“La calidad es la mejor forma de competir”. – W. Edwards Deming.
En el competitivo y dinámico panorama empresarial de nuestro país, el concepto de “calidad” ha adquirido una presencia omnipresente. Hoy en día, es una poderosa herramienta publicitaria que inunda los marcos estratégicos de las empresas, se exhibe en masivas campañas de redes sociales y brilla en las vallas electrónicas que adornan nuestras ciudades.
Los medios tradicionales, como la televisión y la radio, aunque enfrentan desafíos financieros, siguen siendo canales esenciales para su promoción. No obstante, a menudo se corre el riesgo de que este término sea reducido a un simple eslogan, como un atractivo superficial diseñado para captar la atención de los consumidores y usuarios.
Lejos de ser un concepto vacío o una promesa de marketing, la calidad debe entenderse de manera mucho más profunda y estructural. En este espacio, hemos destacado en repetidas ocasiones que la calidad no es solo un atributo de los productos, sino que detrás de ella se esconde un proceso integral, sistémico, integrado por todos los elementos que conforman un Sistema Nacional de Calidad (SNC).
Este enfoque es esencial no solo para garantizar la competitividad de los productos en los mercados locales, sino también para posicionarlos con solidez en los mercados internacionales.
Para que un producto sea aceptado en mercados organizados y regulados, debe cumplir con una serie de requisitos técnicos estipulados en normas nacionales, regionales o internacionales.
Estos requisitos también se contienen manera formal en reglamentos técnicos, y abarcan las características y propiedades de los productos, los procesos involucrados y los métodos de fabricación que deben observarse. De igual manera, las normas establecen las especificaciones para las pruebas y ensayos necesarios, que a su vez pueden aparecer en documentos normativos independientes. Este marco normativo es la columna vertebral que asegura la consistencia y confiabilidad de los productos.
Un componente fundamental del Sistema Nacional de Calidad es la metrología, que no solo abarca las mediciones necesarias para garantizar que los productos cumplan con los estándares exigidos, sino que también asegura que dichas mediciones sean precisas y verificables. Las mediciones deben ser trazables, lo que significa que deben estar vinculadas a patrones metrológicos reconocidos tanto a nivel nacional o regional como internacional. Esta trazabilidad garantiza la confiabilidad y comparabilidad de los resultados en cualquier contexto y en cualquier parte del mundo.
La clave para garantizar la validez y utilidad de las mediciones dentro de un SNC radica en la existencia de un Instituto Nacional de Metrología (INM-Indocal). Este organismo tiene la responsabilidad de custodiar y mantener los patrones de referencia nacionales, asegurando que cada medición esté debidamente respaldada y sea aceptada en cualquier parte del mundo.
Las mediciones que carecen de trazabilidad no solo generan incertidumbre, sino que también pueden traducirse en pérdidas económicas significativas. Sin la precisión adecuada, la credibilidad de los productos y servicios queda comprometida, lo que impacta directamente en su competitividad.
A pesar de los avances respecto a algunas magnitudes físicas, aún persiste en nuestro país la enorme brecha que representan las mediciones no trazables. Ella sigue siendo un obstáculo crítico para la competitividad de nuestros productos, dificultando su aceptación en los mercados extranjeros, y, por ende, limitando su potencial de crecimiento y expansión.
Pero la calidad no se detiene en la normalización ni en las mediciones. Para que un producto logre el reconocimiento que merece, debe ser certificado por entidades competentes. Este proceso de certificación es una garantía de que el producto cumple con los más altos estándares de calidad que corresponden a su clase.
Para que estas certificaciones tengan validez, las entidades encargadas de emitirlas deben estar acreditadas, lo que implica que han sido reconocidas por organismos internacionales que avalan su capacidad técnica, así como el cumplimiento con las normativas pertinentes.











