Tinta, una ballena jorobada a la que biólogos marinos y expertos en cetáceos han bautizado con ese nombre, desde 2004 ha sido una visitante recurrente en la Bahía de Samaná, en la costa noreste de República Dominicana. Durante casi una década, todos creían que era un macho, pero en 2013, Tinta dio una sorpresa inolvidable: llegó acompañada de una cría, revelando su verdadero género y agregando un nuevo capítulo a su historia.
Las ballenas jorobadas son identificadas por un patrón único en la parte inferior de su cola, similar a una huella dactilar humana, que permite a los investigadores reconocerlas con precisión. Sin embargo, observar este patrón es difícil, ya que estos colosos del mar sólo muestran sus colas fuera del agua en ciertas ocasiones, lo que requiere paciencia y suerte por parte de los observadores.
Aun así, Tinta se ha destacado por su constante retorno a un área específica de la bahía, a diferencia de otras ballenas jorobadas. Esto ha permitido a los científicos comprender mejor cómo estos cetáceos pueden tener una “zona de confort” dentro de los santuarios marinos del Banco de la Plata y Banco de la Navidad, en Samaná, creados en octubre de 1986.
Eleuterio Martínez, quien ha jugado un papel crucial en la creación de la mayoría de las áreas protegidas de República Dominicana, incluidos estos dos hasta la cordillera Beata, explica que las ballenas no acuden a ciertas áreas debido a la interferencia humana, sino porque están siguiendo patrones genéticamente codificados en su ADN. Esto se basa en la noción de memoria evolutiva, donde las especies tienden a repetir comportamientos que han demostrado ser beneficiosos históricamente.
Es así como la bahía, con su belleza natural y rica biodiversidad, se ha convertido en un refugio para Tinta. Este santuario, sin embargo, está en peligro. En el lugar que Tinta ha elegido se está desarrollando uno de dos puertos de cruceros, los cuales no solo amenazan con alterar el hábitat que ella ha preferido durante años, sino también la zona de reproducción de millas ballenas jorobadas que llegan a aguas cristalinas del océano Atlántico en República Dominicana.
Construcción a vapor, ¿sin planificación o sobre la marcha?
Samaná se prepara para recibir una nueva era de turismo marítimo con la apertura de dos puertos de cruceros. Por un lado, la terminal turística y de cruceros Samaná Bayport, ubicada en el malecón de Santa Bárbara, se encuentra en fase de construcción y tiene previsto su primer arribo para el 7 de noviembre de 2024.
Por otro lado, el puerto Duarte en Arroyo Barril, con una inversión de US$68 millones, se convertirá en una terminal de cruceros bajo un contrato de alianza público-privada, con la proyección de recibir unos 300,000 cruceristas en su primer año de operación en 2025. Tiene como autoridad y unidad contratante a la Autoridad Portuaria Dominicana (Apordom) y la empresa que ganó el proceso competitivo fue ITM Group.
En pocas palabras, se prevé tener dos terminales de barcos para actividades turísticas y de ocio a menos de 30 kilómetros de distancia en una zona sensible en términos medioambientales. Debido a esto, hay aprensión de parte de defensores de la biodiversidad.
La preocupación en torno a estas dos infraestructuras marítimas no gira necesariamente sobre la cercanía y la aparente competencia que podría generar acerca de cuál atraerán más cruceros, sino sobre el impacto que podrían tener sobre las ballenas jorobadas que cada año visitan la zona.
Por ahora se trata de probabilidades, porque ambientalistas, investigadores y biólogos marinos consultados por este medio se cuestionan cómo iniciaron las construcciones sin estudios “claros y precisos” de impacto ambiental, o si quiera, económicos para las comunidades aledañas.
De hecho, mientras Kim Beddall, experimentada guía de observación de ballenas y propietaria de Whale Samaná, reflexiona sobre cómo las obras comenzaron sin aparente coordinación, la inquietud del biólogo Luis Carvajal se centra en la construcción del puerto sin que se hayan completado los estudios de impacto ambiental. Esta situación plantea serias dudas sobre el manejo responsable del entorno natural.
Al ser abordados por elDinero, la empresa ITM, encargada de la construcción del puerto en Arroyo Barril, destacó su experiencia en la construcción de muelles y operaciones portuarias. Reconocieron que, aunque no son expertos en el comportamiento de las ballenas, han estado colaborando estrechamente con organizaciones ambientales locales para obtener la información necesaria.
Hasta el momento se cuenta con un primer estudio ambiental que evalúa el impacto directo en el área de construcción y zonas cercanas, dado a conocer el pasado 29 de mayo de 2024. Asimismo, el “Estudio de Impacto Ambiental”, no disponible para el público, pero al que elDinero tuvo acceso durante su presentación, ofrece detalles sobre los efectos indirectos de la construcción en la disponibilidad del agua, el congestionamiento del flujo vehicular y el potencial dinamismo económico. Sobre las ballenas, se propone ejecutar un programa de vigilancia.
Respecto al aumento en el número de cruceros y turistas que provocaría la obra, y su probable impacto sobre los mamíferos marinos, el consultor ambiental de la empresa ITM, Oswaldo Vázquez, delegó la responsabilidad del cuidado de las ballenas y la regulación de la industria de observación en Samaná en varias organizaciones, entre ellas la Armada de República Dominicana y el Ministerio de Medio Ambiente.
Si llegan 2,000 turistas, y 2,000 turistas quieren ver ballenas, eso no es problema de nosotros, eso es problema de los que manejan la industria de observación de ballenas de Samaná. Hay 42 empresas establecidas por el Ministerio de Medio Ambiente para llevar a turistas a ver ballenas. No es ITM quien lleva a ver ballenas, es el Ministerio de Medio Ambiente quien da permiso para ver
Oswaldo Vázquez, consultor ambiental Tweet
Esta declaración enfatiza la división clara de responsabilidades, donde la empresa ITM no asume directamente el cuidado de las ballenas ni la organización de actividades de observación, sino que estas son supervisadas y reguladas por entidades gubernamentales pertinentes. En este caso, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Mimarena) desempeña un papel central al otorgar permisos y establecer normativas para garantizar una práctica turística responsable y respetuosa con el medio ambiente en Samaná.
Sin embargo, desde ese organismo estatal aclaran a elDinero que “hasta que no nos llegue la propuesta de lo que se pretende desarrollar y la ruta, no podemos opinar”. Entienden que hay suficiente evidencia en el mundo de que estas actividades pueden coexistir, siempre y cuando se tomen las medidas pertinentes, se reglamenten y las reglas se cumplan. “Para tomar medidas y reglamentar, primero debemos conocer la propuesta, para poder indicar qué es viable, qué no lo es o proponer cambios”, enfatizan desde el Mimarena.
Esto sugiere una aparente falta de flujo de información entre las partes involucradas, a pesar de tratarse de un proyecto público-privado. “No queremos ir en contra de ellos, pero queremos ser sumamente honestos con nuestro tema, que es el tema ambiental”, dice Constanza Pollier Rahause, ambientalista y miembro de Foro Ambiental de Samaná (FAS), quien también cuestionó cómo se ha llegado a este punto sin un estudio de impacto ambiental adecuado.
La danza de las ballenas jorobadas






Desde el Mimarena enviaron un comunicado a este medio, detallando que se siguen los protocolos internacionales en cuanto a la navegación a baja velocidad para entrar a la bahía, con el fin de minimizar el impacto en las ballenas jorobadas. Además, aseguran que se aplica un protocolo estricto a las embarcaciones que participan en la actividad de observación de ballenas, incluyendo el monitoreo y vigilancia para garantizar el cumplimiento de las normas y asegurar el bienestar de las ballenas.
La medida sobre el límite en el número de embarcaciones permitidas para actividades de observación de fauna marina, así como un horario específico para dichas observaciones, con el objetivo de mitigar el impacto ambiental, se aplica exclusivamente a las embarcaciones de transporte turístico dedicadas a esta actividad y no incluye a los cruceros, explicó Omar Shamir Reynoso, biólogo marino de la Autoridad Nacional de Asuntos Marítimos (Anamar) a elDinero.
Sí hay un número de embarcaciones permitidas dedicadas a observaciones. Pero esa medida está dirigida exclusivamente a embarcación de transporte turístico que tienen la actividad de observación.
Omar Shamir Reynoso, biólogo marino de la Autoridad Nacional de Asuntos Marítimos (Anamar) Tweet
No obstante, en la mayoría de los lugares que tienen restricciones o directrices de velocidad para proteger a las ballenas, el límite es de 10 nudos o 18.5 km/h. La cifra se basa en una serie de estudios que compararon golpes fatales con golpes que, supuestamente, no mataron a la ballena. Los resultados mostraron que la probabilidad de que una ballena muera a causa de un impacto es de alrededor del 50% a 10 nudos, en comparación con la casi certeza de muerte al doble de velocidad.
Investigaciones recientes sugieren que incluso si el 95% de los grandes barcos redujeron su velocidad a 10 nudos, la reducción de la mortalidad de las ballenas sería del 30% como máximo. Otro estudio sobre la letalidad de los choques de barcos con ballenas son menos alentadores, afirmando que no existe una velocidad que realmente pueda considerarse segura. Un informe publicado en 2020 señala que el riesgo de matar una ballena a 10 nudos sigue siendo de alrededor del 80% para los barcos grandes, mientras que, para los buques más pequeños, como los pesqueros, el riesgo sigue siendo superior al 50%.
Según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, siglas en inglés), desde 2016 hasta enero de 2023 se reportaron 178 muertes de ballenas jorobadas. Aproximadamente la mitad de los varamientos en la costa este de Estados Unidos tuvieron necropsias totales o parciales y el 40% tenía evidencia de interacción humana, como un choque con un barco o un enredo. Otros presentaban choque con barco antes de morir, pero el organismo reconoció que se necesita más investigación.
Precedentes
Hasta hace poco se entendía que las mayores amenazas para las poblaciones de ballenas eran la pesca o la captura accidental. La caza comercial de ballenas, que mató a tres millones de ejemplares en el siglo XX, fue prohibida en la mayoría de los países a mediados de 1980. Pero desde entonces, otra amenaza ha seguido creciendo: el tráfico marítimo.
Un estudio de la Organización Mundial de la Sostenibilidad ha identificado que las colisiones entre mamíferos marinos y barcos, conocidas como “choques con barcos”, ahora se consideran una de las principales amenazas. Según estimaciones, cada año los buques de carga, cruceros y pesca matan unas 20,000 ballenas.
Si bien parece una realidad ajena a República Dominicana, en 2013 se reportó una ballena varada en una playa de Sánchez, en la provincia de Samaná. En ese momento se indicó que presentaba heridas en la cola y la cabeza. Las teorías acerca de las causas son variadas, desde quienes consideran se debe a redes de pesca hasta quienes lo atribuyen a una posible colisión con un crucero.
Aurelio Reyes, miembro del Foro Ambiental de Samaná (FAS) y Centro para la Conservación y Ecodesarrollo de la Bahía de Samaná y su Entorno (Cebse), presenció la trágica muerte de la ballena juvenil. Relató cómo el cetáceo, visiblemente herido y golpeado, fue arrastrado por las olas hacia la orilla, donde se batía entre la vida y la muerte.
“El juvenil tenía un golpe lateral en el cuerpo, estaba tan golpeado y herido, sobre todo internamente, que fue llevado a la orilla para morir”, explicó Reyes. “Lo sacamos y volvimos a la orilla. Cuando volvió por segunda vez, nos dimos cuenta de que quería morirse, así que lo dejamos tranquilo”, agregó, al tiempo que señaló un precedente preocupante: la presencia de un crucero.
Eleuterio Martínez cuestionó si la colisión fue realmente causada por un crucero. “Yo estuve ahí, presencié el incidente. Pero no creo que haya sido causado por un crucero. Era un neonato (bebé ballena), que son criaturas ágiles, aunque crecen rápido. No creo que una colisión con un barco sea la causa”, aseguró, mientras explicaba que es más probable que haya sido atrapado en una red de pesca, ya que estas suelen ser grandes y podrían haberle impedido moverse con libertad.
Choque de colosos: Ballenas jorobadas y cruceros
Los cetáceos recorren 7,000 kilómetros desde las costas canadienses para reproducirse o dar a luz en las aguas cálidas de República Dominicana. Durante la temporada de aparición y cortejo, el evento se convierte en un espectáculo impresionante donde las ballenas jorobadas exhiben comportamientos como saltos acrobáticos, golpes con las aletas y cantos melódicos para atraer a sus potenciales parejas.
El biólogo Nelson García Marcano especificó que al Caribe llegan entre 800 y 900 ballenas jorobadas anualmente, y al menos el 29%, es decir, 252 han sido identificadas en la Bahía de Samaná. Entre mediados de diciembre y finales de marzo, la llegada de estos mamíferos marinos no solo sirve de entretenimiento para los visitantes, sino que dinamiza la economía de la zona.
La cantidad de visitantes ha crecido en más de un 50% desde 2019, cuando se reportaron 71,261, hasta los 100,336 en 2022, y continúa incrementado. Para embarcarse en un bote para ir a ver las ballenas, los visitantes pagan un promedio de RD$250, por lo que se estima que el avistamiento de ballenas ha representado ingresos sobre los RD$27,119,000 en 2023.
Este número creciente de visitantes se debe al incremento de ballenas en las costas de Samaná. Solo en 2021 se registraron 605 ballenas jorobadas y 18 ballenas nacidas en Samaná, una cantidad de crías que había aumentado a 48 un año después, de un total de 944 gigantes marinos avistados. Esta cifra marcó la mayor cantidad en los últimos cinco años, según datos suministrados a elDinero .
En esa medida, la industria de cruceros está creciendo exponencialmente a nivel mundial, duplicando su tránsito marino, lo que sin duda ampliaría el impacto letal sobre las ballenas y República Dominicana no es la excepción. Según datos del Ministerio de Turismo (Mitur), en 2023 se registraron 662 operaciones de cruceros y 157 de ferris que atracaron en las costas dominicanas, presentando un aumento en comparación con las cifras de 2019, cuando el tráfico apenas alcanzó las 366 operaciones. En consecuencia, el riesgo de colisiones mortales con barcos podría dispararse.
Seguimiento de embarcaciones en tiempo real en República Dominicana
Es el tiempo prolongado en la superficie que las hace más susceptibles a colisiones con embarcaciones, como los cruceros que podrían navegar con más frecuencia en la zona. La temporada alta de cruceros puede variar según la región y el destino. No obstante, el mayor flujo en el Caribe y otras áreas tropicales suele ser durante los meses de invierno, desde diciembre hasta marzo, cuando el clima es más templado en muchas partes del mundo y es atractivo para los turistas que buscan escapar del frío. Esto coincide con la temporada de ballenas jorobadas en la Bahía de Samaná.
En ese sentido, Beddall advierte sobre los riesgos que enfrentan los cetáceos por el incremento de grandes embarcaciones turísticas en sus zonas de reproducción. Para ilustrar su punto, destaca la situación en la Bahía de Samaná, donde se estima atraer hasta 150 cruceros durante la temporada de apareamiento de las ballenas.
La principal preocupación de Beddall es que la ruta de entrada a la bahía atraviesa las áreas de concentración de ballenas , lo que podría resultar en una interferencia significativa en su comportamiento natural.

En sus declaraciones, también expone la complejidad de la situación, enfatizando que “la situación aquí es única, que no existe en ningún otro sitio en el mundo”. Esta singularidad geográfica, con una entrada de cruceros en el centro del área de avistamiento de ballenas, presenta desafíos únicos que requieren una atención cuidadosa y medidas de protección específicas.
Sin embargo, Martínez considera que la probabilidad de colisiones entre cruceros y ballenas durante la temporada alta de avistamiento es baja debido a la capacidad de las ballenas para detectar y evitar peligros potenciales. Además, señala que los cruceros, caracterizados por su velocidad relativamente lenta, permiten a estos mamíferos marinos percibir y evitar cualquier acercamiento que pudiera considerarse hostil.
Según biólogos marinos consultados, habría que considerar que las ballenas jorobadas suben a la superficie para respirar, ya que su capacidad pulmonar les permite permanecer sumergidas durante largos períodos. Aunque normalmente respiran cada 15 minutos, pueden permanecer sumergidas hasta 30 minutos o más, emergiendo brevemente para tomar aire antes de volver a sumergirse.
Aún así, Beddall alerta sobre los riesgos asociados con la interacción entre los cruceros y las áreas de reproducción de ballenas, resaltando que “ generalmente, los cruceros y áreas reproductivas de ballenas no son una buena combinación ”.

“El canal de navegación es único, no se puede cambiar porque compromete la seguridad de la navegación. El crucero pasa por una zona determinada que es un canal de navegación. Por seguridad no debe salir de eso hasta su punto de fondeo o puerto”, responde Shamir Reynoso.
Ante esta serie de preocupaciones, Diana Salciccia, consultora ambiental y encargada del estudio de impacto ambiental del puerto Duarte en Arroyo Barril y del parque temático que operaría en la misma zona , explica la avanzada tecnología de los cruceros, que incluye radares para detectar cetáceos y evitar colisiones. Además, se plantean alternativas como una adecuada gestión de horarios.
"Por ejemplo, los cruceros generalmente llegan al puerto temprano en la mañana y se quedan hasta la noche. Durante el día, cuando la actividad turística está en su apogeo, es fundamental que las operaciones de los cruceros no interfieran con el comportamiento natural de las ballenas y otros animales marinos".
Diana Salciccia, consultora ambiental. Tweet
Para Reyes, las ballenas no se van a quedar “tranquilas” esperando que vengan los cruceros y las choquen. “Si la ballena está en esa zona es por algo, por la seguridad que le brinda la bahía. Si el día de mañana la bahía deja de brindar esa seguridad y tranquilidad, se van a mudar a otro sitio”.
Contaminación acústica, verdadera amenaza y preocupación para biólogos marinos
Las ballenas tienen una variedad de formas de comunicación vocal. Es bien conocido que los machos de ciertas especies, como las ballenas jorobadas, emiten complejas canciones que pueden durar varios minutos. Sin embargo, las hembras también vocalizan, aunque no cantan de la misma manera. Estas se comunican principalmente con sus crías, utilizando vocalizaciones de frecuencia mucho menor que las canciones de los machos, que resultan cruciales para la comunicación madre-cría y se pueden ver afectadas por los ruidos externos, como los de los barcos.
Aunque los distintos expertos consultados entienden que las ballenas jorobadas pueden evadir un crucero con gran facilidad, la realidad es que un barco grande también crea algo llamado “efecto nulo de proa”, que bloquea el ruido del motor en la proa, creando una zona tranquila. frente al barco y dejando al animal acuático inconsciente del peligro inminente.
Este fenómeno ocurre debido a que el ruido del motor de carga ubicado en la parte trasera frecuentemente queda enmascarado o bloqueado por la parte delantera de la embarcación. Muchas veces una ballena o tortuga marina ni siquiera oye que un barco se acerca hasta que es demasiado tarde.
De manera particular, en la Bahía de Samaná, el ruido marino, especialmente el generado por los barcos, puede interferir con la comunicación entre la madre y la cría de ballena, advierte Aurelio Reyes. Dado que estas vocalizaciones son de baja frecuencia, son particularmente susceptibles a ser enmascaradas por los sonidos producidos por los motores de los barcos.
Esto es preocupante porque, si la madre y la cría no pueden comunicarse eficazmente, puede haber consecuencias negativas para el bienestar de ambos. Entre 2018 y 2023, en el país se reportaron unos 138 neonatos de ballena jorobada, siendo el 2022 el año con mayor cantidad, alcanzando 43 en aguas locales.
Luis Carvajal, científico ambientalista y biólogo, explica las diferentes categorías de sonido y cómo afectan a las especies de mamíferos marinos. En el ámbito marítimo, el ruido de los barcos puede clasificarse en categorías desde la A hasta la F, reflejando diferentes niveles de intensidad sonora. En el extremo inferior de esta escala, la Categoría A incluye embarcaciones pequeñas o con motores eléctricos que generan un ruido muy bajo, casi imperceptible. En cambio, en el extremo superior, la Categoría F se refiere a sonidos de alta vibración generados por máquinas y turbinas.
Estos sonidos tienen un espectro audible y otro inaudible para los humanos, pero ambos son formas de energía sonora. Aunque los humanos no pueden percibir estos sonidos en las categorías lenta, rápida o C, son extremadamente audibles para muchas especies animales.
"Se generan ondas F que son percibidas por una parte importante de la biota. De hecho, hay especies que solo escuchan en esa frecuencia, y esto les afecta significativamente".
Luis Carvajal, científico ambientalista. Tweet
Esta energía sonora, inaudible para los humanos, sigue siendo perjudicial para el mundo animal, impactando negativamente en el comportamiento y bienestar de diversas especies marinas.
Los cruceros generan ruido submarino proveniente de motores, hélices y equipos de sonar, que puede afectar a las ballenas jorobadas. Los motores emiten sonidos en frecuencias de 10 a 100 Hz (Hertz, que mide el número de ciclos por segundo de una onda sonora) con niveles de presión sonora de 170 a 190 decibelios, mientras que las hélices generan ruido en frecuencias de 100 a 500 Hz con niveles de 160 a 180 decibelios. Estos rangos de frecuencia coinciden con los utilizados por las ballenas para comunicarse, que lo hacen en un rango de 20 Hz a 10 kHz (kilohertz).
La interferencia del ruido de los cruceros, especialmente en los rangos de 10 a 500 Hz, puede enmascarar las vocalizaciones entre madre y cría, afectando su capacidad de comunicación, aumentando el riesgo de desorientación, estrés y afectando su supervivencia.
“Interceptar la ruta por la que ellos transitan puede provocar accidentes, como se ha registrado en muchas otras rutas concentradas”, advierte Carvajal. De hecho, insiste en que hay un riesgo mayor en la posible disminución de la población de ballenas o en su migración debido a la competencia con la navegación de los cruceros. “El ruido de alta frecuencia opera en el rango audible de las ballenas y puede ser un factor que las ahuyente, afectando su dinámica de apareamiento”, explica.
Aun así, algunos estudios sugieren que las ballenas pueden haberse adaptado en cierta medida a los sonidos de los barcos. Por ejemplo, investigaciones en Alaska han mostrado que las ballenas jorobadas pueden ajustar sus vocalizaciones para evitar la interferencia de ruidos medianos. Sin embargo, estos ajustes no siempre son suficientes para mitigar el impacto del ruido, especialmente cuando se trata de comunicación entre madre y cría.
De hecho, Reyes asegura que se trata de un comportamiento que se ha observado en Samaná, donde las madres están enseñando a sus crías a evitar los barcos, un comportamiento que refleja la adaptabilidad de estos mamíferos marinos ante las amenazas humanas.
"Hace un mes, junto a un amigo, salimos a grabar el canto de las ballenas y justo ese día habían cruceros cerca. En ese momento, el canto de las ballenas se desvaneció frente al crucero".
Aurelio Reyes, encargado de Educación Ambiental en el Cebse y miembro del FAS. Tweet
Por su parte, el biólogo marino Shamir Reynoso entiende que “por la naturaleza de la operación, es un impacto efímero en cuanto al sonido”.
La desorientación, especialmente en seres que dependen en gran medida de la ecolocalización para orientarse, podría tener consecuencias graves. Normalmente, estas poblaciones son pequeñas, por lo que el impacto individual puede desencadenar una alarma significativa. Sin embargo, la verdadera preocupación reside en cómo estos impactos afectarán a las poblaciones en su conjunto y cómo influirán en comportamientos como los períodos de apareamiento, migración y la selección de áreas de concentración.
Capacidad de carga, el gran eslabón pérdido
Un punto en el que coincidieron todos los consultados para este reportaje, es la importancia de gestionar adecuadamente la capacidad de carga del área para minimizar los impactos negativos en las ballenas. Según Martínez, es fundamental determinar cuántos turistas pueden observar las ballenas diariamente y en qué horarios, lo cual no solo protegerá a las ballenas, sino que también garantizará una experiencia sostenible y de calidad para los visitantes.
Sin embargo, a pesar de que desde el Mitur explican que se debería realizar cada cinco años, Shamir Reynoso, precisó en su respuesta: “Estudio de capacidad de carga, no se han realizado”.
Luis Carvajal enfatiza la necesidad de respetar y seguir la normativa establecida en los planos de manejo para áreas específicas, como la Bahía de Samaná, que está regulada por la ley. “Se permite 40 botes por hora. No se pueden meter 300. Ni siquiera 50, porque está regulado”, aclara.
La capacidad de carga, según Carvajal, proviene de estudios detallados sobre la frecuencia y la interacción con la fauna local. “Un crucero con 800 personas, de las cuales 250 quieran participar en la observación de ballenas, podría sobrecargar el sistema”, advierte. Dividiendo a estos turistas en grupos pequeños, el número de embarcaciones necesarias aumentaría significativamente, afectando la sostenibilidad del turismo de observación de ballenas.
Además, Carvajal señala que la observación de ballenas no garantiza avistamientos inmediatos, lo que complica aún más la gestión de grandes grupos de turistas con tiempo limitado. “Un crucero que dedica solo tres horas a la observación de ballenas puede no tener éxito”, explica.
“Todo esto debe ser evaluado” , advierte Carvajal, destacando la importancia de estudios detallados y evaluaciones ambientales para cualquier desarrollo turístico en la zona.
Sobre la capacidad de carga de cruceros en la Bahía de Samaná, desde la Autoridad Portuaria Dominicana se limitan a especificar a elDinero que el puerto Arroyo Barril tiene “capacidad simultánea para dos embarcaciones. Pueden operar tres embarcaciones dependiendo de su eslora”.
Contaminación por residuos sólidos, orgánicos y químicos: un motivo más de preocupación
A las posibilidades de colisiones y la inferencia acústica, se suma el potencial impacto ambiental, que se agrava con la gestión de residuos asociados a la presencia de cruceros en la zona. Los cruceros pasan largos períodos en el mar, lo que conlleva la acumulación de grandes cantidades de residuos orgánicos. La gestión de estos desechos, así como el control de las descargas de los cruceros en los puertos, aún no se ha establecido de manera clara. En ese sentido, Salciccia explicó a elDinero:
"Hay muchos rumores sobre los cruceros tirando aguas residuales en la bahía. No todos los barcos hacen descargas de este tipo, y en el caso del Puerto Duarte, no se proporcionará este servicio. Por lo tanto, no se permitirá la descarga de aguas residuales ni de otros residuos. Este es un punto clave en la gestión ambiental del puerto"
Diana Salciccia, consultora ambiental. Tweet
Además, resalta que los barcos no anclarán en áreas de corales, evitando así daños a estos ecosistemas sensibles.
Aun así, esto plantea preocupaciones sobre cómo estas actividades podrían afectar a las ballenas y su entorno marino cercano. Aunque el puerto de Arroyo Barril no se encuentre dentro del área protegida o de concentración de ballenas, la cercanía de los cruceros y la posibilidad de contaminación ya sea por combustibles u otros residuos, representa un riesgo potencial para estos cetáceos.
De hecho, aunque Martinez descarta las posibilidades de colisiones, enfatiza que la contaminación sí podría impactar de manera negativa. “Eso sí podría provocar que pierdan interés en venir acá, muerte por contaminación o que enfermen los ballenatos, porque el ballenato consume leche, que es la grasa de la ballena, no sé si se puede contaminar. Pero no porque el medio les resulte hostil”, dijo.
Durante estos períodos, los neonatos de ballena consumen grandes cantidades de leche, hasta 40 o 50 galones, y la presencia de barcos cercanos podría perturbar este proceso.
Una ventaja, según Martínez, es que las ballenas adultas no se alimentan en esta región. Sin embargo, los neonatos sí lo hacen, aunque no en aguas tan superficiales. Explica que, después del parto, la ballena madre y su cría se mueven constantemente, nunca permaneciendo en un solo lugar por mucho tiempo.
Esto hace que el entorno superficial que se observa durante el cortejo, con saltos y movimientos en aguas someras, sea diferente al entorno en el que ocurre la alimentación de los ballenatos.
El momento en que los barcos están anclados en el puerto es crítico y donde se deben establecer todas las regulaciones necesarias para minimizar la contaminación. “El peligro real de los cruceros estaría en el tiempo que los barcos permanezcan anclados, ya que es el momento de mayor contaminación por hidrocarburos”, afirma Martínez.
En este punto sostiene que es esencial la supervisión adecuada para evitar cualquier intento de descargas ilegales o prácticas irresponsables que podrían tener consecuencias devastadoras para el ecosistema marino.
Se trata de una afirmación en la que coincide con el ambientalista Luis Carvajal. “El tema de los residuos sólidos orgánicos que podrían acumular las embarcaciones durante sus largas travesías marítimas es preocupante, ya que pueden generar grandes cantidades de desechos”, explica, al tiempo que advierte que, por ley, los cruceros no pueden realizar descargas en aguas territoriales de República Dominicana. “Pero en la práctica, muchos barcos no cumplen con esta normativa debido a la falta de control”, lamenta.
“Si algún desaprensivo intentara hacer limpieza de cualquier tipo, eso sería fatal”, agregó Martínez, quien propone que se establezcan regulaciones estrictas y vigilancia para evitar que se realicen actividades de limpieza o cualquier otra actividad contaminante mientras los barcos están en puerto.
Carvajal reconoce que la falta de control en otros puertos del país, como Puerto Plata y Santo Domingo, ha llevado a situaciones de impunidad, donde se han registrado liberaciones ilegales de desechos. “Es un riesgo que se corre debido a la práctica de evadir la legislación, especialmente en países con escaso control como el nuestro”, señala.
“Aunque está prohibido, la liberación de residuos sólidos sigue ocurriendo, lo que representa una amenaza para el medio ambiente y la salud pública”, agrega Carvajal. “Es crucial implementar mecanismos de control más efectivos, como monitoreos aleatorios o basados en denuncias, para garantizar el cumplimiento de las leyes y normativas ambientales”.
Además, se hace referencia a la necesidad de abordar la contaminación acumulada durante décadas en el fondo marino, que incluye una variedad de desechos como basura plástica y aguas residuales. Beddall pone especial atención sobre cómo se manejarán los materiales dragados y si se tomarán precauciones para evitar daños adicionales al ecosistema marino.
En conversación con este medio, justo en el Malecón de Samaná y a pocos metros de uno de los puertos en construcción, menciona que aún persiste una acumulación de desechos, incluido cemento, que debe ser removido donde se construyen ambos puertos. Sin embargo, existe la preocupación de que este proceso de dragado pueda dispersar los desechos en un área más amplia, lo que podría afectar negativamente tanto a las ballenas como a áreas de cosecha de camarones cercanas, como la de Sánchez.
Ante esta inquietud, la Dirección General de Alianzas Público Privadas (DGAPP), organismo que estructuró uno de los proyectos, comunicó a elDinero que los trabajos iniciales se centrarán en la adecuación de las obras complementarias en la parte seca del muelle. Aclaran que el dragado y la expansión del muelle quedarán pendientes hasta obtener la licencia ambiental necesaria.
Medidas de protección para las ballenas jorobadas
Las medidas de conservación adoptadas para esta especie han promovido un incremento en la población de ballenas del Atlántico Norte y a nivel global. Como resultado, actualmente la especie no figura en la lista roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). El Ministerio, en conjunto con el Centro para la Conservación y Ecodesarrollo de la Bahía de Samaná y su Entorno (CEBSE), desarrolla estudios y monitoreos para detectar, reducir y eliminar cualquier amenaza para las ballenas jorobadas.
Para Martínez, la protección de áreas protegidas es vital no solo para el turismo, sino para la conservación en general. Por ejemplo, destacó que el Banco de la Plata y la Navidad es crucial para el turismo de observación de ballenas, siendo una de las principales actividades económicas de la zona. Beddall, por su parte, reconoce la inevitabilidad de estos desarrollos, pero plantea la importancia de mitigar su impacto ambiental. En sus palabras, “tenemos la esperanza de mitigar un poco la cantidad de cruceros”.
El aspecto crucial de esta regulación radica en comprender el delicado ciclo reproductivo de las ballenas. Martínez señala que cuando las ballenas visitan ciertas áreas, lo hacen principalmente para reproducirse, lo cual implica un proceso biológico altamente sensible.
Por lo tanto, sugiere que se consideren estos aspectos al establecer períodos de visitación limitados, respetando así las necesidades y el bienestar de las ballenas. Esto ayudaría a minimizar el estrés y la perturbación a las ballenas, asegurando que su entorno sea lo más seguro y tranquilo posible durante su estancia en las aguas dominicanas.
Una de las propuestas de mitigación que se discuten es la implementación de medidas para que los cruceros naveguen más despacio y disminuir el ruido de las embarcaciones. Beddall señala que, según estudios, reducir la velocidad de una embarcación, como un buque grande o un crucero, en un 10%, puede disminuir hasta un 25% el sonido que emite.
Impacto económico
En cuanto al turismo de cruceros, Carvajal expresa que este tipo de turismo puede representar un error ambiental y económico para el país. “Samaná debería apostar por otros tipos de turismo y buscar formas de reducir significativamente los impactos negativos del turismo de cruceros”, sugiere.
"Se podrían implementar medidas como permitir que los cruceros se queden en alta mar y utilizar embarcaciones más pequeñas para llevar a los turistas a tierra, lo que ofrecería una experiencia diferente sin interferir con las dinámicas locales”.
Luis Carvajal, ambientalista. Tweet
Pollier Rahause también cuestiona los beneficios económicos del proyecto: “Nuestra investigación ha mostrado que en muchos lugares donde llegan cruceros de esta envergadura, el impacto económico positivo es cuestionable”, dijo.
“Hasta donde yo sé, el turismo en República Dominicana no está articulado de manera sinérgica con otros tipos de turismo, lo cual es crucial para evitar conflictos y maximizar beneficios”, concluye Carvajal.
República Dominicana tiene una gran ventaja y responsabilidad en la migración de las ballenas jorobadas. La mayoría de estas ballenas del Atlántico Norte vienen para aparearce, mientras que solo una pequeña fracción va a las Azores. Esto convierte al país en el principal destino para estas ballenas, una realidad en la que coinciden las fuentes consultadas, lo que implica una enorme responsabilidad para garantizar su protección y conservación.
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La preservación de la zona de reproducción de las ballenas jorobadas en Samaná es crucial para la supervivencia de esta emblemática especie. Un aumento en el flujo de cruceros amenaza con causar daños irreparables debido a la contaminación, el ruido y la interferencia acústica, elementos que pueden desorientar a las ballenas y afectar su comportamiento natural.
Además, el tráfico marítimo intensificado incrementa el riesgo de colisiones, poniendo en peligro tanto a las ballenas adultas como a sus crías. Es debido a esto que se vuelve fundamental que las autoridades y la industria del turismo implementen medidas estrictas para proteger este santuario natural, garantizando así un equilibrio entre el desarrollo económico y la conservación ambiental.











