Julio Cross Frías acaba de publicar su libro “Develando Trampas, cuyo objetivo, según el autor, trata de evitar que la sociedad dominicana vuelva a caer víctima de trampas como las que describe la obra. En el caso de los hacedores de políticas públicas, indica, sólo recordárselo con el propósito de “hacerle una humilde contribución no solicitada”.
Durante el acto de puesta en circulación, explicó que se trata de una obra con un enfoque multidisciplinario que aspira a resumir los orígenes, causas y consecuencias de las principales crisis económicas y financieras de los últimos 100 años. Además, describe sonados casos de quiebras fraudulentas de empresas e instituciones financieras de clase mundial.
Explicó que el libro fue montado originalmente sobre un pensamiento pesimista proactivo, a pesar de que, dice, para ser optimista en estos tiempos hay que ser muy presuntuoso. “No obstante eso, dada la enorme cantidad de datos procesados que contiene, luego evoluciona hacia el optimismo cauteloso, pero responsable, luego de ponderar una frase que describe al pesimismo como un optimista bien informado”, sostiene Cross Frías.
Destaca que uno de sus objetivos es mitigar el riesgo de que, tomando decisiones importantes, se replique la famosa metáfora del borracho que usa el poste de luz para agarrarse, pero no para alumbrarse.
El libro tiene prólogo de Frank Moya Pons. Durante la puesta en circulación, el director de la Escuela de Economía de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), Magín Díaz, donde se puso en circulación la obra, y el economista Isidoro Santana hicieron uso de la palabra, destacando el aporte que Cross Frías hace a la bibliografía económica dominicana.
Santana, también exministro de Economía Planificación y Desarrollo, destacó, parafraseando el libro, que una característica de las crisis financieras es lo impredecibles que suelen ser. Señaló que la probabilidad se agudiza cuando hay fallas regulatorias o de supervisión, y si existen prácticas fraudulentas.
“En lo que sí tenemos total coincidencia es en la responsabilidad que tuvieron decisiones fundamentales tomadas por el regulador del sistema financiero en los últimos años del decenio de 1990”, subraya Santana en sus palabras.
Refiere que el autor Cross Frías analiza cómo se restringió el crédito en pesos dominicanos, disparando así los intereses de los préstamos en moneda local, lo que a su vez creó una demanda inusual de préstamos en moneda extranjera por parte del comercio y la industria.
Señala que, dado que los préstamos en moneda extranjera de la banca nacional no estaban sujetos a topes de cartera, la intención manifiesta de las autoridades era atraer flujos de dólares sin importar los plazos, para quitar presión al mercado cambiario.
“A ello se unió el mantenimiento de una política de tipo de cambio anclado, que subía cada año a un ritmo muy inferior al diferencial de inflación con la estadounidense, abarataba comprar en dólares, aunque fuera con préstamos, confiando en que después igual se pagaría con dólares baratos”, expresó.
Como analiza el autor, “Esa política monetaria gustaba a todos, pues con los intereses para préstamos en pesos por las nubes, los bancos se encargaban de prestar los dólares necesarios para las importaciones con lucrativos diferenciales (spreads) respecto al costo de ese dinero tomado en préstamo de sus corresponsales o arbitrando con los diferenciales de tasa de interés entre pesos y dólares”.
En adición a ello, indicó, la regulación financiera se fue haciendo cada vez más laxa, en una época en que los mercados se hacían más complejos. Se permitía a bancos potencialmente insolventes, que mintieran al público presentando niveles de solvencia ficticios, lo que les posibilitaba operar en las mismas condiciones como los bancos sanos y sin problemas de solvencia, sin que el público pudiera percatarse de la diferencia.
Sostiene que las políticas orientadas a atraer capitales especulativos se han hecho recurrentes en la economía dominicana como una forma de mantener la estabilidad cambiaria, haciendo parecer que el riesgo cambiario no existe.
A su entender, era un secreto a voces que la solidez de Baninter residía en la vinculación personal de su dueño con políticos y funcionarios, personalidades de todo el espectro y de su control de la opinión pública a través de una vasta red de medios de prensa, asesores y comunicadores bien remunerados, e incluso organizaciones comunitarias.
Santana explica que las investigaciones posteriores revelaron que ese increíble fraude bancario se gestaba mediante cuantas maniobras permitieran los baches regulatorios y los incentivos políticos, a pesar de que en el país se había elaborado el proyecto de Código Monetario y Financiero, más acorde con el rigor que impone una legislación bancaria moderna.













