En los planes del Gobierno y su propuesta de reforma fiscal ha surgido la intención de eliminar los incentivos fiscales al sector cooperativo, sin un análisis profundo de los efectos negativos que esto podría acarrear.
Esta decisión refleja una visión limitada sobre el verdadero papel que desempeña el cooperativismo no solo a nivel local, sino a nivel global, como lo reconoce la Organización de Naciones Unidas (ONU) al declarar el 2025 como el Año Internacional de las Cooperativas.
La ONU, al tomar esta decisión, busca subrayar la importancia del cooperativismo en el desarrollo económico y social de las naciones. Esta medida se basa en el éxito del Año Internacional de las Cooperativas en 2012 y pretende visibilizar cómo estas organizaciones contribuyen a la creación de empleo, la inclusión social y la reducción de la pobreza. Además, las cooperativas son fundamentales para avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, lo que genera un impacto positivo mucho mayor que los ingresos que el gobierno podría obtener eliminando los incentivos fiscales.
Si bien apoyamos que el gobierno imponga impuestos sobre los retiros de excedentes que puedan realizar los socios, es importante recordar que estos excedentes generalmente se reinvierten en las propias cooperativas. Esto crea más empleos y fomenta la colaboración en proyectos agrícolas, industriales y comerciales que, a su vez, incentivan el crecimiento económico.
Lo que diferencia a las cooperativas de las empresas tradicionales es que los esfuerzos y beneficios son colectivos, mientras que en los modelos mercantilistas los esfuerzos pueden ser compartidos, pero los beneficios se distribuyen de manera individual entre los accionistas.
El impacto social del cooperativismo es único. Ningún otro tipo de organización tiene un compromiso tan fuerte con la responsabilidad social. Por esta razón, la ONU impulsa su desarrollo, ya que las cooperativas son una herramienta poderosa para reducir la pobreza, especialmente en las áreas más remotas y entre las comunidades de bajos ingresos.
La solidaridad, principio clave de las cooperativas, contrasta con la lógica de producción capitalista, que se centra en la maximización de beneficios individuales. Desafortunadamente, la visión limitada de muchos políticos ha impedido un desarrollo más robusto del cooperativismo en nuestro país. Recuerdo haberle sugerido al expresidente Danilo Medina, en una conversación, que incentivara a los campesinos y las comunidades a formar cooperativas a través de sus “visitas sorpresa”.
Creo que se lograron algunos avances, pero es necesario que las autoridades actuales profundicen en esta estrategia.
Estoy de acuerdo en que el Estado debe asumir una mejor regulación del sector cooperativo. No contamos con un regulador especializado y competente como lo tienen los bancos o el mercado de capitales. Incluso, propongo que la reforma fiscal contemple la creación de una superintendencia que agrupe las funciones de todas las entidades que regulan el mercado de capitales, y que ésta esté compuesta por profesionales capacitados para evitar que sectores como el cooperativismo se vean contaminados por malas prácticas o intereses particulares.












