Nadie, en su sano juicio, quiere comprar caro. Ahora bien, todos, en su sano juicio (también), quieren vender caro. Depende de la dependedura. Si usted es consumidor busca el precio más bajo, pero si es productor o fabricante, entonces su objetivo es vender al mejor precio posible, pues así garantiza una mejor tasa de retorno o utilidades ¿Cómo poner sobre la lógica esta dicotomía del “asigún”?
Ahora todos nos estamos volviendo locos porque los precios están subiendo cada día. Sucede aquí en República Dominicana y en el resto del mundo. Estados Unidos registra la peor inflación de los últimos 40 años y la Unión Europea ha destinado más de 15,000 millones de euros para paliar el alza en los combustibles. En países desarrollados como Reino Unido, Bélgica y Luxemburgo, el gobierno ha tenido que subsidiar la factura de energía a una parte de la población, pues los costos se han disparado a niveles sin precedentes.
Cada vez que leemos sobre el petróleo nos damos cuenta que su cotización se eleva cada día y que, al parecer, no se detendrá durante un largo tiempo. Mientras haya pandemia por el covid, tensiones por el conflicto en Ucrania, dificultades en el transporte marítimo y una demanda insatisfecha en el mercado, no podemos esperar otra cosa que no sea inflación. En todo este tema hay un enemigo que nos impide entender las razones de la inflación y sus efectos en nuestra economía. Se trata de la ignorancia y la capacidad que tienen algunos, “inteligentes aprovechados”, de difundir mensajes que, en vez de luz, arrojan más oscuridad en una población ávida de conocimiento útil. ¡Ojalá pare pronto!
Si los costos suben para un productor agropecuario o de manufactura, ¿qué podemos esperar? ¿Qué asuman el incremento? Jamás deber suceder. ¿Por qué? Porque desaparecía y sucedería lo peor: nos quedaríamos sin productos que consumir. La escasez es peor que la inflación. La economía, como todos sabemos, es transversal a toda actividad humana (incluyendo la política), razón por la cual es un tema que genera interés entre quienes buscan afectar la imagen de quienes (en su momento) gobierno el país. Una vez en la administración del Estado, entonces viene la realidad y choca de frente. No es fácil gobernar con un mercado que “te mete la inflación por boca y nariz” y sin poder evitarlo. El pueblo llano, la gente de a pies, no conoce de “inflación importada”, lo que le afecta es que su poder adquisitivo está afectado.
¿Y será cierto que el Gobierno no quiere que suban los precios? ¿Qué beneficios tiene la inflación en los ingresos del Estado? Este es otro enfoque merece un espacio. El título de esta columna refiere lo positivo y negativo de la inflación. ¿Qué significa?
Lo primero es que la inflación que afecta al mundo, luego de un proceso de recuperación económica que se inició a principios de 2021, está conectada con un aumento en la demanda (interna y externa) en todos los ámbitos.









