Casi finaliza 2024 y, como corresponde, toca realizar una evaluación sobre el desempeño que tuvo la economía dominicana en este año. Al parecer, dentro de todo, tendremos buenas noticias pues el Banco Central acaba de informar que el indicador mensual de actividad económica (IMAE) registró una expansión anual interanual de 5.4% en octubre, lo que estaría garantizando un crecimiento de un 5.1% de toda la economía. Como ha ocurrido durante los últimos años, el dinamismo ha sido impulsado por sectores clave como turismo, remesas, construcción y servicios.
La resiliencia de la economía fue un factor fundamental para el crecimiento del PIB durante el año que agoniza, mostrando una capacidad de respuesta frente a un entorno internacional que, desde el covid19, y hasta nuestros días, se ha caracterizado por inestabilidad de los mercados internacionales, sobre todo aquellos que han sido impactados por la guerra entre Ucrania y Rusia y los conflictos en Oriente Medio.
Adicionalmente, se resalta como un hito positivo de 2024, el control de la inflación en torno al 3.75%, lo que se atribuye a políticas monetarias prudentes y a una recuperación gradual de los precios internacionales de bienes esenciales. Se destaca la estabilidad del tipo de cambio el que, a pesar de algunos conatos de incendio a mediados de año, se ubicó en RD$59.82 por dólar, con una depreciación anual moderada del 6.5%.
Sin embargo, aún persisten problemas profundos que erosionan las finanzas públicas y que amenazan la sostenibilidad de la deuda pública, empujando al Gobierno a continuar endeudándose, dado el rechazo a la reforma fiscal, fracasado en su diseño y defensa. A pesar de los acostumbrados olvidos, se debe recordar que la situación del sector eléctrico continúa siendo compleja, en todas sus dimensiones, sin soluciones posibles en el corto plazo, lo mismo que el déficit fiscal del BCRD.
Bajo esta situación, los retos se sitúan en el 2025, año en que las autoridades gubernamentales deberán realizar malabares para conducir la economía sin las necesarias reformas estructurales. Por suerte, los organismos internacionales vuelven a pronosticar buenas vibras para el PIB durante el 2025, con estimaciones de decrecimiento en un rango de 4.5% a 5.0%.
Obviamente, esto va a estar sujeto a lo que traiga la nueva administración Trump, pues algunos vaticinan una desaceleración de la economía de EE.UU., tasas de interés globales aún más elevadas, y una recuperación lenta del comercio internacional que podrían limitar el ritmo de crecimiento.
Gracias a Dios, no se esperan sobresaltos vinculados a procesos eleccionarios en el país, a pesar de los desatinos de grupos de facinerosos políticos que siempre quieren el rio vuelto para tener ganancia de causa. Mientras tanto, disfrutemos la Navidad.





