En República Dominicana, las estafas financieras no son un accidente ni una anomalía; son un ciclo que se repite una y otra vez, como una maldición autoimpuesta. Cada cierto tiempo aparece una nueva promesa de riqueza rápida, un nuevo salvador financiero que garantiza multiplicar el dinero de quienes depositen su fe —y su dinero— en él. Y, como si la historia no nos hubiese dado suficientes lecciones, el dominicano vuelve y cae.
Desde la reciente explosión de ATB Football, que ya levanta sospechas por operar bajo un esquema parecido al de una pirámide financiera, hasta casos más conocidos como el de Wilkin García Peguero, alias “Mantequilla”, que se vendió como un genio de la inversión en Sabana Grande de Boyá y terminó desmantelado como el fraude que siempre fue, el patrón es el mismo. Antes fue TelexFree, OneCoin, PayDiamond y más atrás, la tragicomedia de la herencia Rosario, una de las estafas más delirantes de la historia dominicana, donde miles de personas aportaron dinero bajo la creencia de que recibirían una herencia multimillonaria.
La pregunta que nos debemos hacer es: ¿hasta cuándo será? ¿Cuántos más verán sus ahorros desaparecer, mientras los estafadores se esconden detrás de excusas ridículas o simplemente huyen?
Definición
Fernando Trías de Bes define al necio como “aquel que debió saber algo”. En el caso dominicano, podríamos añadir: el que debió saberlo, pero decidió ignorarlo. En nuestro país, ya deberíamos saber que no existen fórmulas mágicas para hacerse rico de la noche a la mañana, pero aún así seguimos tropezando con la misma piedra.
El necio es también aquel que confunde el precio con el valor. Y es exactamente lo que ocurre con estas falsas oportunidades de inversión: la gente no evalúa el valor real del producto o la plataforma, solo ve la rentabilidad aparente. “Si me prometen 10% mensual, es una mejor inversión”, dicen. Sin entender que esa cifra no solo es irreal, sino una bandera roja de un fraude en proceso.
Este comportamiento no es solo ingenuidad. Es el resultado de una combinación peligrosa de avaricia y desesperación. Se cree que la “viveza” es lo que lleva a algunas personas a invertir en estos esquemas. Pero en realidad, lo que se demuestra es lo contrario: una falta total de criterio financiero, alimentado por una cultura de inmediatez que nos hace buscar atajos en lugar de construir riqueza de manera sólida y sostenida.
Lo más preocupante es que estos fraudes no solo afectan a individuos, sino que erosionan la confianza colectiva en el sistema financiero. Cada vez que un dominicano pierde su dinero en una de estas estafas, se aleja más de la banca formal y de las inversiones reguladas, refugiándose en el escepticismo o, peor aún, en el cinismo que dice “todos roban, al menos estos me dieron esperanza”.
La solución está en la regulación y la educación
El problema no es solo que estos esquemas existan, sino que operan sin un verdadero control. La regulación es fundamental, pero también la educación. No basta con sancionar a los estafadores cuando ya han hecho el daño; hay que impedir que estos esquemas ganen tracción desde el principio.
Es momento de que la gente entienda que la única manera segura de invertir es a través de entidades reguladas por la Superintendencia de Bancos y la Superintendencia del Mercado de Valores. Que si algo suena demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea. Que nadie regala dinero, y que la mejor inversión siempre será aquella que ofrece rendimientos razonables y sostenibles en el tiempo.
¿Hasta cuándo será?
La respuesta depende de nosotros. Si seguimos permitiendo que la historia se repita, la culpa ya no será solo de los estafadores, sino de quienes se dejan engañar. Si no aprendemos a distinguir entre el precio y el valor, si seguimos creyendo en atajos mágicos para la riqueza, entonces estos fraudes nunca desaparecerán. Es momento de dejar de ser necios.
Contexto de la nueva promesa dudosa
El protagonista de este escrito es ATB Football, una plataforma de inversión que ha ganado notoriedad en República Dominicana por prometer ganancias diarias de hasta un 4% sobre el capital invertido, utilizando la criptomoneda estable USDT como medio de transacción.
La plataforma afirma generar estas ganancias a través de apuestas deportivas, especialmente en eventos futbolísticos. Sin embargo, múltiples usuarios y expertos han expresado preocupaciones sobre la legitimidad de ATB Football, sugiriendo que podría operar bajo un esquema piramidal o Ponzi. En estos esquemas, las ganancias de los primeros inversores se pagan con el dinero de nuevos participantes, lo que los hace insostenibles a largo plazo.











