La implementación de sistemas de riego tecnificado está cambiando el rostro del campo dominicano. Más allá del agua, esta tecnología está llevando progreso, aumentando la productividad agrícola, generando empleo especializado, atrayendo inversiones y contribuyendo a frenar el éxodo rural. Así lo afirmó Claudio Caamaño Vélez, director ejecutivo del programa de Tecnificación Nacional de Riego, quien sostiene que esta herramienta se ha convertido en un catalizador del desarrollo económico en las zonas agrícolas del país.
“La agricultura se vuelve más rentable, menos dura y más atractiva, especialmente para jóvenes y mujeres”, expresó Caamaño. Esta nueva dinámica ha impulsado la permanencia en las comunidades rurales y, en algunos casos, el retorno de quienes habían migrado a las ciudades.
Este impacto es visible en comunidades como Constanza, Rancho Arriba y Ocoa, donde los sistemas de riego presurizado y por goteo han generado empleos especializados y dinamizado la economía local. “Cuando el productor gana más, ese dinero se queda en la comunidad. Se mueve el comercio, mejora la calidad de vida y se rompe el círculo de pobreza que históricamente ha afectado al campo”, señaló.
El riego tecnificado no solo reduce la dependencia de la lluvia, sino que permite un uso más eficiente de los recursos. Con técnicas como el fertirriego, se aplican fertilizantes de manera precisa, reduciendo costos de insumos y mano de obra. Pero el verdadero cambio está en la productividad: en muchos casos, los rendimientos por hectárea se han duplicado o triplicado, permitiendo el acceso a mercados más exigentes y mejor pagados.
“Ya no se trata solo de sembrar y cosechar; ahora se trata de competir en una economía global”, indicó Caamaño. Productos como el aguacate, mango, tabaco y banano han ganado terreno en la oferta exportable del país gracias al riego moderno, que garantiza estabilidad y calidad en los cultivos.
Esta transformación ha propiciado la instalación de agroindustrias cercanas a las zonas productivas. En el caso del mango, se han establecido empacadoras y plantas de deshidratación. Lo mismo ha ocurrido con el aguacate, que ahora se procesa para elaborar guacamole y aceite, mientras que el tabaco ha fortalecido su cadena de valor con mayor industrialización.
La representante del Banco Mundial, Alexandria Valerio, sostuvo que invertir en tecnificación tiene potencial para el desarrollo económico del país, al aumentar la productividad agrícola, mejorar los ingresos de los agricultores y apoyar el desarrollo rural. No obstante, advirtió que estas inversiones deben ir acompañadas de un marco institucional adecuado, acceso a crédito, asistencia técnica y mejoras en la infraestructura hídrica.
En ese sentido, el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD, Antonio Ciriaco Cruz, destacó que un uso más eficiente del agua puede aumentar la producción. “Por cada 1% de mejora en la eficiencia del uso del agua, la producción puede incrementarse hasta en un 3.8%”, dijo, lo que implica un impacto casi tres veces mayor.
Cruz enfatizó que, aunque existen técnicas agrícolas que prescinden del suelo o de la luz solar, como la hidroponía y la iluminación led, “la agricultura sin agua es inviable”. Añadió que el agua es un elemento clave para mejorar y tecnificar el sistema productivo, y que se debe trabajar en su uso racional y estratégico.
El economista también subrayó el caso del arroz, que se cultiva en 21 provincias y depende casi exclusivamente del riego. “Sin tecnificación, este uso intensivo del agua genera grandes ineficiencias que debemos atender con urgencia”, apuntó.
Oportunidades
De acuerdo con Caamaño, la expansión del riego tecnificado está generando una nueva demanda laboral en zonas rurales, no solo en la instalación de sistemas, sino también en su operación, mantenimiento y gestión técnica.
Se requieren agrónomos, técnicos hidráulicos, electricistas, analistas de suelos y agua, topógrafos, instaladores de paneles solares, especialistas en bombas de agua y asesores en manejo agronómico. Esta diversificación del empleo contribuye a una mayor formalización del trabajo agrícola y mejora las condiciones laborales en el campo.
A su vez, el acceso a tecnologías modernas ha promovido la profesionalización del sector agrícola, facilitando la adopción de prácticas más sostenibles y resilientes frente al cambio climático. Uno de los efectos, según Caamaño, es que el riego tecnificado facilita la integración de los productores en mercados formales.
“Garantizar una producción estable y de calidad permite establecer contratos con agroindustrias, supermercados y exportadores”, señaló. Esto mejora su capacidad crediticia y promueve la bancarización.
El uso compartido de sistemas de riego también ha fomentado la organización de cooperativas, que contratan técnicos, compran insumos en conjunto o negocian mejores precios de venta. Aunque la colectivización aún enfrenta resistencias culturales, Caamaño considera que “el riego puede ser una puerta de entrada para un cambio cultural en la agricultura dominicana”.
El programa dominicano ha tomado como referencia experiencias de países como Chile, México y Perú. En Chile, la Comisión Nacional de Riego ha tecnificado más de 800,000 hectáreas en cinco décadas, garantizando seguridad alimentaria pese a una sequía de 20 años. Esta política también ha diversificado su economía, convirtiéndolo en una potencia agroexportadora.
México y Perú han seguido caminos similares, demostrando que el riego tecnificado es clave para el desarrollo rural, la seguridad alimentaria y la competitividad internacional.
Financiamiento limitado
Pese a los beneficios, la expansión del riego tecnificado enfrenta desafíos, principalmente en términos de acceso al financiamiento. La instalación de estos sistemas requiere una inversión inicial significativa, que muchos pequeños y medianos productores no pueden cubrir. A esto se suma que la mayoría de los terrenos agrícolas en el país no tienen títulos de propiedad, lo que limita su uso como garantía para acceder a crédito.
“El objetivo es democratizar el acceso al riego tecnificado, que no sea una herramienta exclusiva de grandes agroempresas, sino que beneficie a toda la cadena productiva”, dijo Caamaño.












