de personas con bajos salarios, y en general con bajo nivel de calificación, particularmente en servicios de alojamiento, alimentación y comercio al por menor.
García detalló que, mientras las actividades económicas con alta afectación representan el 37.4% del empleo mundial, esa participación sube al 42.4% en América Latina, “y si se consideran los empleados en actividades de riesgo medio-alto el porcentaje es de 16.5%; es decir, más de la mitad de la fuerza laboral de la región está en actividades con afectaciones severas producto de la pandemia”.
Resaltó que estas cifras varían a lo interno dependiendo de la situación económica que vive cada país.
“En El Salvador la proporción de ocupados en sectores de alta afectación es del 46.6%, en Honduras es del 36.9%, en Guatemala del 34.4%, en Costa Rica el 32.7% y en Panamá el 31%. En números absolutos, para el total de estos cinco países de la región, estamos hablando de 6,514,567 personas con riesgo de disminuir o perder su ingreso”, dijo.
Analizando que el contexto actual pondrá a prueba la capacidad de las economías latinoamericanas para generar empleos, García hizo eco de la importancia de “empezar a aplanar la curva del desempleo” y retomar el camino hacia el crecimiento económico a través de una agenda enfocada a la construcción de economías y sociedades más resilientes.












