Nueva vez, representantes de gobiernos, líderes mundiales, organismos internacionales, sociedad civil, expertos, jóvenes agentes de cambio, emprendedores y medios de comunicación se reunieron esta semana en el marco del Foro Económico Mundial, evento realizado anualmente Davos, Suiza.
En esta ocasión, las preocupaciones de este foro abarcaron cuatro temáticas de interés global: i) Seguridad y cooperación en un mundo fracturado; ii) Crecimiento económico y empleo para una nueva era; iii) La inteligencia artificial como motor de la economía y la sociedad, y iv) Diseño de una estrategia a largo plazo para el clima, la naturaleza y la energía.
Los organizadores de este foro siempre han sido ambiciosos en cuanto al alcance e importancia de los temas tratados, aunque no se tienen evidencias de los logros e impactos que se hayan tenido a nivel global como resultado de los acuerdos y convenios establecidos durante su realización.
Aunque la inquietud sobre los problemas de seguridad en el mundo es válida, cuyas soluciones son también de interés colectivo, es poco probable que conflictos como los de Rusia y Ucrania, Israel y Hamas en la Franja de Gaza, y otros que tienen lugar en el Oriente Medio, se puedan resolver en una mesa de negociaciones o en un foro que es, sobre todo, de negocios y economía.
Más aún, conflictos como el de Rusia y Ucrania tiene una connotación geopolítica que, además, puede traducirse en un tema económico; mientras que el de Hamas e Israel tiene un origen histórico y no parece que concluirá en una negociación o en un abrazo fraterno. Lograr un nuevo marco económico para impulsar el crecimiento global y, al mismo tiempo, poner a las personas como los beneficiarios últimos de ese proceso, es algo aplaudible y, hasta cierto punto, loable.
Sin embargo, si no ha sido posible coordinar acciones para, por ejemplo, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar el impacto del cambio climático y el calentamiento del planeta, se ve como difícil promover acuerdos entre gobiernos, sociedad y empresas para posibilitar una mayor expansión de las economías y que esto repercuta positivamente en los consumidores y en la población en general. Hay una realidad más allá de las buenas intenciones del foro, y es la competitividad interempresarial, la batalla geopolítica, los mercados internacionales.
La preocupación por el buen uso de la inteligencia artificial y su rol como instrumento para mejorar el funcionamiento de la economía y la sociedad también estuvo presente en este Foro. No caben dudas de que la inteligencia artificial amenaza con cambiarlo todo en el mundo. Aunque las conclusiones del foro vayan solo en la vía de regular adecuadamente el uso de la inteligencia artificial, así como en la dirección de que su impacto sea positivo, lo cierto es que aprender más del tema y ponerle mayor atención a la utilidad que dicen tener es una tarea pendiente.
Finalmente, Davos 2024 abordó también lo relativo a la necesaria descarbonización que se requiere para alcanzar el objetivo de que se detenga el nivel de calentamiento que experimenta el planeta. Este es un tema recurrente en casi todos los escenarios mundiales, y deberá continuar siéndolo hasta que se tomen acciones globales, serias, concretas y reales para resolver esta problemática. Y hará falta algo más que confianza para reconstruir este planeta si no se hace algo urgente para combatir el cambio climático.






