En la majestuosa película “La Red Social” (The Social Network), un personaje le dice a Mark Zuckerberg “lo que escribes en el Internet está escrito en lapicero, no en lápiz”, recalcando de esta forma el punto de que cuando se realiza una afirmación en este medio, perdurará por siempre.
Esta cita, hecha en una obra que trata sobre una serie de temas de importancia, ha vuelto a la relevancia debido a lo que ha ocurrido en nuestro país durante las últimas dos semanas respecto a supuestos pagos a periodistas, medios independientes, y organizaciones cívicas por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
En cierto modo, los aspectos más importantes respecto al tema del financiamiento de proyectos cívicos y sociales por la USAID han sido desnaturalizadas y desvirtuadas por toda la información falsa que ha sido vertida en los medios respecto al tema. De más está decir que la USAID es una organización con una larga trayectoria de conceder fondos para ayudar al desarrollo de países que lo necesitan, apoyando iniciativas cuya finalidad es la mejoría de la vida de los ciudadanos de otros países.
Lamentablemente, al parecer estamos en una situación política en la cual ciertas personas y grupos en nuestro país celebran el hecho de que se retiren fondos internacionales que se nos conceden sin más expectativas de que sean utilizados de forma diáfana y para los propósitos que fueron destinados.
Si en nuestro país siempre hacen falta fondos para programas públicos y educación ciudadana, ¿cuál es el inconveniente que otros países nos concedan las herramientas para hacerlo? Al contrario, ahora aquellas personas que tienen algún deseo inexplicable de que nuestro país no reciba fondos de ayuda internacional, deciden “escribir en lapicero” una serie de calumnias contra periodistas de larga trayectoria de probidad y seriedad, acusándolos de alguna forma de ser subvencionados por la USAID.
Lo más grande es que algunos de estos acusadores tienen la temeridad de decir que son los periodistas “que deben probar que no recibieron” estos fondos. ¿Exactamente cómo se puede probar una negativa?
Son quienes acusan -sin prueba alguna y a través de meras conjeturas- quienes tienen el fardo de la prueba, de aportar los elementos que demuestren que lo que alegan es cierto. Pero en el fondo, sabemos que estas acusaciones infundadas no tienen ninguna base en la realidad ni en pruebas documentales, sino en el deseo de descalificar a personas cuyo trabajo no les agrada.
Ya estamos viendo como en Europa, la censura previa a los comentarios vertidos en el internet se está tornando como un gran problema; no se trata de esto, un esfuerzo que rechazamos. Pero ciertamente, cuando se realizan calumnias infundadas “escritas en lapicero” contra personas honradas, no queda otro remedio que no sea acudir a las vías jurisdiccionales para resarcir el daño que se ha causado.
Es nuestro deber en un país democrático de apoyar tanto la libertad de expresión, como la buena labor periodística. Pero cuando se abusa del derecho de libre expresión para transmitir calumnias infundadas, las herramientas del sistema jurídico están presentes para ayudar a resarcir este daño, y deben ser utilizadas para estos fines.











