El concepto de riesgo está vinculado al desarrollo de acciones o tareas que pueden generar posibilidades de ganancia o pérdida: la orientación del resultado estará determinada por la probabilidad de ocurrencia o materialización de una de ellas.
Constituye una medida de las decisiones a tomar. En ámbitos biológicos las decisiones están amarradas a una situación de supervivencia que implica defensa o ataque para acceder a fuentes de alimentación, territorios, apareamientos, condiciones de supremacía animal o jerarquías grupales. En el ámbito humano implica decisiones de todo tipo: mecánicas, conductuales, sexuales, de supervivencia, financieras, geográficas, políticas, morales, etc.
Fuera de los humanos, el concepto de riesgo como elemento de medición de logros o fracasos, no tiene importancia. Hasta el momento, la desintegración de un átomo o su fusión parece ser indiferente para las partículas elementales. En los principios de la transformación geológica de nuestro planeta, no importaban las consecuencias de las materializaciones o transformaciones que se desarrollaron en la Tierra, así como en todo el universo.
Desde la aparición de la raza humana la evaluación o análisis del riesgo fue fruto de la acumulación de experiencias: entrar en aguas profundas produjo muertes en las tribus y esto suministró informaciones que hicieron modificar las rutinas y comportamientos e hizo poner atención y cuidado. Tomar precauciones y asumir tareas, fue un aprendizaje de uso común para la caza de grandes animales, ya que ellos sabían que algunos miembros de la tribu morirían y saldrían heridos, pero otros saldrían beneficiados de las cazas exitosas. Con el tiempo el concepto de riesgo conllevó todo un análisis y evaluación para la asunción de éstos dependiendo de las probabilidades y controles.
Toda acción humana está rodeada de situaciones de riesgo cotidianamente. Son inherentes a la vida, no hay forma de separarlos. Siempre habrá riesgos de pérdidas o ganancias.
Empíricamente, todos sabemos que puede o no hacer daño y cómo podemos evitarlo. Un cocodrilo en un lago es un peligro y nadar ahí es un riesgo. La decisión es una forma de valoración de las posibilidades y limitaciones de la persona.
Las probabilidades de ocurrencia determinan dos resultados que se pueden plasmar en un gráfico lineal, como un punto que se desplaza entre dos extremos de un segmento de recta. El extremo izquierdo representa el peligro y el extremo derecho la conveniencia. Utilizaré dos términos que no se asocian con el riesgo, para definir la orientación de sus probabilidades: Levógiro (giro izquierdo) o dextrógiro (giro derecho) si usamos como referente modélico un péndulo caótico o de amplitudes irregulares y multidimensionales. Este sistema anárquico puede ser relevante y funcional, pero también peligroso y correspondiente con la asunción de riesgos con desconocimiento total de las probabilidades del sistema. En el caso de una probabilidad igual a 1 la variable riesgo es dextrógira, cuando la probabilidad es o tiende a 0, el riesgo es levógiro. Esta representación puede invertirse, pero se deben establecer marcos referenciales o de frontera. En coordenadas cartesianas, el origen (0,0,0) es el extremo izquierdo y (1,0,0) el derecho, y esta representación se hace multidimensional.
Por ejemplo, las seis caras de un dado corresponden a números del 1 al 6. Cualquier cara tiene posibilidad de colocarse arriba. La probabilidad de que eso ocurra es de 1/6 o 16%. Si consideramos tres caras cualesquiera, la probabilidad es de un 50%. Estos valores son imprecisos, pero se aproximan a la realidad. Existen otras variables que pueden modificar la probabilidad de una cara en la parte superior, como son la irregularidad del cubo, velocidad, altura, torques en aristas y otras variables. Cuando hay apuestas, aparecen los extremos y la probabilidad determinará resultados que pueden generar riquezas o pérdidas materiales, como en el caso de los casinos, donde es frecuente asumir riesgos de carácter levógiro, independientemente de condiciones aleatorias o prefijadas.
En muchos ámbitos el riesgo solo se ve como un daño potencial, como una variable o toma de decisiones que puede afectar producciones o ganancias financieras y riesgo de exposición (vulnerabilidad espacial por estar en lugar incorrecto), aunque es evidente que cualquier decisión implica posibilidades de conveniencia o peligro. En desastres humanos el riesgo es una combinación de la probabilidad de que se produzca un evento y sus consecuencias negativas, definidas por amenaza (intensidad y frecuencia) y vulnerabilidad (exposición, susceptibilidad y resiliencia).
La materialización de un riesgo levógiro puede producir muchísimos efectos dañinos: en una campaña militar, un fallo en la seguridad puede desencadenar situaciones o exposiciones adversas a todo el contingente militar incluyendo pérdidas por heridas o muerte.
Igualmente, asumir que unas cajas contienen municiones, sin verificarlas porque tienen esa etiqueta, es correr un riesgo que puede ser levógiro, como pasó al regimiento inglés que peleaba contra los zulúes en el cerro de Isandlwana en el sur de África en 1879. Las cajas del arsenal británico contenían galletas y no se hizo de conocimiento de la intendencia del regimiento. Fueron masacrados y desmembrados.
El análisis del riesgo comienza con el dimensionamiento de la situación e identificación de todas las posibilidades para estimar pérdidas y evitar que ocurran. El riesgo inherente es aquel que una vez determinado no es intervenido. Cuando se introducen controles, hablamos del riesgo residual. Los controles de riesgo permiten la materialización de resultados levógiros pero reducidos y aceptables. En el caso del análisis, hay que tomar en consideración las externalidades, fuentes de riesgos cuyo origen es externo sin ninguna o poca vinculación con la acción o decisión a tomar.
Las externalidades generalmente son levógiras. Por ejemplo, un chofer en estado alterado puede embestir a otro vehículo, cuyo conductor ha implementado todos sus controles de riesgo y, a pesar de ello, salir herido o morir en la embestida.
Como toda acción humana implica riesgo, las reacciones para evitar el peligro o aprovechar una oportunidad tienen respuestas diferentes dependiendo de los estados anímicos. Una persona ebria tiene una respuesta reactiva defensiva más lenta que una persona en estado sobrio y en todos sus cabales. Las personas borrachas bebiendo en medio de la carretera viven en un escenario igual al del cocodrilo en el lago. Se sabe que está allí y puede atacar. En la tragedia de azua, las reacciones fueron lentas y el conductor no tenía márgenes. Aunque rodara a baja velocidad, la masa del camión y la carga proporcionaban una cantidad de movimiento enorme y mucho más difícil de detener cuando es una cuesta, pues se adiciona un componente horizontal de la gravedad.
Nunca se debe descartar la ocurrencia de materialización de cualquier posibilidad. Aunque la probabilidad sea baja, casi cero, las externalidades y otros factores de naturaleza cuántica, deben ser considerados. La probabilidad de ocurrencia del efecto túnel, es ínfima, y ocurre, al igual que en física de partículas, que algunos eventos o resultados supuestamente imposibles, suceden.
En el ámbito industrial, existen políticas de determinación, análisis, controles de riesgos y procedimientos de seguridad, pero no son una cultura de las industrias. La supervisión objetiva y competente es reducida. En los trabajos en altura se pueden observar violaciones de los procedimientos preventivos.
En un octavo piso, operarios taladraban una pared exterior, posicionados en el hueco de ventana, sin ningún tipo de seguridad. En edificaciones de gran altura, sin vallas de protección, es frecuente observar personas trabajando por los bordes de los techos sin líneas de vida. Igual en espacios confinados, saltando entre andamios. Estas temeridades van acordes con el perfil de riesgo individual.









