En una de esas acostumbradas disquisiciones entre profesionales de diferentes ramas del saber, un colega realizó una reflexión que dejó perplejos a todos en la sala, en especial, a algunos vinculados a los servicios de salud, y era que ese sector era una industria y que, como tal, se desenvolvía en un mercado altamente competitivo, por lo que el Estado debería evaluar la posibilidad de crear una empresa pública que invirtiera en dicho sector.
Esa reflexión nos llevó a establecer un paralelismo sobre lo que había ocurrido en el sector educativo a partir de la asignación del 4% del productivo bruto interno a la educación dominicana en donde, sin ambages, se ha invertido mucho dinero, pero no se han obtenido los resultados esperados.
Así las cosas, alrededor del sistema educativo se crearon los “negocios educativos”, pues había que ir detrás de esa enorme cantidad de recursos que se le estaban asignando al Ministerio de Educación (Minerd), que solo en el 2024 va a recibir la friolera de RD$297,000 millones.
De esa manera, proliferaron las fábricas y/o importadoras de pupitres y butacas, empresas productoras de uniformes escolares, imprentas que elaboran los libros de textos, las fábricas que producen y/o importan los calzados de los escolares y las empresas constructoras de escuelas. De todos, sin embargo, los negocios más beneficiados alrededor del sector fueron los que distribuyen el desayuno y almuerzo escolar (productores de leche, industriales de la harina, etc.).
Pero, a diferencia del sector educativo, en el caso del sector salud los negocios son más diversos y especializados y, en muchos casos, de mayor rentabilidad, pues están relacionados con factores como el envejecimiento de la población, avances tecnológicos y una creciente demanda de servicios. Por ejemplo, la telemedicina ha crecido exponencialmente, especialmente después de la pandemia de covid-19 tendencia que, según los expertos, continuará ofreciendo oportunidades para startups tecnológicas, y desarrolladores de plataformas digitales.
En esa misma línea, están negocios de salud como las aplicaciones que ayudan a los pacientes a gestionar enfermedades crónicas, monitorear su salud, o acceder a información médica. En este caso, existe un mercado en crecimiento para el desarrollo de apps innovadoras y fáciles de usar.
Por igual, se destacan negocios que crean dispositivos como relojes inteligentes y monitores de salud en el hogar que permiten un seguimiento continuo de parámetros vitales, y otros que están dedicados a las terapias genéticas y celulares, los cuales ofrecen tratamiento de enfermedades como el cáncer y enfermedades raras.
En esa misma vía, está la innovación farmacéutica en donde hay amplias oportunidades de inversión, o el de la salud mental, en donde existe una creciente demanda de servicios de salud, especialmente en áreas como la terapia online, apoyo psicológico y programas de bienestar emocional.
En definitiva, la industria de la salud es una realidad y está en una franca expansión, por lo que se ofrecen allí amplias oportunidades de negocios hasta para el Estado quien, si se establecen las condiciones y se ajustan los marcos legales, pudiera crear empresas públicas que presten servicios de salud y/o inviertan en determinados rubros de alta rentabilidad. Tal vez esto parezca una osadía de nuestra parte, pero la oferta es tentadora y el mercado muy atractivo. Digamos que, por el momento, solo es una sana provocación.











