El último paradigma por romper que quiero proponer es aquel de que República Dominicana es “inagotable”.
Esta idea es realmente dañina y la verdad es que si seguimos dispendiando nuestros recursos de la forma en que lo hacemos, el espejo será el Haití que tanto odiamos. Durante los últimos 24 años, pero especialmente en los últimos 12, el daño al territorio, particularmente en cuanto a los niveles de desertificación, contaminación de basura y perdida de recursos hídricos es realmente aterrador y de nosotros mantenerlo seremos un desierto para el 2050. El crecimiento poblacional hace que hábitos que eran totalmente aceptables hace unas décadas hoy son anatema.
Hay tres medidas impostergables para resolver esta realidad y de relativamente bajo costo económico.
Primero, devolver a los parques naturales su autonomía, sacar de ellos la explotación comercial prohijada por la administración anterior y permitir que la naturaleza vuelva a restablecer el balance roto.
Segundo, las tierras del CEA, que a partir de la muerte de Trujillo han servido para ser robadas por políticos y generales, podrían ser declaradas reservas forestales y crear en ellas, con el apoyo del Ministerio de Medioambiente, los bosques que un día cubrían toda nuestra isla. Un esfuerzo como éste generaría un profundo cambio en el nivel de desertificación, serviría como acumulador y generador de aguas y sería un seguro de vida para la industria del turismo y para las próximas generaciones.
Tercero, una campaña educativa universal de reciclaje para toda la población. Necesitamos que esa gran masa humana que se encuentra desde Santiago a Santo Domingo desarrolle una nueva relación con los desechos sólidos. Hay una ley recién aprobada, eso es un buen paso. Ahora no podemos esperar 10 años en lo que se emite un reglamento y se empieza su aplicación. La misma ya llega tarde. El actual gobierno debe hacer del reciclaje una prioridad nacional.
Romper estos tres paradigmas sin lugar a duda cambiarían la cara de República Dominicana generando empleo y moviéndonos en un camino hacia la sostenibilidad como nación. Romper estos paradigmas serían una herencia inestimable para nuestros hijos y un verdadero cambio en el paradigma del país que creamos. Pues, de una tierra desertificada, con una amplia brecha entre ricos y pobres y con el poder tremendamente concentrado en un minúsculo grupo, pasaríamos a ser un país otra vez rico en recursos naturales, disperso y horizontal en cuanto a la distribución del poder y la riqueza. Y Todo empieza con una decisión. ¿Te atreves?






