La palabra “Nimby” en Estados Unidos es una contracción de lo que denomina el fenómeno “not in my back yard” (no en mi patio), refiriéndose a aquellas personas y grupos que apoyan la construcción y desarrollo de infraestructuras y proyectos, pero no cuando sean cercanos a sus propiedades. En muchos casos, se presenta esta situación con personas que suelen ser aguerridas en ofrecer sus puntos de vista de la necesidad de ciertos proyectos y desarrollos, pero cuando les impactarían, cambian de parecer.
Un ejemplo que siempre ha sido citado en los Estados Unidos fue la propuesta de instalar turbinas aerogeneradorea en la costa de Martha’s Vineyard, una comunidad costeña de altos ingresos en Massachusetts, un estado muy progresista. A pesar de todo esto, los residentes de la isla, incluyendo el ex secretario de estado John Kerry, se opusieron públicamente y de manera estruendosa a la generación de energía limpia pues “afectaría la vista al mar”.
En nuestro país tenemos ejemplos recientes de este fenómeno que nos dan elementos a ponderar. El primero es la reciente decisión -ya retirada- de la Dirección General de Pasaportes (DGP) de mudarse de su anticuada, pequeña y hacinada sede en la avenida George Washington, a un moderno edificio en el centro de la ciudad.
Los residentes en los alrededores de la nueva sede que habría sido propuesta para la DGP se puede decir que viven en una zona privilegiada en Santo Domingo, y suelen ser personas de mayores ingresos. En este caso, a pesar de la evidente necesidad de mejorar las condiciones de infraestructura física de la DGP, primó el argumento de que el edificio propuesto como sede de la DGP era en una zona principalmente residencial, a pesar de que esa calle (la Roberto Pastoriza) está colmada de oficinas y plazas comerciales, así como de consultorios médicos y clínicas.
Es nuestra consideración que la próxima vez que tengamos la necesidad de acudir a la sede actual de la DGP -que no cuenta con suficiente asientos, no hay estacionamientos, se tiene que hacer una fila afuera en el sol, etc.- nos recordemos que hemos sido nosotros como sociedad que dijimos “not in my back yard” a trasladar dicha institución para mejorar las condiciones de atención a los usuarios. Quizás algunos de los que se quejaron por la propuesta de traslado, mañana se quejarán de las pobres condiciones de la actual sede de DGP y lamenten que “no hace nada” para remediar esta situación.
Como sociedad, tenemos que hacer las paces con el hecho de que vivimos en una ciudad congestionada, con poco espacio para crecimiento horizontal. Igualmente, para mejorar los servicios públicos, tenemos que aceptar que las instituciones estatales que más se acercan al público -pensemos no solo en DGP, sino también en la JCE, Migración (permisos de salida), Procuraduría (certificado de no antecedentes), etc.- nos conviene que estén en lugares fácilmente asequibles y cómodos, no lejos del centro ni hacinados.
Siempre será difícil encontrar un balance entre las necesidades de atención al público y el diario vivir en nuestra ciudad, pero tenemos que entender que hay que ceder un poco, para que todos gocemos de mejores servicios públicos.





