En una de las frecuentes reuniones con Hugo Rivera Santana durante aquel decisivo año de 2005, el reconocido técnico me honró entregándome un documento titulado: “Resumen de una Gestión: octubre 1996-agosto 2000”. Este documento fue mi primera aproximación formal al concepto de Sistema Nacional de Calidad o Infraestructura de Calidad, que es como se conoce ahora y que marcaría el inicio de una nueva etapa en mi trayectoria profesional y técnica.
Sorprendido pude constatar que ese sistema constituía la visión de la Digenor en la gestión de Hugo Rivera. Veamos lo que escribió en el punto 2 de la página 3 del valioso documento.
“Una visión está conformada por elementos que siempre son la base de la mejora continua de una empresa. Lo lógico, lo que se espera, es que la propia visión genere una espiral que conduzca, gradiente a gradiente, a una dinámica de mejora incesante en todos los órdenes de una organización. Y, si eso es verdad a nivel de una entidad finita como es una empresa, mucho más lo es a nivel de una entidad mayor como lo es el país. Para mantener el ritmo de desarrollo de un país, una vez que se descubre el secreto de cómo lograrlo, se necesitan instrumentos que hagan menos dependiente de factores exógenos la velocidad alcanzada, solidificando las fortalezas y minimizando las debilidades”.
A continuación afirmaba: “Tres instrumentos son claves: Sistema de Innovación y Tecnología, Sistema de Capacitación y el Sistema Nacional de Calidad…de los tres en el que más podemos y debemos colaborar es en el…de calidad que justamente es una de las tareas de la Digenor. Esta deberá establecer las bases para la gestión y desarrollo del aseguramiento de la calidad en las empresas, paralelo al control de la calidad, así como de la evaluación de la conformidad y la metrología. Asimismo promoverá y establecerá mecanismos para que puedan incorporar normas internacionales en sus procesos, al presentar y fomentar calidad y sistemas como parte de verdaderas estrategias gerenciales”.
Esta fue la parte de sus memorias que más llamó mi atención, quizá porque, en realidad, era la que en esos momentos menos entendía. Hugo, teniendo conocimiento de la gravedad de su enfermedad, quiso por alguna razón dejarme de regalo la versión original de sus memorias. Fue una manera de comprometerme gentilmente con su correcta visión de los temas que manejaba la Digenor. Así fue: sembró en mi la pasión por calidad y, junto a otros admirables técnicos y profesionales soñadores, logramos lo impensable: la promulgación en 2012 de la ley que crea el sistema hábilmente garabateado en el papel por Hugo Rivera en 2005.











