La productividad es un indicador clave de competitividad y supervivencia. Una de sus acepciones indica que esta representa la eficiencia con que se transforman insumos (trabajo, capital, tecnología) en productos terminados (bienes y servicios).
En términos más concretos, esta se mide comúnmente como la producción por unidad de insumo o como la producción por hora trabajada o por trabajador, y es un determinante fundamental del desempeño económico, tanto a nivel micro (unidades productivas) como macro (las economías como un todo).
En el ámbito empresarial, la medición de la productividad constituye un componente importante, ya que esto incide de manera significativa en la competitividad de las empresas y, por vía de consecuencia, en los resultados financieros. Según Castro Díaz (2024), la productividad permite identificar áreas problemáticas, detectar debilidades internas y orientar necesidades de capacitación, lo que influye directamente en el rendimiento de la organización.
La literatura académica también destaca que las empresas más productivas tienden a adoptar mejores prácticas, tecnologías modernas y capacidades gerenciales superiores, lo que las hace más eficientes y exitosas en mercados competitivos. De su lado, Ulloa-Pimienta y otros (2024) señalan que la productividad empresarial es uno de los factores claves para el éxito de un negocio”, y que las compañías deberían medirla objetivamente para mejorar procesos y resultados.
Así también, estudios recientes sobre productividad a nivel microeconómico muestran que solo una pequeña proporción de empresas -los denominados standout firms- genera la mayoría del crecimiento productivo en una economía.
En esa misma línea, una investigación del McKinsey Global Institute indica que cerca del 5 % de las empresas contribuye hasta el 80 % de la mejora de productividad en algunos países, subrayando que el rendimiento excepcional de unas pocas puede mover la aguja de productividad para sectores enteros. Además, existe evidencia empírica de que la innovación está estrechamente ligada a la productividad: empresas que introducen productos o procesos innovadores son significativamente más productivas que sus pares que no lo hacen.
A nivel macroeconómico, la productividad es un motor esencial del crecimiento económico sostenible. Economistas como Paul Krugman han señalado que “la productividad no es todo, pero, a la larga, es casi todo” en lo que respecta al crecimiento de ingresos y bienestar económico. Esta observación remarca que, sin mejoras sostenidas en productividad, ya sea laboral o total de factores, no es posible elevar el nivel de vida de una población a largo plazo.
De su lado, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos sostiene que la productividad mide la eficiencia en el uso de insumos para crear outputs y es un motor clave del crecimiento económico sostenible, influenciando variables macro como el Producto Interno Bruto, el empleo y los salarios reales.
Cuando la productividad crece las economías pueden aumentar salarios sin perder competitividad, mejorar la competitividad-precio de sus exportaciones y elevar los niveles de inversión.
Una mayor productividad también permite a los gobiernos contar con mayor espacio fiscal para financiar políticas públicas sin presionar de más las finanzas públicas. Adicionalmente, teóricos como Verdoom llegaron a la conclusión de que economías con mayor dinamismo productivo tienden a crecer más rápido y sosteniblemente.
Lamentablemente, en República Dominicana el tema de la productividad no ha calado mucho ni en los líderes empresariales ni en los formuladores de políticas públicas.











