No hay dudas de que en República Dominicana hay problemas de difícil solución o que para resolverlos habría que dedicar más tiempo.
Sin embargo, existe otros que realmente son fáciles de resolver y que, por unas u otras razones, persisten ante una aparente indiferencia de las autoridades llamadas a resolverlos.
Un ejemplo de ello es la facilidad con que los presos, especialmente en la cárcel La Victoria, adquieren sofisticados equipos de telecomunicaciones que utilizan, generalmente, para producir estafas y hasta para continuar sus operaciones delictivas desde la presión.
No parece ser tan difícil mantener un control estricto de la entrada de equipos de comunicación en las celdas de la cárcel pública más grande del país. Se trata de un espacio controlado, donde, para que haya filtración y privilegios, debe existir complicidad con las autoridades llamadas a evitarlos. Ese es un problema de fácil solución, pero donde se requiere voluntad política.











