Aunque pueda resultar difícil de creer, hace unos días, precisamente el 20 de febrero de este año, se cumplió el segundo año del inicio de la agresión de Rusia contra Ucrania. Entrando a un tercer año de guerra en Europa, vemos cómo pasamos a una etapa todavía más peligrosa para la estabilidad geopolítica de la región y del mundo.
Cuando Rusia inició su ataque despiadado contra Ucrania, hace ya más de dos años, nadie se podía imaginar que en pleno Siglo XXI se desataría una guerra en el centro del continente europeo. Los días de agresiones entre países que se suponían desarrollados, ya parecía que habían quedado en el pasado; pero, como ha sido el caso en la historia humana, la ambición desmedida y la falta de democracia e institucionalidad dieron lugar a una vil guerra de agresión.
Desde el inicio, la perspectiva para Ucrania no era muy alentadora. A pesar de sus debilidades, Rusia sigue siendo una de las grandes potencias mundiales, usualmente considerada entre las 10 mayores del mundo, con una población de más de 140 millones de habitantes (contra los aproximadamente 43 millones de ucranianos), y cuenta con unas fuerzas armadas que, si bien hemos visto en esta guerra, tienen serias dolencias, siguen siendo una fuerza que merece respeto.
A pesar de la disparidad entre los dos países, Ucrania ha luchado noblemente para detener el avance ruso, y la guerra se ha convertido en una especie de reedición de la Primera Guerra Mundial, pero con la tecnología del Siglo XXI.
No obstante, no deja de ser el caso de que el éxito que ha logrado Ucrania también se debe a los importantes aportes de Estados Unidos y países europeos a la defensa de este país.
Ahora se vislumbra un cambio en la política estadounidense, algo que pone en peligro a la seguridad de Ucrania. Si bien el presidente Biden sigue apoyando a Ucrania, los republicanos que controlan el Congreso, así como el presunto candidato presidencial de ese partido, se resisten a continuar aportando ayuda a Ucrania, lo que le da un elemento de ventaja a Rusia.
Otro elemento de inestabilidad es la posibilidad de que Ucrania acceda a la OTAN, una propuesta que también ha sido ampliamente debatida. Si resulta acogida, no se puede descontar la posibilidad de que, en efecto, se esté librando una guerra entre Rusia y las potencias occidentales.
Puede parecer como ciencia ficción o, al menos, algo poco probable de ocurrir, pero un escenario en el cual una Ucrania golpeada, con poca ayuda externa, empiece a sucumbir ante la embestida rusa es posible para este año. El presidente de Francia, Macron, precisamente, ante esta posibilidad, tampoco descartaba que tropas de esa nación se vean directamente involucradas en el conflicto en caso de que esto ocurra.
Para el año 2024, esta guerra será uno de los principales motores de inestabilidad macroeconómica y, a pesar de la distancia física, merece nuestra atención. Un tercer año de guerra en el continente europeo no solo es algo imprevisto, sino que tiene la posibilidad de cambiar el curso de la historia para todo el planeta.










