En el sector agropecuario dominicano, las mujeres han desempeñado su papel, aunque muchas veces invisibilizado. A lo largo de los años, han sido piezas fundamentales en la producción de alimentos, manejo de pequeñas fincas y comercialización de productos agrícolas. Sin embargo, su participación en la fuerza laboral del sector sigue siendo baja, con limitado acceso a recursos y oportunidades en comparación con los hombres.
Las mujeres rurales, a pesar de su importancia en la producción de alimentos y en la sostenibilidad de la vida en el campo, enfrentan barreras que dificultan su desarrollo. Desde el limitado acceso a la tierra hasta las brechas salariales y la falta de financiamiento.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) las mujeres son responsables de entre el 60% y el 80% de los alimentos que se producen en los países en desarrollo, y el 50% con respecto al resto del mundo. Sin embargo, en República Dominicana, la realidad es distinta.
La directora de la Oficina Sectorial Agropecuaria de la Mujer (OSAM), Yndira Mejía, explica que, aunque el 27.6% de la población dominicana vive en zonas rurales, la participación de las mujeres en la agricultura sigue siendo baja. Su acceso a financiamiento es limitado, la falta de titulación de tierras es un obstáculo y la carga del trabajo no remunerado sigue recayendo sobre ellas.
Las mujeres han conseguido algunos avances, pero las brechas y desigualdades siguen perpetuando su exclusión”, sostiene. Señala que, aunque en términos sociales y políticos la mujer ha conseguido algunos avances aún persisten las brechas y desigualdades que perpetúan y ralentizan los avances de las mujeres productoras agropecuarias.
“La presencia de las mujeres en los espacios de toma de decisiones del sector está muy lejos de la paridad que establece la Constitución dominicana”, dijo. Uno de los mayores problemas es el acceso al crédito.
Aunque las instituciones financieras ofrecen préstamos para el sector agropecuario, muchas mujeres no pueden acceder porque no poseen títulos de propiedad. “El problema no es la oferta de préstamos; es el acceso. Muchas mujeres no pueden financiarse porque no tienen títulos de tierra”, explica.
Financiamiento
El Banco Agrícola reporta que, entre el 16 de agosto de 2020 y el 31 de diciembre de 2024, se otorgaron 23,941 préstamos a mujeres, lo que representa el 21.1% del total de 113,611 préstamos concedidos en ese período. Sin embargo, en términos de montos, se han destinado RD$12,124,388,418 a las féminas, representando el 8.9%, respecto al total acumulado.
Desde la OSAM, Mejía insiste en la necesidad de replantear las normativas del sistema financiero para adaptarlas a la realidad de las productoras agropecuarias. “Modificar las regulaciones del sistema financiero es un trabajo de mediano a largo plazo, por lo que proponemos generar planes y programas específicos para las asociaciones de mujeres productoras agropecuarias”, afirma.
Bernardo Adán de la Cruz, encargado de capacitación y empoderamiento económico de la OSAM, señala que el impacto del acceso equitativo a los recursos productivos sería significativo no solo para las mujeres, sino para toda la economía nacional.
“La FAO decía hace 13 años que si las mujeres tuvieran el mismo acceso que los hombres, la producción agropecuaria aumentaría lo suficiente para alimentar a 150 millones de personas más”, destaca.
El primer Foro Nacional “La Voz de las Mujeres Productoras Agropecuarias”, que consultó a 204 asociaciones en todo el país, identificó cinco problemas clave: débil acceso al crédito, falta de construcción y/o acondicionamiento de caminos vecinales, escasez de agua, falta de acceso a mercados y comercialización y bajo acceso a programas de distribución de tierra y seguimiento agropecuario.
Además, la brecha salarial entre hombres y mujeres sigue siendo marcada. En República Dominicana, la tasa global de participación en la población económicamente activa (PEA) es del 56.8%, pero al desglosarla por género, la disparidad es evidente. El 56% de los hombres participa activamente en la economía, mientras que, en el caso de las mujeres, la cifra es de apenas el 44%.
En las zonas rurales, esta brecha es aún mayor. La OSAM revela que 64.5% de los hombres es económicamente activo, frente al 35.5% de las mujeres, una diferencia de 29 puntos porcentuales. En cuanto al agro, el 93.7% de los agricultores y trabajadores calificados en agropecuaria, foresta y pesca son hombres, mientras que solo el 6.3% son mujeres.
La brecha salarial también es alta. En promedio, las mujeres ganan 18% menos que los hombres. En las zonas rurales, la diferencia es aún mayor. De acuerdo con la institución hasta 2020, las mujeres recibían un 33.3% menos que los hombres, mientras que en las zonas urbanas la brecha era del 23.6%.
Para Juana Ferrer Paredes, coordinadora general de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas (Conamuca), el aporte de las mujeres en el campo va mucho más allá de la producción agrícola. “Nosotras seguimos aportando más del 70% al soporte alimentario de la nación, trabajando en la producción y en la comercialización de los productos que llevan el sustento a nuestras familias”, declara.
Ella resalta la importancia de la organización colectiva, mencionando que en cada rincón del país existen asociaciones, cooperativas y federaciones de mujeres que, a pesar de las dificultades, permiten conocer la realidad y articular propuestas para resolver problemas comunes. Sin embargo, Ferrer también lamenta la falta de una política pública robusta que brinde a las mujeres en el campo la dignidad y los recursos necesarios para vivir y trabajar en condiciones adecuadas.
La migración de jóvenes del campo hacia la ciudad es uno de los síntomas de esta carencia de oportunidades, lo que genera a su vez problemas sociales como el matrimonio infantil o la unión forzada. Para Ferrer, la solución está en generar programas de innovación y acceso a la tierra que permitan a los jóvenes y, en especial, a las mujeres, quedarse en el campo y desarrollar su potencial. Además, enfatiza que el empleo digno y el acceso a crédito son fundamentales para frenar la violencia y la exclusión social.
De acuerdo con datos del Banco Central, en 2014, el sector agropecuario contaba con 408,267 trabajadores, de los cuales solo 27,369 eran mujeres, lo que representaba un 6.7% del total. Sin embargo, en 2015 la participación femenina cayó a 18,298, una reducción de 9,071 mujeres, mientras que la cantidad de hombres solo disminuyó en 43,467.
Para el 2019, previo a la pandemia del covid-19, luego de recuperarse en años previos, su número volvió a reducirse en 6,822, representando apenas el 5.6% del total.
En 2023, la cantidad de mujeres en el agro se redujo a 29,936, y en 2024 cayó a 22,968, lo que significó una pérdida de 6,968 empleos femeninos en un solo año.
Con esta caída, la participación femenina en el agro se redujo al 6.4%. En contraste, la cantidad de hombres apenas varió entre 2023 y 2024.
Resiliencia
Bernardina Hernández, conocida como Doña Mora, es la viva imagen de la lucha y la resiliencia en el sector agropecuario. Su historia, llena de desafíos personales y sacrificios, es un testimonio de la fuerza que caracteriza a muchas mujeres del campo.
Doña Mora incursionó en la agricultura desde muy joven, aprovechando las 100 tareas que heredó de su madre, a pesar de la tragedia que marcó su infancia con la pérdida temprana de familiares y la lucha contra la injusticia para obtener su herencia.
Con el paso del tiempo, logró expandir su producción de arroz, llegando a producir hasta 1,200 sacos de arroz, equivalentes a 150 kilogramos por saco, multiplicando así sus recursos y convirtiéndose en una de las voces respetadas en su sector.
“Vivía en una casita alquilada con mi esposo de esa época pasando calamidad, pero cuando tuve la oportunidad de llegar a esa tierra yo dije ´Dios no ha mandado a los seres humanos a pasar trabajo´. Él dice que para eso es la mente, para buscar ideas y satisfacer su necesidad”, relata con orgullo.
Doña Mora también es una voz crítica frente a las políticas que afectan a los pequeños productores. “Lo que más nos molesta es que quienes gobiernan no escuchan al pueblo. Necesitamos que se faciliten los procesos para acceder a la tierra y al crédito”, advierte con una mezcla de rabia y esperanza.
La historia de Rosanna Nin en GL Sila Export contrasta con la de Doña Mora, mostrando el otro extremo del espectro agropecuario dominicano. Ingeniera industrial y fundadora de GL Sila Export, Rosanna supo identificar la oportunidad de modernizar la agroexportación dominicana mediante la incorporación de tecnología y sostenibilidad.
“La idea nació de mi espíritu emprendedor y de mi pasión por la innovación. Quería demostrar que la agroindustria puede ser moderna, eficiente y, sobre todo, inclusiva”, explica.
En GL Sila Export, la tecnología se une a la agricultura renovable para optimizar la producción y garantizar productos de alta calidad. La empresa exporta aguacates a mercados internacionales, llegando a comercializar hasta 60 toneladas semanales en destinos tan exigentes como Estados Unidos y Europa.
Pero más allá de los números, Rosanna se enorgullece de que más del 80% de su plantilla son mujeres, y cerca del 40% ocupan roles de liderazgo. “Cuando una mujer avanza, toda una comunidad se fortalece. Mi meta es abrir caminos para que más mujeres se sientan seguras de emprender en el agro”, afirma.
Narra que, si bien las oportunidades en agro han mejorado, muchas aún trabajan sin reconocimiento y con acceso limitado a crédito o tierras. “Hay que llevar estos programas más al fondo, llegar a las mujeres del campo que aún no tienen acceso a estas herramientas. Facilitar su participación en formación técnica, gestión agrícola y sostenibilidad les daría mayores oportunidades para fortalecer sus proyectos”, explica.
Salarios
De acuerdo con la OSAM las mujeres ganan 18% menos que los hombres. Por el mismo trabajo una mujer gana RD$82 frente a los RD$100 que gana un hombre. Por zonas geográficas, esta brecha se amplía en las zonas rurales. Hasta 2020 la mujer recibía un 33.3% menos que los hombres, mientras en las zonas urbanas era un 23.6% menos.
La institución lamenta que la pobreza tenga rostro de mujer, ya que, por cada 100 hombres pobres existen 137.7 mujeres en la misma condición, lo que genera baja autonomía económica en términos de ingresos, participación en el mercado laboral, desempleo y cobertura de la seguridad social, propiedad de la tierra y dependencia y baja autonomía física, que incluyen mortalidad materna y embarazos en adolescentes.









