Si bien la región de América Latina y el Caribe captó US$224,579 millones en 2022 por la inversión extranjera directa (IED), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indica que las naciones tienen el reto de atraer y retener el capital foráneo con un personal tecnificado y que dirijan sus conocimientos hacia la cuarta revolución industrial.
Esta acción contribuirá con el desarrollo sostenible e inclusivo de la región, crear empleos de calidad, la transferencia tecnológica y la diversificación y sofisticación de la producción. De hecho, resalta que los incentivos fiscales no son suficientes para atraer mayores inversiones, “por lo que se debe combinar una decisión de factores como infraestructura, capacidades productivas, habilidades y una cadena de valor”.
El BID establece que el flujo de capital se debe al interés en las inversiones en servicios, hidrocarburos y la continuidad de las inversiones en manufacturas. Solo en Brasil las inversiones manufactureras ascendieron a US$19,642 millones en 2022.
De acuerdo con el informe “La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2023”, publicado por el BID, las energías renovables fue el principal sector de interés, al captar US$350,000 millones.
A este les siguen “carbón, petróleo y gas natural” con US$100,000 millones, “semiconductores” con US$90,000 millones. Mientras, “componentes electrónicos” y “software y servicios informáticos” suman unos US$80,000 millones y US$70,000 millones, respectivamente.
En tanto, el sector inmobiliario (US$65,000 millones), metales (US$60,000 millones) y transporte y almacenamiento (US$55,000 millones) reportan menor monto de capital foráneo.
Pero, además, entre 2005 y 2022, el BID registró que la energía eólica atrajo US$570,000 millones, la energía solar con US$444,000 millones y la energía de la biomasa y los biocarburantes por US$170,000 millones.













