Punta Cana, un rincón paradisíaco ubicado en el distrito municipal de Verón, en la provincia La Altagracia, en la costa este de República Dominicana, es el destino líder de turismo en el Caribe. Sin embargo, a pesar de su éxito abrumador, este gran enclave enfrenta desafíos inmediatos que requieren atención urgente.
En agosto de 2023, este lugar recibió un impresionante 58% del total de los viajeros que arribaron al país vía aérea, popularidad que es acompañada de una serie de retos para su final conversión en un espacio turístico sostenible.
Uno de los compromisos más apremiantes es el diseño y la puesta en marcha de un plan de ordenamiento territorial (PDT) que pueda asumir la gran expansión y problemáticas que impactan a este destino y su entorno. Este instrumento de planificación sería la guía que establezca los lineamientos de usos, ocupación y aprovechamiento del territorio tomando en cuenta los pilares de la sostenibilidad: la dimensión medioambiental, los aspectos sociales y culturales, así como el impacto económico.
El PDT de Punta Cana debería ser elaborado bajo un sistema participativo que contribuya a realizar un diagnóstico real y efectivo de las principales dificultades que posee la zona, y bajo esas primicias diseñar las estrategias que definan la visión de desarrollo, la conceptualización y priorización de objetivos, así como la estructuración de sus líneas de acción a seguir, para finalmente concluir con el plan de inversiones requerido a corto, mediano y largo plazo.
Entre las principales problemáticas que debería abordar ese PDT, de manera urgente, está la de un sistema de abastecimiento de agua para consumo humano y actividades relacionadas con el turismo, y es que, a más de cincuenta años de los inicios de desarrollo de la zona, todavía carece de un sistema de acueducto que garantice un suministro constante y de calidad. Esta situación es insostenible a largo plazo y pone en riesgo la calidad de vida y operatividad en el sitio que posee la mayor oferta turística y generación de divisas, a partir del turismo, que posee el país.
Otro reto importante es la carencia de una adecuada gestión de sus aguas residuales y excretas. Si bien es cierto que las infraestructuras turísticas, en su gran mayoría de manera individual, han trabajado este asunto, en lo que respecta a la población residente en la periferia, no cuentan con un sistema apropiado. Tampoco se visualiza una solución sostenible y ecoamigable ante la gran producción de residuos, los cuales han aumentado considerablemente, poniendo en riesgo los valiosos ecosistemas naturales que atraen a los visitantes.
La infraestructura de transporte también es un punto crítico. El bulevar de Punta Cana se ha convertido en una vía alterna de tránsito debido a la necesidad de una mejora en su conectividad, mientras que el tráfico aumenta día a día. Finalmente, en cuanto a este tema es destacable la inexistencia de un servicio de transporte público, situación que convive con la compleja relación entre transportistas locales y las nuevas opciones de traslados que se ofrecen a través de plataformas digitales.
Hace pocos meses se inauguró el hospital público de Verón, una obra esperada durante años, pero que resulta insuficiente ante un desarrollo poblacional imprevisto en la zona, así como por el alto nivel de visitantes, los cuales desarrollan actividades de bajo, medio y alto impacto. Ante esta realidad, se requiere un centro de salud público que ofrezca servicios médicos de mayor complejidad que un hospital de primer nivel como el recién abierto.
Como se ha expuesto, contar con un plan de desarrollo territorial es urgente, pues el distrito municipal de Verón, que abarca el destino de Punta Cana, así como los enclaves con vocación turística y residencial en la zona, merece ser cuidado y preservado, a través de un esfuerzo conjunto entre el Gobierno, el sector privado y la comunidad local, de forma tal que aseguren que este paraíso continúe.













