Desde siempre, mi padre, José Madera, ha sido una fuente inagotable de inspiración en mi vida. Su trayectoria como periodista, marcada por la honestidad, el compromiso con la verdad y la sensibilidad humana ha guiado mi camino. Este octubre, al celebrar un año más de su vida, quiero reconocer su legado y virtudes, seguir sus pasos y explorar el poder de la escritura como un medio para conectar con lo esencial.
Mi padre es un destacado periodista y escritor cuya carrera abarca varias décadas, dejando una huella significativa en el periodismo dominicano. Ha sido reconocido por su labor como miembro directivo del Colegio Dominicano de Periodistas y se ha destacado por su compromiso con la ética en la comunicación. Su trabajo ha sido aclamado por diversas organizaciones y ha ganado en seis ocasiones el concurso de ensayos periodísticos del mismo gremio.
Además de su labor periodística, es autor de varias novelas históricas, como Pasado Pesado, que narra eventos en Santiago de Jacagua desde 1508 a 1520, y Episodios del Cristianismo, centrada en los acontecimientos alrededor de la crucifixión de Jesús. Su obra El Negro Blanco ofrece una profunda visión sobre la vida de un personaje legendario en el país. También publicó Escritos a Mi Manera, una colección que invita al lector a interpretar y reflexionar sobre sus relatos.
De alguna manera, algunos estamos en un camino de autoconocimiento, sanación y honra a nuestros orígenes, creando y construyendo propósito a partir de lo que interpretamos que recibimos de nuestros padres. Yo recibo su herencia de virtudes, que me inspiran a compartir ideas y conectar con los demás. Su legado no solo impulsa mi pasión por la palabra escrita, sino que también guía mi camino hacia el empoderamiento y la confianza en las personas y los equipos con quienes trabajo.
Reflexionando sobre estos temas, un proceso de evolución personal se activó en mí el año pasado, cuando escuché el discurso de Alejandro Fernández, superintendente de Bancos, como orador invitado en la 75 graduación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) en Santo Domingo. Encontré en sus palabras una fuente de inspiración. Su discurso fue un compendio de logros y sabiduría profesional, pero también una ventana a su humanidad, a sus luchas personales y vulnerabilidades.
Alejandro habló desde un lugar de sinceridad profunda, compartiendo sus propios desafíos y cómo su familia, especialmente sus hijos, desempeñaron un papel crucial en su camino hacia la superación. La presencia de su esposa ese día resaltó cómo ella también ha sido vital en su resiliencia. Su conexión emocional y su enfoque en temas de vulnerabilidad resonaron profundamente en mí, evocando mis propias luchas y una invitación a explorar mi mundo interior. Él también narró cómo comenzó a escribir en diarios, como resultado de sus vivencias personales.
Este proceso de introspección me llevó a redescubrir la escritura, que había sido una parte silenciosa de mi vida. Comencé a plasmar mis pensamientos y experiencias, algo que nunca había hecho de manera sistemática. Este acto no solo me permitió conocerme mejor, sino que también abrió puertas a nuevas oportunidades para crecer y conectar de manera más profunda con mi propósito.
La escritura me ha enseñado que cada experiencia y cada momento de vulnerabilidad tienen el potencial de conectar con los demás y revelar la esencia de nuestras identidades. Mi objetivo con esta columna es crear conexiones valiosas, enfocándome en lo mucho que todos tenemos para dar, desde el propósito de las personas, equipos y líderes.
Hoy, inicia este espacio, Capital Confianza, y con la pluma de mi padre, te regalo estas dos preguntas para reflexionar:
¿Cómo pueden la vulnerabilidad personal y las experiencias de vida influir en tu proceso de crecimiento y reinvención?
¿Qué papel juegan la familia y las conexiones humanas en tu capacidad para enfrentar y superar desafíos?
¿Qué habilidades o talentos has heredado de tu padre o de tu madre?
Espero que este espacio se convierta en un lugar de diálogo y reflexión sobre el poder de la conexión y la confianza, recordándonos que todos compartimos historias y aprendizajes que pueden inspirar a otros.










