Este pasado 16 de agosto, Día de la Constitución de la República, el presidente reelecto, Luis Abinader, tomó juramento para dirigir nuevamente los destinos de República Dominicana para el período 2024-2028.
Durante su discurso, moderado y suave por momentos, pero enérgico y potente, en otros, el primer mandatario mostró no solo el liderazgo político que había alcanzado, fuera y dentro de su partido, sino también su disposición de realizar las reformas estructurales que están pendientes y que son necesarias para alcanzar mayores niveles de institucionalidad, estabilidad y desarrollo.
En efecto, Abinader hizo un recuento de sus logros durante 2020-2024, destacando sus enfrentamientos con las diferentes crisis que le tocó administrar.
En su discurso hubo de todo y para todos. Envió un mensaje c contundente de que ya no es posible tener liderazgos mesiánicos ni personalismos caudillistas, con políticos que se quieren eternizar en el gobierno, y que entienden que solo ellos están en capacidad de dirigir los destinos del país. En ese sentido, indicó que su primera reforma iba dirigida a eliminar, de una vez y por todas, la reelección indefinida, pues esta había sido fuente de inestabilidad política en toda América Latina y en buena parte del mundo.
Para Abinader este período estará repleto de transformaciones, iniciando con una reforma constitucional y pasando por una laboral que permita la actualización del marco regulatorio del trabajo y la adaptación a las nuevas realizadas que vive el mercado.
Es obvio que el Código de Trabajo vigente está claramente desfasado. Hoy en día tenemos empresas tecnológicas que no caben en dicho código, pero también los obreros han adquirido habilidades y técnicas que no caben en los sindicatos que, según esta norma, aun son los representantes de la mano de obra que contratan las compañías.
El anuncio de la tan esperada reforma fiscal es otro elemento transformador. Esta reforma tendrá tres objetivos: garantizar unas finanzas públicas sanas, reducir la deuda y asegurar los recursos para mejorar los servicios de salud, seguridad e infraestructura. Por demás, tendrá un enfoque integral.
En este último caso, se pretende una reestructuración que permita eficientizar el Estado/gobierno, lo que implicará la fusión y/o eliminación de instituciones innecesarias. De igual forma, el presidente de la República se comprometió con la realización de una reforma del sistema dominicano de la seguridad social, teniendo como principal propósito la implementación de la atención primaria en el régimen subsidiado, de forma gradual pero acelerada.
En la parte última de su discurso, planteó que el desarrollo del país no dependen únicamente de los que ejercen posiciones de liderazgo, sino también del compromiso de cada dominicano. Llamó a la oposición política a no tirar más problemas a la calle y al ciudadano, sino trabajar y aportar para la transformación definitiva de la República Dominicana en una nación en franco desarrollo.
Finalmente, es evidente que Luis Abinader Corona ha decidido enfrentar los desafíos de cambio social, político y económico, gestionando las transformaciones en contextos complejos y con múltiples intereses en juego, y sin ganar nada a cambio pues, políticamente hablando, no tendrá ganancia de causa. Eso, a nuestro juicio, lo convierte en un verdadero líder transformador y en un visionario. Suerte Presidente.











