A finales del siglo XVIII, el economista y eventual miembro de la Royal Society Thomas Robert Malthus, en su libro anónimo titulado ‘Un ensayo sobre el principio de la población’, hizo un pronóstico bastante sombrío. Predijo que el crecimiento exponencial de la población, de la mano con un incremento lineal de los alimentos y demás recursos, conduciría a la disminución de los salarios, a aumentos en la inflación y, como consecuencia, a un descenso abrupto de la población, producto de las hambrunas y guerras resultantes. Desde entonces, esa predicción se conoce como crisis o catástrofe Malthusiana.
En ediciones posteriores del libro, Malthus identifica dos tipos de obstáculos que se oponen al vc crecimiento poblacional: por un lado, aquellos obstáculos voluntarios que denomina preventivos o privativos, y que incluyen el control de natalidad, la posposición del matrimonio, el celibato y las pasiones “contrarias al voto de la naturaleza”, todos asociados a la “repugnancia moral”. En contraste, los obstáculos que llama destructivos son aquellos que asocia con la miseria humana, y abarcan las guerras, epidemias, pestes y el hambre.
Es debatible si la historia le dio o no la razón a Malthus. Sus detractores argumentan que dicha catástrofe nunca llegó a materializarse, y muestran como evidencia el hecho de que la población ha crecido de manera sostenida en los últimos 200 años. En cambio, hay quienes argumentan que, si bien hasta ahora hemos evitado el colapso poblacional predicho, la pobreza persistente en gran parte del mundo demuestra que el autor estaba en lo correcto, y que es cuestión de tiempo para que ocurra una crisis demográfica.
Independientemente de si se avecina o no una catástrofe de esta naturaleza, hay dos aspectos que el autor no consideró, o solo consideró de manera tangencial, en su análisis. Primero, en su época se desconocía el concepto de transición demográfica, la realidad empírica de que la población de los países pasa por las siguientes fases: en su etapa de bajo desarrollo económico tienen altas tasas de natalidad y mortalidad (fase I), seguida de una disminución en las tasas de mortalidad, resultado de avances en sanidad, salud pública y seguridad alimenticia (fase II).
La fase III consiste en una caída acelerada en las tasas de natalidad, producto de un mayor acceso a métodos anticonceptivos, mejoras en los salarios, educación y empoderamiento de la mujer. En la siguiente fase (IV), las tasas de natalidad y mortalidad se mantienen bajas.
El crecimiento de la población en la primera fase la población es bajo y estable, acelerándose en la fase II, para luego reducir su ritmo en la tercera fase y estabilizarse nuevamente en la fase IV. Esta dinámica provoca que la población, en lugar de crecer de forma exponencial como predijo Malthus, aumente acorde a una función logística.
El segundo aspecto omitido por el autor está relacionado con la tecnología, o la forma en que los factores de producción, especialmente la mano de obra y el capital, se combinan para llevar cabo la actividad productiva. Malthus entendía que un aumento en la población y, por tanto, en la oferta de fuerza laboral, conduciría a una productividad decreciente de la mano de obra. Este abordaje no toma en cuenta que los cambios en la productividad de la mano de obra dependen además del ritmo de crecimiento de los demás factores, en este caso el capital. Asimismo, la adquisición de habilidades por parte de la empleomanía (tecnologías trabajo-aumentativas) conducen a un uso más eficiente de la maquinaria, tierra y otros factores.
Aunque la evidencia empírica y la fragilidad de los supuestos fundamentales del modelo de Malthus empujarían a pensar que sus predicciones estaban equivocadas, a finales del siglo XX surgieron corrientes, principalmente de corte medioambientalista, con una visión malthusiana. En la próxima entrega de esta entrada abordaremos las características de esas posturas y como, más recientemente, en algunos círculos la discusión en torno a la dinámica demográfica ha girado hacia una posible ‘crisis malthusiana inversa’, ocasionada por la baja fertilidad y el envejecimiento poblacional.
Por: Oscar Iván Pascual Vásquez




