Ahora que hablamos de metas al 2036, rogando que sea algo más allá de lo aspiracional, es oportuno afirmar que para mejorar la productividad y competitividad en República Dominicana es fundamental implementar reformas estructurales. Ya esto lo ha afirmado el Banco Mundial, economistas y empresarios. Ahora bien, lo que sí es urgente es fortalecer el capital humano por medio de una modernización del sistema educativo para que se adapte a las necesidades del mercado laboral. Es un imperativo ofrecer educación continua para adultos y programas de entrenamiento y actualización de habilidades relevantes.
Es de orden mencionar que, por supuesto, es menester reducir la desigualdad de oportunidades entre géneros y áreas rurales y urbanas. Es importante la innovación y eficiencia en el gasto público y desarrollar estrategias para enfrentar desastres relacionados con el cambio climático.
República Dominicana, por fortuna o desgracia (todo depende del enfoque), está en una situación geográfica estratégica, razón por las que debe aprovechar las ventajas competitivas.
En este proceso, el Gobierno podría considerar las siguientes estrategias: Inversión en infraestructura, mejorar la red de carreteras, puertos y aeropuertos para facilitar el transporte de mercancías y la conectividad; desarrollar infraestructuras digitales para impulsar la economía digital, promoción del turismo y la inversión extranjera; fomentar la inversión en sectores clave como hoteles y afines, así como en la agroindustria y la manufactura.
Es una necesidad simplificar los trámites para atraer inversiones extranjeras, en lo que sabemos ha habido avances significativos. Sin embargo, aún hay que seguir trabajando temas como la transparencia y la corrupción, la cual podría darse no sólo desde el punto de vista de pedir coimas para agilizar procesos, sino hasta en la ralentización de proyectos para que otros puedan entrar primero al mercado.
Los gobiernos de aquí al 2036, y al actual le tocará una tercera parte de este lapso, deben apoyar la educación y formación técnicas, a fin de desarrollar habilidades específicas requeridas por las empresas. Fundamental es, además, establecer alianzas con universidades y empresas para fomentar la investigación y la innovación.
Cualquier estrategia, por supuesto, debe ser en base a un desarrollo sostenible y protección del medio ambiente, aprovechando los recursos naturales disponibles de manera responsable. Los ciudadanos de hoy están obligados a pensar en los que vienen después.
En este proceso es vital que se siga impulsando la colaboración activa entre el Gobierno, el sector privado y la sociedad civil, pues también es una forma de aprovechar al máximo las ventajas competitivas del país.
En todo caso, es momento de pasar de la teoría a los hechos. Hay que ser pragmáticos, pero con planes que sean sostenibles. Una sociedad está compelida a planificar su desarrollo para que el crecimiento beneficie a todos en sus distintos niveles sociales.










