Con el objetivo de garantizar una explotación segura y eficiente de los recursos mineros en los océanos, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar creó el Consejo de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, la cual busca regular la minería submarina.
El interés comercial de los países miembros se concentra en tres tipos de yacimientos de minerales marinos: nódulos polimetálicos, ubicados en el fondo marino en las llanuras abisales; los sulfuros polimetálicos, que están en los bordes de las placas tectónicas situadas a lo largo de las dorsales centro oceánicas, y las costras cobálticas, que se encuentra en los montes submarinos de Magallanes en el océano Pacífico, al este del Japón y las Islas Marianas.
Todos estos yacimientos están llenos de manganeso, hierro, cobre, níquel, cobalto, plomo, oro, zinc, litio, titanio, niobio, entre otros minerales.
De acuerdo con el embajador Edward Aníbal Pérez, representante permanente de República Dominicana ante el Consejo de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, sigla en inglés), con sede en Kingston, Jamaica, la exploración se realiza en “La zona”, un espacio que se encuentra entre Hawái y México, que lleva por nombre Clarion-Clipperton, donde se han localizado nódulos de manganeso.
“La zona de Clipperton es donde hemos entendido, como organización, que es donde más hay de estos recursos naturales que tienen los fondos marinos”, explica, al señalar que desde hace más 26 años se creó esta organización para explorar los fondos marinos.
Según un artículo de Naciones Unidas, en la zona de Clarion-Clipperton en el Pacífico Oriental, que se encuentra a profundidades de entre 3,500 y 5,500 metros, se encuentra “más níquel, manganeso y cobalto que todos los recursos terrestres juntos”.

Para algunos expertos, la cantidad de minerales que existen podrían garantizar el futuro energético del mundo, “porque ahí están todos los metales raros que vamos a necesitar para las baterías, los celulares, computadoras, entre otros. Entonces, hablamos de una transición energética a base de los recursos que están debajo del mar”.
A pesar de los múltiples beneficios económicos, los miembros de ISA se cuestionan cómo afectaría la minería oceánica al planeta Tierra. “El reto mayor que tiene todo el proceso tiene que ver con el medio ambiente, porque si bien es cierto que es de una riqueza inimaginable, el mar es el equilibrio de nuestra vida en el planeta como la conocemos”, precisa Pérez Reyes, quien es el primer representa del país ante el organismo.
Agrega que “desequilibrar un elemento vivo como el mar puede traer consecuencias nefastas. Nosotros, la comunidad internacional y la comunidad científica internacional no sabemos todavía las dimensiones de lo que puede llevarnos este proceso”.
Entiende que el océano juega un papel fundamental para la estabilidad ambiental, ya que absorbe la mayoría de los gases que nosotros lanzamos a la atmósfera. Por tal razón, República Dominicana junto a países de la región y Europa han pedido una pausa preventiva para continuar explorando y aprendiendo sobre los fondos marinos.
“República Dominicana está comprometida con el proceso”, asegura Pérez Reyes, al destacar que la posición del país es que se haga de “forma responsable en nombre de la humanidad, como dice la Convención, y no que lo haga una potencia económica mundial, que puede hacerlo sin regulación y de manera unilateral”.
Para contrarrestarlo y garantizar la correcta explotación, recomienda crear un marco regulatorio fuerte, que impulse un proceso ordenado. “Hay que garantizar que ese proceso se haga de calidad y que la explotación, si se hace, se haga con mucho tiempo, para que podamos conocer cuáles serían las consecuencias medioambientales”.













