Por Katherine Durán, directora de la iniciativa “Soy niña, soy importante”, de Fundación Tropicalia
El acompañamiento a niñas y adolescentes en su desarrollo a lo largo de 10 años, nos impulsa a reflexionar sobre los desafíos que continúan presente en nuestro país, donde ellas, por el simple hecho de ser niñas, están expuestas a diversas inequidades. Y es que es evidente la profunda desigualdad social en la que vivimos en República Dominicana, la cual se revela a todos los niveles sociales, causando innumerables complejidades que afectan negativamente las posibilidades de soñar en grande para miles de niñas y adolescentes.
Esto ha quedado evidenciado en las historias que vemos día tras día en “Soy niña, soy importante”, una iniciativa de Fundación Tropicalia que busca educar y proveer a cientos de niñas de Miches las herramientas para tomar decisiones asertivas en su futuro. Bajo esta iniciativa, realizamos campamentos de verano para crear un espacio lúdico y recreativo para las niñas de Miches.
Con la llegada de la pandemia, nos vimos en la obligación de separarnos físicamente debido a las restricciones sanitarias. Aun así, no nos detuvimos y nos mantuvimos cerca, llevando “Soy niña, soy importante” hasta sus casas, una edición en la cual nos enfrentamos al reflejo de niñas que estaban sumergidas en los quehaceres del hogar, lejanas de sus deberes como niñas y en algunos casos lamentables incidentes de violencia. Un escenario donde quedó comprobada la importancia del involucramiento familiar para fortalecer el sano desarrollo de las niñas y lo vital que se vuelve contar con una red de apoyo que les facilite verbalizar cualquier situación de riesgo que necesite ser atendida.
La verdad es que trabajar directamente con niñas y adolescentes es una tarea urgente, y debe ser asumida por todos, esto no es exclusivo de una labor social. Año tras año los estudios nos muestran que las niñas están expuestas a un alto riesgo de ser privadas de sus derechos.
Por ello, hoy más que nunca, las niñas están sujetas a cientos de desafíos que bloquean sus posibilidades de vivir las etapas propias de su edad; horas extraordinarias en labores domésticas, innumerables uniones tempranas, alarmantes índices de feminicidios y violencia basada en género, altas tasas de embarazos juveniles, a lo que también se le suma una profunda deserción escolar. Todos estos factores conducen a un ciclo interminable de riesgos y desventajas que las empujan a echar a un lado sus ilusiones de soñar con un futuro alentador.
Frente a este panorama, como Fundación Tropicalia comprometidos con el sano desarrollo de la niñez dominicana, hemos evidenciado la necesidad de fortalecer los conocimientos y las capacidades de las niñas, como una clave necesaria para un mejor futuro para ellas y para la sociedad. Es por esto que, cada vez más, se hace necesario generar oportunidades de desarrollo y crecimiento para ellas. Sí, crear espacios que fortalezcan e impulsen sus habilidades, porque eso es justo lo que ellas necesitan, que les permitan ser niñas y que les hagan ver que sus sueños sí se pueden hacer realidad.
¿Queremos que los sueños de nuestras niñas sean alcanzables? Pues debemos asumir el compromiso de velar por el cumplimiento de sus derechos. Seamos realistas, el verdadero cambio inicia en casa, a través de cada uno de nosotros, siendo más conscientes del gran reto que tenemos como sociedad, de la responsabilidad que tenemos en nuestras manos; derribar las barreras que limitan los sueños de miles de niñas, y por ende el progreso de todo un país.






